La deshumanización de ciertos médicos

Diciembre 6th, 2007

En el año 2001, a comienzo del siglo XXI donde la complejidad de la cibernética, la tecnología y la ciencia, etc., etc. han avanzado a pasos agigantados, aparentemente para mejorar nuestra calidad de vida, me pregunto: ¿Dónde queda posicionado el ser humano frente a estos logros? ; ¿Y las relaciones entre unos y otros? Específicamente con respecto a los profesionales de la salud con sus pacientes.
Los médicos que supuestamente han desarrollado el intelecto, beneficiándose con una formación especial y enriquecedora, se diferencian de todas aquellas personas que no han elegido esa profesión, pues no han tenido la posibilidad de hacerlo o de estudiar una carrera universitaria. Pero eso no significa la obligatoriedad de construir una relación asimétrica, omnipotente, con el otro. Que puede ser su paciente, los familiares del mismo o simplemente allegados. Esta conclusión deriva de un hecho paradójico que me sucedió al respecto. Ser testigo presencial del maltrato, que incluyo en la mala praxis de un médico oncólogo, de unos treinta y pico de años, frente a su paciente, una mujer de setenta años perfectamente lúcida, familiar directo mío.
Todo comenzó cuando en un hospital público, especializado en vías respiratorias, mi hermana se realizó un chequeo de rutina anual y la sorprendió un diagnóstico dramático. Un tumor en el pulmón con ramificaciones en las suprarrenales. La médica que la atendía era amiga de la familia. Entonces le presentó a un colega, investigador en oncología. Quien le propuso hacer un tratamiento gratuito, de experimentación de una nueva droga, en un sanatorio cinco estrellas. La evaluación era seguida por análisis periódicos. Esto le dio una perspectiva de optimismo sobre la reversión del cuadro. El procedimiento se inició en mayo. Al principio ella se veía más repuesta. Todos habíamos alimentado una esperanza, pero lamentablemente sólo fue una ilusión. Los análisis no devolvieron el mismo resultado y el seis de enero del 2002, el mismo especialista, después de haberle hecho conjuntamente el procedimiento de una serie de medicación por boca más una serie de quimioterapia, le dijo: “el tratamiento fracasó”. Como familiar ante esas palabras, solo atiné a abrazarla. Sin sospechar que lo peor vendría después. En otro momento de la misma charla, mi hermana preguntó, dígame Dr. ¿Qué tengo tomado? -Refiriéndose a la metástasis-. Más allá que el paciente quiera saber la verdad sobre su enfermedad y sobre su cuerpo, conjuntamente con su derecho a saberla, está el de ser contenido, cuando se le informa un diagnóstico actualizado tan cruel. “El doctor comenzó a enumerar los diversos órganos afectados. Nosotras sabíamos los resultados de los primeros estudios, pero ella necesitaba saber dónde estaba parada. El facultativo sin ningún reparo comenzó a enumerar una lista de esas partes del cuerpo afectadas. Indolente e impávido, con un tono indiferente. Como si se tratara del relato de elementos inertes, como si frente a él no estuviera un ser humano, un semejante, un prójimo,… Además, ella inquirió: ¿y ahora cómo sigue todo? El le manifestó que no podía atenderla más y le extendió la derivación a la obra social que le correspondía. En su desesperación ella seguía insistiendo. La pregunta era, ¿cómo, me va a dejar así? El profesional le dijo que no se preocupara que ella podría consultarlo en el hospital público y que debería seguir con las sesiones de quimioterapia. Pero que, principalmente, se atuviera a las indicaciones del médico de cabecera de su obra social. Más allá de que haya sido una experimentación y fuera avisado. Se hacía con un ser humano. Quiere decir que si la misma hubiera prosperado se hubieran quedado acompañando al paciente, por el rédito que se recibiría. Entonces ¿cuál es la responsabilidad del sanatorio, del médico y del laboratorio que hacen estas pruebas? ¿Cuál es la autoridad máxima que fiscaliza este tipo de propuestas de tratamientos?
