Con Marcas En El Cuerpo
Septiembre 3rd, 2010 by susanafragassi![]()
Jovencitas que reemplazan la otrora añorada fiesta de quince por una cirugía estética –casi siempre- absurda, los sin fin de tatuajes que hacen impronta en cualquier sector del mapa corporal solamente por el goce decorativo, los aros que perforan diversas superficies anatómicas en tamaños, ubicación y cantidades según la imaginación del usuario o el realizador, varones que en pro a su elección sexual –absolutamente válida- travisten su cuerpos agregando siliconas por doquier –muchas veces sin el mínimo control médico- y como broche de oro, es la posibilidad de acelerar el tiempo de gestación, realizando cesáreas prematuras para evitar el crecimiento excesivo de la panza –lo que antes fuera un orgullo para las mujeres- sorteando de este modo las consecuencias nefastas del forzoso engrosamiento y posterior adelgazamiento.
Además del fenómeno de la moda, lo que inconscientemente produce una suerte de identificaciones y contagio, la pregunta inevitable es ¿estamos en presencia de patologías propias de la época?, subrayando el doble discurso que implica al sujeto, en tanto circulan simultáneamente ideales de belleza y placer a la vez, que se cruzan con el displacer ineludible, mediante dolor, riesgos, padecimientos de todo tipo, incluso, económicos.
Resultando que en la búsqueda irrefrenable de una belleza ideal, consensuada, se consiente cualquier desbarajuste que modifique permanentemente al cuerpo o altere el ciclo de la naturaleza, abarcando no solo la individualidad sino la descendencia, atravesando la moral y/o la ética de los individuos y de la sociedad.
Se puede abordar esta temática desde distintos ángulos, entre ellos el lugar que otorga nuestra sociedad a la imagen, ideal que supera a la belleza como parámetro cultural, el espacio del psiquismo y la palabra (lo que acontece puede interpretarse como un pasaje al acto de alguna situación conflictiva que podría resolver mediante el esfuerzo y/o la palabra), lo que ocurre con las esperas y la inmediatez, la cuestion de si el cuerpo en sentido estricto es tomado como sujeto u objeto y en tal caso, por qué, por quien y/o para quien o quienes se realizan o cual es el límite para estas intervenciones corporales desde lo real.
Estas marcas corporales que en otra época representaba un signo de pertenencia grupal o sectorial –tribus, piratas etc.- parece haberse extendido en la actualidad a macros grupos de in diferenciación, siendo que borran divergencias entre lo masculino y lo femenino, entre el objeto librado a su suerte y el sujeto capaz de elegir, tal como versaba un afiche publicitario en que alguien ELIGE NO TATUARSE devolviendo la alternativa a la persona en cuestión..
Ahora bien, teniendo en cuenta los avatares del yo, en especial su característica singular y que es principalmente corporal -el niño arma su yo a partir de la imagen integrada que le devuelve el espejo- , me preguntaba, ¿qué lugar tienen estas improntas?, ¿si unifican o fragmentan? o en tal caso ¿si son distintivos individuales o si operan como uniformes masivos?.
Si bien cada sujeto podrá articular estas conductas con su propia historia, en una lectura general parecen que estas acciones intentan volver a poner al cuerpo como objeto de amor, como una especie de retorno del narcisismo “el sujeto comienza tomándose a si mismo, a su propio cuerpo, como objeto de amor”, o tal vez, -pérdidas y decepciones de por medio- una manifestación del narcisismo secundario ya que “designa una vuelta sobre el yo de la libido, retirada de sus catexias objetales” S. Freud, lo que pone en cuestión es la posibilidad o imposibilidad de que se produzcan relaciones objetales satisfactorias en la sociedad actual.
La piel, el órgano que cubre toda nuestra persona, que opera como límite indiscutible entre el yo y el mundo exterior, espacio dedicado al contacto, la comunicación, el amor, la relación con los otros, se marca poniendo una barrera, una protección, una defensa….
Paradójicamente uno de los signos más distintivos de nuestra sociedad, es sobre seguro el acceso a la comunicación, siendo que a lo largo de la historia, nunca han existido tantos recursos técnicos como en el presente, sin embargo nos vemos abatidos por estas sintomatologías, esta vuelta al propio cuerpo, para marcarlo, para imprimirlo, para sellarlo, generando una brecha, quizás insalvable, en las relaciones ínter subjetivas, en genuinos contactos con los demás.
