Another poem…
Octubre 1st, 2007password to enter is: esperanza
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He aquí información importante para aquellos que quieran saber lo básico sobre el acné.
Cuando hablo de verdades de la vida, realmente me estoy refiriendo a aquellas motivaciones -que son verdaderas, en el sentido intenso de la palabra, por supuesto- que nos mueven el mundo, programan nuestra vida y nos rigen como una “super meta” a lograr. Algunos lo llaman propósito de exisitir, yo lo expreso como verdad.
¿Tienes tú una verdad?, ¿cuál es esa verdad? La mía es la búsqueda de la sabiduría, como una simbología de lo que realmente significa la búsqueda de la correcta dirección en mi vida. Claro, esto de la dirección de una vida involucra muchos aspectos: toma de decisiones, acciones y reacciones, etc., y es eso precisamente lo que envuelve mi verdad -que también se llama propósito, aquello que me permita la guía sin titubeos ni desvíos, a lo largo del trayecto de mi corta existencia.
Vulevo y pregunto: ¿tienes tú una verdad? Déjale saber a los lectores tu verdad, aprende de los propósitos de los demás y opina sobre ellos.
A caprichos por los que la vida desea imponerse, conoció José de su tan afamado juguetito, sueño de principiantes, de aspirantes al físico ideal. Aunque acogiendo los resultados, pero no las consecuencias de ellos, por su niñez a flor de piel, fue precaución bien recibida la correcta duda, que no fue bien satisfecha (mentiras y más mentiras), asimismo como no fue bien el desaparecerla sin respuesta. ¡Qué maravilla!, ¡Qué maravilla de juguete! Tan pequeño y manejable, tan fuerte y eficiente; lleno tanto de futuro mejor, de placeres venideros y autoconceptos imponentes. Era la visión del ciego, el paraíso del ingenuo, la playa del atardecer perfecto. Fue fantasía para el somnoliento. El aparato tonificó sus músculos diminutos de niño muy bien, despertando factiblemente las expectativas de José para continuar su uso. Los días, las semanas, las veces que lo usó aumentaban, junto todo con la alegría, el ánimo y el autoconcepto. Pronto se volvió una obsesión. ¡No señor!, no es suficiente para un jovencito imprudente, hay que buscar más. Pronto los músculos de José eran muchos para el pequeño juguetito, así que la aventura tenía que avanzar un paso más: el gimnasio. A la corta edad de 15 años, pareciera una idea de dudosa expectativa, según las que él tenía; pero no importó, continuó su camino.¡OH, pero qué caprichosa que es la condenada vida! Ya no es lo mismo, no es igual. Los músculos no responden, el cuerpo duele mucho, y para colmo, a la par de aquellos mastodontes, nuestro pequeño era como un insecto. Era un insecto que quería cuerpo de león. Las semanas pasaban volando tan lentas, mientras que el cuerpo era todavía más paulatino para fortalecerse. No obstante, no está todo perdido: José recuerda sus viejos esteroides, usados unos pocos meses atrás durante su entrenamiento casero -si es que se le puede llamar entrenamiento a eso. Obtiene, a moderado precio, una dotación de creatinas y anabólicos para su uso; mas no pudo obtener la correcta instrucción para ello. ¡Pobrecillo! Está perdido, como cordero ciego entre lobos. Las drogas -porque de hecho eso llegan a ser al final, drogas- dieron resultados dramáticamente satisfactorios, sobre todo en la fuerza. ¿Cómo era posible que un adolescente, y tan débil físicamente, pudiera ser capaz de levantar tanto peso? Un misterio que sólo tenía respuesta en los esteroides anabolizantes. ¡Maravillosos quince años!, mejores que aquellos de la quinceañera más bella y feliz que pudiese existir. El tiempo transcurría aún lento, al paso de las tortugas y los caracoles; sin embargo, el cuerpo siempre fue más lento… ¡AH!, pero las pastillas siempre están allí para solucionarlo todo. Pronto la dosis de anabólicos y creatinas, y ahora agregado a la lista, aminoácidos, se salió de control, terminando en una desorganización y exageración total. El tiempo y la lentitud del cuerpo nunca cambiaron. Con el progresivo pasar de los meses y el “regresivo” estado físico del cuerpo de José, con rapidez se aburrió éste de sus entrenamientos, y al descubrir una faceta externa de su ser, de su aspecto y de su vida, raudo se olvidó en gran medida de su obsesión por el desarrollo de su musculatura. A sus 16 años había, aparentemente, renunciado a su deseo de ser corpulento. El infierno estaba cerca. El fuego de los días soleados estaba próximo, y el por qué honrar a los padres extiende la vida sobre la tierra también. Seis meses después de suspender los entrenamientos y las drogas, los efectos colaterales de las sustancias le pesaron al cuerpo del ingenuo adolescente, aspirante a corpulento. Algunos efectos secundarios de los esteroides anabolizantes en adolescentes son: § Aumento del deseo sexual§ aparición de acné§ aumento del tamaño de la próstata§ acortamiento del desarrollo (baja estatura)§ posible esterilidad§ en las niñas solamente, desarrollo de caracteres físicos masculinos como la voz y el vello corporal, y suspensión temporal o permanente de la menstruación El pobre José, víctima de las tretas de una vida que ha querido reformarle el carácter, ignorante chiquillo engañado por su propia vanidad. Su deseo de perfección, su búsqueda de belleza le llevó más lejos de ella de lo que parece. ¡Irónico! El acné fue lo primero que atacó, lo más mortífero y pesado que hubiese podido imaginar cualquier lindo. ¡JA!, la mala racha de infierno revestida estaba sólo que iniciaba, pues los años venideros serían la cadena y grillete más pesados, el suplicio más temido, el deseo que nunca nadie sentiría para un enemigo. Ahora las calles parecen más largas, más solitarias y mucho más; los días más largos, pesados como rocas de montañas; las horas más dolorosas, mucho muy dolorosas; toda sonrisa falsa, opaca y fea. El despertar una tortura se volvió, el acostarse un descanso en deseo de morir. Con órganos sexuales de menor tamaño que el normal, una estatura baja y desarrollo de musculatura acortado, consiguió hundirse en la mediocridad en lugar de elevarse por encima de los demás. El suplicio es sólo la puerta de entrada a una vida de remordimientos, frustraciones y humillaciones que le ha dejado las secuelas permanentes de sus malas decisiones. Es un infierno que yace tatuado en su piel, moldeado alrededor de su cuerpo y presente en el espejo de hoy y mañana, para siempre, hasta su último día, o hasta que Dios se apiade y le libere de su pena. Es la consecuencia inevitable del adolescente que se aventura con esteroides anabolizantes. No hay nada que hacer para que en un adolescente o un niño las penas no existan o sean diferentes. Hay una edad para todo, y con seguridad, el entrenamiento del físico no está ubicado en la edad de pubertad y adolescencia. Abuso de esteroides anabolizantes
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