Hoy yo me pregunto y si ¿al especialista se le propusiera un cambio de roles? ¿Y el fuera el paciente? ¿Qué sentiría al respecto?
Después de atravesar esta experiencia, ¿volvería a tratar a su paciente de la misma forma?
Ciertos médicos son incapaces de acompañar al paciente terminal hasta el final. La pregunta es, ¿será la falta de formación profesional, que nunca contempló esta parte del tratamiento en ninguna materia?
O bien, como sostienen Maslach y Jackson (1982), padecen el “Síndrome de Burnout” que se manifiesta con un estrés crónico, propio de los profesionales de servicios de salud, cuya tarea implica una atención intensa y prolongada con personas que están en una situación de necesidad o de dependencia. El Burnout es una respuesta a un estrés emocional cuyos rasgos principales son: agotamiento físico y psicológico, actitud fría y despersonalizada en relación con los demás, y un sentimiento de inadecuación con respecto a las tareas a realizar.
¿Cuánto hay de profesional y de personal en la falta de contención del paciente en este tramo final de la vida?; ¿Hay previsión del daño psíquico de familiares y del personal del equipo, relacionado con la esperanza y el duelo?; ¿Qué ocurre con el vínculo? Se ignora que puede fortalecer o debilitar psicológicamente al enfermo. Más allá de la distancia óptima necesaria e imprescindible que se requiere para ejercer una profesión, hay una cercanía que se olvida a la hora de decir un diagnóstico, por ejemplo. Yo sigo preguntando: Si la vocación de un médico es curar a un ser humano ¿qué pasa frente a la muerte del mismo, que no se lo puede acompañar hasta su último suspiro? ¿Las leyes de la economía o el sistema son los responsables? Quizás, las mismas que dictaminan que no hay camas que alcancen, ni en los sanatorios ni en los hospitales públicos…
Una vez que las soluciones médicas se acaban y la muerte solo es una cuestión de tiempo, se abandona al paciente, sin más. ¿Será que se sienten fracasados en las terapias que implementaron, ignorando otros designios que no dependen de ellos y abandonan el barco antes de que se hunda?
El paciente y sus allegados, frente a la enfermedad, se entregan en confianza plena al profesional. Sin dudar, ni analizar qué pasa si la medicina no alcanza y no sirve para remediar el mal o curarlo. ¿Acaso el paciente no merece una calidad de vida digna hasta el último minuto?
Antaño había un solo médico. Se lo llamaba “de cabecera”. Que sin mayores pretensiones de especialización, daba con un diagnóstico certero, porque en principio “escuchaba” a su paciente, lo acompañaba en todo momento y si terminaba internado en un hospital, hasta allá se iba para verlo. Era su paciente hasta el final. Hoy avanzó todo. Hay especialidades que cubren desde el pie, hasta la coronilla. Pero llegado el momento de la partida definitiva, no hay médico que contenga.
Desde el estado ¿qué protección hay para estas situaciones específicas que se reiteran sucesivamente? Acaso ¿sería necesaria la implementación de áreas que puedan contener estos reclamos y darle una solución viable? ¿Sería necesaria la inclusión de psicólogos clínicos y sociales para hacer una labor interdisciplinaria y abordar el ámbito vincular “médico-paciente”?
El médico ocupa un lugar de poder, porque siempre se lo ha idealizado y el paciente en su posición, se atiene a las consideraciones del profesional, sin cuestionamientos. Pero es un error tomar la relación entre ambos como algo ajeno a la terapéutica, la forma de trato hacia el paciente es parte del servicio del médico y es pertinente a las áreas sociales y gubernamentales del sistema de salud.
Mi dignidad mueve al reclamo y desde un profundo dolor escribo, para que pueda ser escuchado y así prevenir situaciones similares.
Graciela M. Barretta
Psicóloga Social

