10 - REFLEXIONES
Septiembre 19th, 2007Generalmente los seres humanos tenemos tendencias subjetivas, desde la persona analfabeta hasta el más letrado, (discúlpeme usted estimado lector, pero así es). Debido a esa subjetividad tenemos desilusiones y desencantos al ver que nuestra tendencia está equivocada y esto nos deprime emocionalmente, aunque no lo queramos reconocer. Si practicáramos siempre la objetividad no nos desilusionaríamos, viviríamos la felicidad verdadera.
Durante mi experiencia de la vida, de casi sesenta años, he encontrado muy pocas personas que digan espontáneamente: “me equivoque” y digo espontáneamente porque muchas personas si lo reconocen, pero después que han sido cuestionadas o después que se les ha comprobado lo contrario.
Esto no significa que los seres humanos seamos la peor estirpe de la creación, es simplemente la naturaleza del ser humano. Y es que nos cuesta mucho reconocer que algunas veces nos equivocamos y nos es muy difícil el tener que rectificar. No nos gusta reconocer que de repente las ideas de nuestros “competidores” son tan buenas o mejores que las nuestras.
El problema es muy sencillo, pero también es más complicado de lo que creemos. Y esta paradoja es posible por lo siguiente:
Es sencillo si hacemos que sea nuestra voluntad la que gobierne nuestra mente, nuestros instintos y nuestros egos, con ellos convivimos y permanentemente los cargamos y los alimentamos cada vez que tenemos la oportunidad, desde el día que nacimos nuestra madre empezó a alimentarnos el ego al darnos una palmadita y decirnos: “eres el más lindo de todos los bebes”… y nosotros lo creímos.
Es complicado si tenemos en cuenta los intríngulis de nuestra mente y nuestras emociones.
De todas formas se trata de encontrar las técnicas que sirvan a cada uno de nosotros para tener un conocimiento de “nuestro ser interior” y de esa forma nuestras acciones y sus consecuencias las podremos manejar desde un punto de vista objetivo.
Debemos reconocernos a nosotros mismos la clase de análisis y conclusiones que hacemos, los cuales generalmente son sesgados, ya sea por nuestro intelecto, por nuestras creencias, por nuestras emociones o por nuestro razonamiento.
Pero es tan difícil ese reconocimiento que si otra persona nos lo llega a insinuar, nos sentimos ofendidos y si esa persona es nuestra amiga, es posible que disgustemos con ella. Analicemos algunos aspectos de nuestro entorno diario:
En estos días ha sido noticia el que tropas de Estados Unidos han violado flagrantemente los derechos humanos de los presos o rehenes que han capturado en Irak y el gobierno norteamericano, por medio de sus voceros autorizados ha dicho que son casos aislados y que los responsables serán sancionados de acuerdo a la ley.
En Colombia suceden también de vez en cuando “casos aislados” de violación de los derechos humanos por parte de las autoridades estatales y de algunos otros grupos, pero se tilda y se castiga al país por violador de los derechos humanos, sin discriminar o tener en cuenta que son casos aislados. Eso es ver la “paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio”. Un caso típico nuestro que lo sufre todo aquel que pretenda viajar a otro país, especialmente a Estados Unidos. Al llegar a su destino, se nos trata como a delincuentes, haciendo uso de la premisa de que todos los colombianos somos narcotraficantes, hasta que probemos lo contrario. Todos sabemos que los narcotraficantes son relativamente pocos y que lo hacen debido especialmente a que en ese país hay muchos drogadictos (consumidores de narcóticos).
Lo que pasa es que a nadie, entiéndame bien señor lector o señora lectora, a nadie le gusta que le digan que está equivocado. Al contrario en vez de reconocer la equivocación lo que hacemos es armarnos para defender esa equivocación.
Otro ejemplo bien claro es el tema de la religión y de Dios. Cada tendencia religiosa y cada creyente de cada tendencia religiosa defiende ardorosamente y con argumentos valederos y bien intencionados, que su teoría es la verdadera, que su religión es la verdadera y que su Dios es el verdadero.
Se nos está complicando la cosa y tal vez usted ya se haya “salido de casillas” conmigo por no estar de acuerdo, le pido el favor a usted, que esta leyendo, que tenga tolerancia con estos comentarios y termine de leer, de pronto al finalizar estará de acuerdo conmigo en algunos de los postulados. Pero es por eso mismo, repaso: por nuestras creencias, por nuestro razonamiento, por nuestro ego.
He estudiado la historia del hombre, su pensamiento y filosofía y he llegado a la conclusión que la mejor religión es la suya (hablo al lector o la lectora, si, a usted), esto es fácil de explicar: para el mahometano, la mejor religión es el Islam, para el cristiano, la mejor religión es el Cristianismo, para el budista la mejor religión es el Budismo, etc. etc. etc.
Y esa mejor religión, para cada uno es la verdadera religión. ¡Ah! Para el ateo, la mejor religión es el ateismo. Es decir que la religión que cada uno profesamos, llámese como se llame es tan buena como las que no profesamos.
Y es que todas las religiones de una u otra forma van al mismo punto, es decir Dios, o como usted lo llame: “Ala”, “Ishvara”, “Jehová”, etc., es el mismo Dios con diferentes nombres. Porque (y en eso están de acuerdo todas las religiones), Creador solo hay uno.
De esta manera podemos subsanar una primera gran diferencia con los demás seres humanos, si entendemos que Dios solo hay uno, el cual recibe diferentes nombres de acuerdo a cada religión.
Volvamos a nuestro tema de la objetividad, ¿Cómo lograr que siempre seamos objetivos, con nosotros mismos, tanto como con todas las demás personas?
No juzguemos ni prejuzguemos. La mayoría de las veces nos cuentan algo de cualquier persona y por nuestra cuenta lo adornamos y le agregamos algo mas, ya sea para que valga la pena el “chisme” y adquiera la capacidad de asombrar a quien lo escuche; o para hacer más daño de lo que haría si lo dejáramos como lo escuchamos originalmente. Tengamos en cuenta cuando juzgamos a alguien que lo podemos estar destruyendo, debemos a cambio tratar con mucho amor a la persona que juzgaríamos y pensar que no importa o por lo menos a nosotros no debe importarnos que esa persona actúe de la manera en que actuó. Que nos importa que las personas hagan lo que hacen?.
Aceptemos las personas como son, (y esto es parte de la verdadera felicidad), mire, uno siempre tiene por lo menos dos alternativas, veamos el ejemplo de una señora cuyo esposo la ofende verbal y físicamente en todo momento; la señora obviamente vive amargada, renegando a toda hora de su marido y soportando todo lo que él le hace, solo vive en un sacrificio permanente por sus hijos o por su estabilidad económica, o por lo que sea, aguanta y aguanta y solo vive murmurando de su marido, pero ella siempre tiene dos alternativas como mínimo: la primera es aguantarse y someterse, en cuyo caso no debería renegar, sino aceptar a su marido así como es él, aceptando el maltrato y las ofensas. La segunda alternativa es separarse de su marido y cortar completamente esa relación que tanto daño le hace. Porque ella nunca podrá cambiar a su marido, el cambio tiene que partir de ella, aceptarlo como él es o separarse.
Desarrollemos tolerancia en alto grado, tanto con las personas que están junto a nosotros como con todas las demás personas. (La excepción es que las personas nos hagan daño, en cuyo caso lo mejor seria poner distancia con esas personas). Y esta tolerancia está enlazada con el aceptar a las personas como son. Al desarrollar esta tolerancia vamos a ser mucho más felices.