Una barca pequeña. en ella cuatro mujeres y un hombre recio, fuerte… es don Gustavo va rumbo a ” El Pirul” un rancho de su propiedad, al contemplar el arroyo es casi imposible creer a no ser por el testimonio gráfico que en el pasado alguna lancha haya sido acogida por su cauce, hoy su lecho ha sido pavimentado y los páisajes de frondas en sus peñas han desaparecido.
Fausta la madre, Damiana, Armantina y Raquel, disfrtan el paseo, Esther la mayor se ha quedado con Mamá Lolita, abuela materna quien la acompañará en su castigo hasta que los papás regresen, la dejaron atada a la mesa por ” pata de perro” así se denomina a las personas que todo el día se la pasan en la calle o visitando parientes, amigos o simplemente de turistas en su propio entorno. Llegó tarde y corriendo como siempre, por andar con su amiga Lucha Zamora.
Don Gustavo se ha ganado el don como un don por su carisma, por su voluntad para apoyar los pobres, el nació pobre, de madre indígena y de padre europeo, en su natal Macustepetla le ha construido una casa a Mamá Lola, las hijas le dicen mamá Lola a su madre y mamá Lolita a la suegra, las dos se llaman Dolores, como si quisieran con sus nombres y su recuerdo hacernos llegar una época de sufrimiento y de limitaciones para el sexo femenino.
Mamá Lola, es de rasgos finos propios de la raza huasteca, tuvo tres hijos: Gustavo, Evelio y Adelina, dicen que don Gustavo era moreno del color del barro con que se elaboran los oyules, del comal fabricado con lágrimas, del cedro barnizado… Evelio tenía rasgos semitas y la tia Adelina una blancura extraña, mezcla del mestizaje y del amor que un día acabaría por razones naturales.
Francisco Salguero, llegado del Viejo Mundo a uno Nuevo, donde la belleza de Dolores, masticó con fuerza su espíritu despojándolo del prejuicio momentáneo, dicen que hubo más hijos …más amores.
Francisco Salguero, encontró a su llegada la fresca sonrisa de Lola, después poco a poco descubriría los abismos culturales, no había punto de entendimiento del hombre culto con quien solo sabía expresarse, y al final la lejanía, como el universo que derramó su vía láctea unas pocas veces sobre el fértil vientre de Lola y le hizo florecer y extender sus frondas.
Don Gustavo, vió la realidad; para poder mantener a la madre y hermanos, cargaba sobre su espalda sobre la cual colocaba una silla a los enfermos, ( y una que otra pudiente) mismos que transportaba a pie desde Huejutla a Macustepetla y viceversa, poseedor de una privilegiada inteligencia, don Gustavo observaba a los enfermos, analizaba síntomas y diagnosticaba con tanto acierto, que los enfermos que acudían a Tampico, estado de Tamaulipas , sabían de hecho su enfermedad. Su espalda llena de llagas era curada por las manecitas mágicas de Mamá Lola…. continuará