¡Ojo con los nuevos descubrimientos!

Enero 19th, 2007

Hace unos días, un químico especializado en pinturas se hallaba transitando en su nuevo sedán por el congestionado tráfico de la ciudad de Nueva York cuando, de repente, otro vehículo guiado por un indolente pasó rozando contra su reluciente coche.  Como resultado de la torpeza del otro automovilista, aparecieron rayones largos y de feo aspecto sobre un guardafango del sedán.  La labor de retocar el guardafango le costaría, como término medio, un total de 15 a 20 dólares aproximadamente.
            Sin embargo, cuando el químico llegó a su laboratorio, fue en busca de una “bomba aspersora”, la cual no es más que una pequeña lata llena de laca y un gas impelente que la expulsa en forma de un rocío fino.  Apuntó hacia los rayones y oprimió un botón.  En solo cuestión de minutos y sin dificultad de ninguna clase, el acabado del guardafango fue restaurado a su apariencia original.
            Todo el mundo conoce la “bomba insecticida”, la práctica lata rociadora para eliminar insectos.  Ya están apareciendo rociadores similares, listos para usar y accionados por un botón, que aplican pintura a muebles y paredes; también se están poniendo a la venta otros rociadores para aplicar cera al piso y a los automóviles, rociar compuestos pulidores de muebles y soluciones limpiadoras de alfombras y ventanas.  Aparecerán aspersores que dispersarán soluciones químicas para eliminar olores en la cocina, y que cubrirán los utensilios domésticos y las herramientas del jardín con un plástico líquido, a fin de protegerlos contra la oxidación y el polvo.  Más aún, podrán obtenerse bombas aspersoras accionadas por botón, para rociar perfume desodorantes para las axilas, lociones para la piel y penicilina.
            La era de las latas aspersoras que se aproxima, basa su origen en la existencia de un singular gas amarillento, denominado flúor.  El Freón, que constituye el gas impelente de los rociadores, es un compuesto del flúor. El flúor es sin duda el terrorista supremo de la naturaleza __ el corrosivo más potente hasta ahora conocido.
            Puede introducirse por materias tan sólidas como la roca y tan resistentes como el acero inoxidable, con la misma facilidad con que una cuchara caliente se inserta en un trozo de helado. Un chorro del gas puro podría ser causa de que la carne humana se incendiara en llamas.
            El flúor fue dominado en forma efectiva, por primera vez, por los hombres de ciencia que construyeron la bomba atómica.  Se le usó ampliamente en varios procesos necesarios para la producción del uranio 235.  Desde entonces ha hecho su aparición en la industria. Además de emplearse en latas aspersoras, el flúor ya ha sido utilizado en la síntesis de drogas para impedir las caries de los dientes y la glaucoma, temida enfermedad de la vista; también ha sido aplicado en el desarrollo de nuevos colorantes plásticos, un aceite lubricante y un tipo de caucho que dura indefinidamente.  Asimismo el flúor ha sido utilizado con éxito en la producción de anestésico e insecticidas más seguros. Pronto habrán de aparecer otros productos a base del maravilloso gas; entre ellos, un aislamiento para equipo y motores eléctricos sumamente potentes, fluidos resistentes al calor para las turbinas en plantas de energía atómica, y un combustible suficientemente caliente para soldar cobre o lanzar cohetes hasta la luna.
            Los científicos atómicos no contemplaban en lo absoluto la aplicación del flúor al lanzamiento de naves interplanetarias y a la soldadura del cobre cuando comenzaron a investigar las potencialidades del poderoso gas.  Lo que trataban de lograr era un medio para separar el explosivo uranio 235 del uranio ordinario operación ésta de la que dependía el éxito de los trabajos encaminados a producir la bomba atómica.
            El uranio extraído en la región del lago Gran Oso al igual que todo el uranio que se encuentra en la corteza terrestre__ es una mezcla de dos variedades del metal.  Cada 100 kilogramos de uranio natural contiene 99.3 kilogramos de U-238 y 0.7 kilogramos de U-235.  Los dos isótopos son más parecidos entre sí que una gota de agua a otra.  Pero solamente uno, el U-235__ y sólo cuando ha sido concentrado en formas puras de un tamaño determinado__ es capaz de explotar.
            La separación de estos dos metales planteaba una interrogativa.  Los campesinos descreman la leche haciéndola girar en un aparato centrifugador, la crema, de peso más ligero, flota sobre la superficie.
            El U-235 es ligeramente más liviano que el U-238.  Pensaron los hombres de ciencia que tal vez el U-235 podría separarse del uranio natural siguiendo un proceso similar.  Sin embargo, el uranio tendría que convertirse en un líquido o, mejor aún en un gas.  La única manera práctica de realizar esto consistía en combinar el uranio con el flúor, a fin de formar un gas conocido como hexafluoruro de uranio.  Pocos eran los laboratorios que habían producido flúor con anterioridad, y la cantidad obtenida había sido sumamente reducida.  El flúor, que es uno de los 92 elementos básicos de la química, había permanecido desapercibido en las rocas de la corteza terrestre desde la creación del mundo hasta el año de 1886, cuando un químico parisiense, Henri Moisan, pudo producir un frasco lleno del elemento.  Los conocimientos obtenidos por Moisan, quien se cubrió de fama más adelante al ser la primera persona en producir diamantes sintéticos, y por otros hombres de ciencia que se habían dedicado a estudiar el flúor, convencieron a la mayoría de los químicos que este gas, amarillento y corrosivo, resultaba demasiado peligroso para ocuparse de él.
            El flúor ataca con furia desatada a casi todo aquello con lo cual entra en contacto.  La madera y el azufre se convierten en llamas al instante.  El vidrio y el asbesto desaparecen en forma de humo.  Hasta el agua arde en el flúor, produciendo una llama brillante de color morado.  También puede consumir el acero, y el equipo de acero empleado para manipular flúor, si se calienta por arriba de cierta temperatura, puede estallar como si fuera una enorme bomba pirotécnica.  La mezcla de hidrógeno y flúor constituye una combinación explosiva cuya fuerza sólo es superada por la bomba atómica misma. 
            Esto fue lo que los científicos atómicos tuvieron que producir y manipular - no en proporciones de gramos, sino en toneladas.  Más aún, el compuesto de uranio y flúor, o hexafluoruro de uranio, fue también causa de gran preocupación por parte de los científicos.  Las muestras del compuesto indicaban que éste era casi tan corrosivo como el flúor en su estado elemental.
            Las investigaciones relativas al flúor fueron terminadas con feliz éxito antes de tener seguridad de que la reacción en cadena de los átomos - la fuente de energía de la bomba - podría lograrse en la práctica.  Después de 18 meses de ardua labor, los ingenieros químicos de tres de las compañías que tomaron parte en el desarrollo de la bomba atómica lograron construir una celda eléctrica capaz de generar flúor puro en cantidades considerables.  Mientras tanto, un joven profesor de química de la universidad de Cornell, William T. Miller Jr., quien prestaba servicio especial en el laboratorio atómico secreto de la universidad de Columbia, se encontraba realizando descubrimientos de importancia primordial.
            Después de razonar lógicamente que algo hecho del flúor mismo sería inmune a ataques posteriores del gas, el Doctor Miller desarrolló un sorprendente material de flúor, el fluoroteno, un plástico con apariencia de vidrio y con la resistencia de acero suave.  El fluoroteno era exactamente lo que se necesitaba para forrar los largos kilómetros de tubos, las hectáreas de tanques y los muchos miles de válvulas y bombas en las gigantescas plantas para la separación de uranio.  Sin el plástico de Miller, no habría sido posible instalar la planta atómica de Oak Ridge.  Otro de sus descubrimientos, un aceite fluorado, suministró a las plantas del U-235 el lubricante a prueba de flúor vitalmente necesitado.
            Tal vez imagine usted que aquellos no relacionados con las investigaciones atómicas vacilarían en aplicar un gas tan peligroso como el flúor a otros propósitos.  Sin embargo, los descubrimientos de Miller en el desarrollo de la bomba atómica, han servido de estímulo a proyectos científicos e industriales.  El fluoroteno no sólo es inmune a los ataques del flúor, sino a los de casi cualquier otro agente químico.  Ya se encuentra ocupando gradualmente un importante lugar dentro de la industria, en los referentes a la manipulación de materiales químicos corrosivos.
            Es posible que el otro producto desarrollado por Miller elimine la costosa necesidad de detener su automóvil, después de cada recorrido de unos cuantos cientos de kilómetros para cambiar el aceite.  El aceite fluorado no resulta un lubricante tan eficiente como el producto del petróleo.  Al igual que el fluoroteno, sin embargo, no sufre cambio alguno a causa de una gran variedad de agentes dañinos, incluyendo aquellos que carbonizan al aceite lubricante, y dura indefinidamente.  Un aceite de flúor mejorado, incluido por las fábricas en motores cerrados herméticamente - o sea en motores de construcción especial__ suministraría una lubricación constante para los automóviles.
            El desarrollo del fluoroteno y del aceite de flúor, dieron preeminencia inusitada al destructivo gas.  Hoy día,  numerosos laboratorios canadienses y norteamericanos se encuentran tomando parte activa en una competencia por producir nuevos productos del flúor.  Es posible formarse una idea de lo que habrá de suceder, observando lo que ocurre en las convenciones científicas en que se discute el flúor.  — Cada compañía de importancia envió una delegación compuesta de una docena de sus más destacados científicos — dice un químico que asistió a las conferencias sobre este gas durante la última reunión de la sociedad química norteamericana – sin embargo, los únicos que tomaron parte activa en las discusiones fueron los profesores universitarios.  Los delegados industriales no emitieron ni un solo concepto.  Sólo tomaron notas.  Ni siquiera se prestaban a informar la hora del día, por temor a revelar algún secreto de valor inmensurable sobre el flúor.
            Resulta paradójico el que el flúor sea valioso a causa de su violencia misma, que durante tantos años fue motivo de que los investigadores dejaran de ocuparse de él.  Este comportamiento del gas amarillo es índice de lo que los químicos denominan reactividad, es decir, la  propensión de un elemento a formar parte de una combinación química.  El flúor se une con otras sustancias con mucha mayor facilidad que cualquier otro elemento químico, y una vez unido, forma una combinación más estable.  Las sustancias que contienen flúor no pueden dividirse o cambiarse con facilidad.  Pueden soportar sin desintegrarse o explotar, choques eléctricos de un millón de voltios.  Pueden mezclarse sin peligro alguno con una gran variedad de productos químicos diferentes, como en las latas aspersoras.   Sufren poco efecto a causa del calor, la luz, el oxígeno y las otras influencias corrosivas que acortan la vida de prácticamente todo aquello que usamos,  hacen posible el desarrollo de productos que no se desgastan, sin importar en lo absoluto cuales sean las condiciones imperantes.
            En ningún otro lugar se labora con tanta intensidad por materializar las asombrosas potencialidades del flúor como en Whitemarsh, la mansión de 100 habitaciones situada en un placentero suburbio de Filadelfia.  Whitemarsh, que fue construida hace 30 años como residencia de un millonario ferrocarrilero de Filadelfia - y cerrada herméticamente por su viuda cuando aquél murió - es el laboratorio principal de la compañía Pennsylvania Salt Manufacturing. Esta antigua y renombrada compañía, que cumple sus cien años de existencia el próximo año, no tomó parte alguna en el desarrollo de la bomba atómica.  Pero se halla bien familiarizada con uno de los elementos más parecidos al flúor aunque menos violento: el cloro, gas germicida empleado para purificar el agua; la compañía mencionada fue asimismo la primera en producir cloro líquido. La compañía Pennsylvania Salt Manufacturing fue también la productora principal durante la guerra de otro producto del flúor, el ácido fluorhídrico, ingrediente vital en el refinando de la gasolina para aviones.  El Dr. John F. Gall, su jefe de investigaciones, es probablemente la más destacada autoridad norteamericana sobre el flúor.
            Para iniciar la serie de productos del flúor que se piensa desarrollar, los químicos de Whitemarsh han producido un nuevo compuesto a base del gas para fortalecer cemento, un enjuagador que elimina el color amarillento dejado por el jabón sobre la ropa, lavada, y un nuevo insecticida, llamado DFDT, de eficacia igual al DDT, pero menos peligroso para animales y personas.  Los químicos de Whitemarsh también han realizado una labor encomiable como soldados de vanguardia en la batalla del flúor, ya que fueron ellos los que se dedicaron a la difícil, pero vital, tarea de descubrir medios mejores para preparar y manipular al violento gas.  Uno de los valiosos resultados de esta labor es la “retorta mágica”, en la cual se emplea electricidad para generar el elemento.  Este nuevo dispositivo reemplazará a la celda empleada durante la guerra, la cual, aunque funcionó de una manera eficiente, resultó demasiado costosa. 
            La compañía ya ha instalado dos de sus “retortas mágicas” a excepción del hecho de que están hechas de acero, bien podrían confundirse con modelos mayores de las antiguas tinas de baño, de tipo cerrado.  El generador de flúor separa el gas del ácido fluorhídrico.  Este ácido, cuyos vapores corrosivos han sido utilizados por los vidrieros durante 150 años para labrar vidrio, se obtiene mediante el tratamiento químico de una atractiva y multicolor roca cristalina, el espato flúor, que constituye un material favorito, de aquellos dedicados a hacer vasijas.  Poderosas corrientes que pasan a través de la retorta realizan una descomposición del ácido fluorhídrico, el cual ha sido cuidadosamente purificado previamente, para producir la liberación de hidrógeno y flúor de una manera muy similar al método seguido para liberar hidrógeno y oxígeno del agua en los experimentos de electrólisis llevados a cabo en la escuela secundaria.  El flúor es colectado dentro de tanques construidos de acero grueso.
            Al funcionar, la celda suena como una tormenta en miniatura.  Inicia su acción con rugidos y chasquidos y deja escapar estallidos periódicos, aún después de que se encuentra funcionando uniformemente.  Los rugidos son causados por el aire que se introduce dentro de la celda, y las detonaciones son producidas por burbujas de flúor que se combinan de nuevo con el hidrógeno.  Pero este ruido no constituye un mal presagio.  Un ingenioso sistema de ventilas automáticas - uno de los múltiples dispositivos de seguridad que han eliminado por completo la pérdida de tiempo a causa de accidentes- disipa las explosiones antes de que adquieran proporciones mayores.
            La Compañía Pennsylvania Salt vende el flúor producido en Whitemarsh a investigadores competidores, sin obtener ganancia alguna.  El motivo de ello no obedece a sentimientos de caridad franciscana, sino al deseo de activar el desarrollo de compuestos de flúor, a fin de asegurar un mercado para los productos de este elemento.  Una nueva planta, que será la mayor del mundo, se está construyendo actualmente en Calvert City, Kentucky.  Además, los laboratorios canadienses y norteamericanos, mes tras mes, se encuentran descubriendo nuevas aplicaciones del flúor.  He aquí algunas de las cosas mas sorprendentes que el gas se encuentra realizando o que, según lo visualizado por los expertos, habrá de realizar.  Además de su notable contribución a la producción del combustible atómico, el flúor está suministrando a los ingenieros electricistas un sinnúmero de nuevos y singulares materiales con que trabajar, los cuales prometen una reducción de costos en la electricidad y mejor equipo eléctrico de toda clase, desde plantas de luz y fuerza hasta dispositivos caseros.
            Un fluido resistente al calor hecho del flúor, por ejemplo, hace posible que pronto se construyan turbinas más calientes y eficientes.  Desde hace tres décadas, los ingenieros se encuentran convencidos de que podría obtenerse más energía del combustible para plantas eléctricas - ya sea de carbón o del petróleo, si el rotor de la turbina que hace funcionar a los generadores eléctricos, se hiciera girar por algo así como el vapor de mercurio, en vez de vapor de agua.  Debido a que el mercurio tiene un punto de ebullición más alto que el agua, podrían alcanzarse temperaturas más altas y eficientes con mayor facilidad.  Para probar esto, se han construido experimentales turbinas de mercurio.  Desafortunadamente, el metal líquido es escaso y costoso, lo que hace que la turbina de mercurio no sea más que un sueño carente de práctica.  El nuevo líquido de flúor, que tiene un punto de ebullición casi igual al del mercurio, hace más factible la construcción de una turbina similar súper eficiente.
            Otro derivado del flúor, un gas incoloro compuesto de azufre y flúor, constituye el mejor aislamiento desarrollado hasta hoy para los gigantescos transformadores que reciben la corriente de las plantas eléctricas y aumentan su voltaje antes de transmitirla a grandes distancias.
Gracias a este nuevo producto, transformadores de menor tamaño podrán soportar cargas mayores.  otro producto del flúor, llamado teflón, el cual es una sustancia similar a la cera, originada por la compañía Du Pont, está provisto de una resistencia triple contra el aceite, calor y electricidad, que lo hace casi ideal para eliminar totalmente los cortocircuitos en motores eléctricos.  El teflón será causa de que se construyan motores más potentes, compactos y livianos.
            El maravilloso gas ofrece también en perspectiva una nueva familia de plásticos súper durables, relacionados con el fluoroteno.  A diferencia del fluoroteno, el cual fue desarrollado para usos industriales, los nuevos plásticos de flúor se aplicarán ante todo la construcción de artículos de uso diario.  Serán menos costosos y más fáciles de producir, sin embargo, estarán provistos de la inmunidad virtual del fluoroteno a las llamas, el calor, y a los productos químicos.  Serán utilizables para toda clase de artículos, desde delantales protectores hasta utensilios para hornear, y su aplicación tendrá un alcance mucho más extenso que el de los plásticos conocidos actualmente.
            El flúor también está haciendo posible el desarrollo de un caucho que no se deteriora a causa de la edad y que no es afectado por el aceite y los ácidos.  Hace unos doce años, la compañía  Du Pont desarrolló el primer caucho sintético, el Neopreno, al mezclar una pequeña cantidad de cloro con un líquido aceitoso obtenido originalmente del caucho natural.  Hoy día, el neopreno se hace con flúor en vez de cloro.  Una forma fluorada de GR-S, el caucho sintético empleado en neumáticos, también ha sido creada dentro de los tubos de ensayo de los investigadores.  El profesor Herman Mark, del instituto Politécnico de Brooklyn, quien es considerado como uno de los expertos más importantes sobre plásticos y caucho sintético, declara que los cauchos de flúor son los materiales más sorprendentes que jamás haya visto.  Tal vez la única cosa que pueda deteriorarlos es el roce contra el pavimento.  El nylon y otras fibras textiles sintéticas también han sido tratados experimentalmente con el gas, obteniéndose resultados igualmente beneficiosos.
            Otra contribución importante del maravilloso elemento es una serie de colores que ha entusiasmado a los especialistas en modas y a los dibujantes de tejidos.  Al incorporarse en colorantes, el flúor hace resaltar tonos suaves de un brillo y delicadeza jamás obtenidos antes. Los colorantes de flúor resultan también extraordinariamente resistentes al desteñimiento por la luz.  Los fabricantes de banderas están beneficiándose en la actualidad con este revolucionario desarrollo.  El flúor ya se encuentra haciendo una contribución valiosa a la medicina.  La droga más efectiva que los investigadores dentales han desarrollado para proteger los dientes contra las caries es un polvo verde-gris, llamado fluoruro de sodio, el cual la abuela esparcía por la cocina para eliminar a las cucarachas.  El polvo se añade al agua para beber en cantidades infinitesimales, o se aplica sobre los dientes de los niños cada seis meses.  En ambos casos, reduce a la mitad la cantidad de caries que los niños llegan a tener en  la edad adulta.
Otro fluoruro médico, llamado el DFP, salva la vista de los pacientes afectados por el glaucoma, la cual ha sido una de las causas principales de ceguera en personas ancianas.  Durante la guerra, los investigadores en el arsenal Edgewood, centro de armas químicas del Ejército de los Estados Unidos, prepararon el DFP como un gas venenoso de guerra.  A pesar de que este no resulto apropiado para fines militares, un especialista de la vista advirtió que tenía un efecto sumamente extraño sobre los ojos y supuso que tal vez podría ayudar a reducir la presión del humor acuoso dentro del ojo.  Si esta presión llega a ser excesiva, como en el glaucoma - las delicadas membranas internas se aplastan y, como resultado, se pierde la vista.  El DFP mantiene la presión a niveles de seguridad en nueve de cada diez pacientes.  Si éstos usan la droga de acuerdo con las prescripciones señaladas, pueden gozar de una vista perfecta durante el resto de su vida.
            Actualmente se está investigando la aplicación del flúor en preparaciones anestésicas que, por no ser inflamables, posiblemente pongan fin a las trágicas explosiones en el cuarto de operación que ocasionalmente ocurren al aplicarse éter.  Al establecer un margen más amplio entre las dosis clínicas y las fatales, elevarán la cirugía a nuevos niveles de seguridad.  Cuando el hidrógeno se combina con el flúor, se libera suficiente energía para generar 3315 grados centígrados de calor, lo cual resulta más que suficiente para soldar aleaciones y metales con el punto de fusión más alto.   El tungsteno y el carburo de boro también se hacen plásticos, haciendo así posible el descubrimiento de nuevos métodos para fabricar materiales de consistencia de diamante para herramientas cortadoras en la industria.  Asimismo, la combinación de hidrógeno y flúor, produce una fuerza superior a la  de cualquier otro combustible, excepto “combustibles” atómicos como el U-235 y el plutonio.  Debido a que los expertos dudan acerca del empleo posible de combustibles atómicos para impulsar cohetes, es probable que la nueva mezcla sea utilizada para accionar los cohetes gigantescos del mañana.
            A pesar de que su costo ha bajado hasta más de un noventa por ciento en algunos casos durante los últimos diez años, el flúor y sus productos derivados son todavía comparativamente caros.  Muchas de sus aplicaciones se consideran únicamente potenciales por esa misma razón, - lo que debemos hacer — explica el doctor Gall — es reducir su costo a un mínimo.  Los productos del flúor, sin embargo, nunca podrán ser baratos, de acuerdo con mi opinión, a causa de la gran cantidad de fuerza y de equipo complicado que se precisan para preparar y manipular el gas.  No hace falta tampoco que sean baratos.  Tomemos como ejemplo el DFDT, nuestro nuevo insecticida.  El DFDT es dos veces más costoso que el DDT, pero es mucho más venenoso para los insectos, de tal manera, se utiliza en una cantidad menor, y hay que considerar también que tiene importantes ventajas en cuanto a seguridad.  El DFDT, aun vendido al doble del precio del DDT, constituiría una excelente ganga.  Por supuesto, en aquellos casos en que un producto del flúor realiza algo sin precedente alguno, el precio resulta todavía menos importante. En la actualidad, la industria del flúor se desarrolla con una intensidad igual al del período de la guerra y su crecimiento continúa día por día.  Una media docena de compañías, además de la Pennsylvania Salt, se encuentran realizando nuevas instalaciones para la producción del maravilloso gas: la Du Pont en West Virginia, la M.W.kellogg en New Jersey, y otras en diversos lugares.  La corteza terrestre contiene yacimientos inextinguibles de flúor,  ocultos no sólo en la atractiva forma de espato flúor, sino en la forma plebeya de fluo-apatita, la roca común de la cual obtiene el campesino su fertilizador de fosfato.  Bien puede esperarse que la inventiva inagotable del químico convierta al violento gas amarillento en una de las estrellas de actuación más destacada en el escenario de esta edad química.
Observación: esta es una nota aparecida en el mes de agosto de 1950 en una revista de Mecánica Popular, donde se hacía loas y reverencias a las fenomenales aplicaciones del tan temido gas flúor, del cual hoy en día tenemos tan malos recuerdos debido a los CFC o cloro-fluoro-carbono, que tanto han afectado a nuestra capa de ozono.  Esto nos obliga a un refrán conocido por todos: “No todo lo que brilla es Oro”.
En nombre de nuestra amada tierra les pido que tomemos conciencia del mal que nos hacemos a nosotros mismos y a la naturaleza, humildemente: “un habitante de este planeta”.

Carlos de La Plata

La leche materna no se negocia

Octubre 3rd, 2006

INTRODUCCIÓN    

Ahora resulta que el doctor Marcos Mercado sumó a sus títulos profesionales el de conferencista. Por lo menos así lo presenta a su clientela la empresa láctea que lo tiene contratado en exclusiva.

A su diploma de pediatra, el galeno sumó los de locutor, escritor y charla…, perdón, charlista alimentario. En un spot televisivo aparece rodeado de anhelantes madres que en apariencia buscan ayuda extra para la crianza de sus criaturas.

En este punto creo necesario aclarar que mi mujer parió y crió ocho hijos, a los que amamantó aún cuando les daba sustanciosas papillas naturales, complementado todo con mamaderas de leche pura, sin aditamentos artificiales de ninguna clase, conocida como “La Martona”.

A Dios gracias, todos crecieron fuertes y sanos, y nos han regalado en total diez nietos.       

Abusando de la tolerancia de los lectores, es importante – por el comentario sobre un proyecto de ley boliviano que incorporaré al final de este trabajo – reiterar lo expresado por el señor Alberto Marcipar a raíz de un brulote que el portal  “El Mango del Hacha” le dedicó al doctor Mercado.

Y para culminar estas disquisiciones, in fine me referiré a seis leyes, estrechamente relacionadas con la salud pública, que a pesar de haber sido sancionadas por el Congreso, la estupidez de algunos funcionarios ha entorpecido su promulgación por lo cual resultan técnicamente inaplicables.

Los mal pensados sostienen que hay muchos intereses en juego que ameritan esta aberración burocrática. Maquiavelo, que de esto sabía un montón, afirmaba que “en un gobierno bien instituido, las leyes se ordenan de acuerdo al bien público y no según la ambición de unos pocos”.                       *     *     *

Danonino

Por Alberto Marcipar

Este artículo sobre el Dr. Marcos Mercado me recuerda una conversación con médicos pediatras de Rosario que me relataron su sorpresa ante el incremento repentino de casos de desnutrición grave en una zona de Rosario.

Se envió una Asistente Social a tratar de averiguar el origen de esta situación y esta se encontró con que la propaganda de “Danonino” había provocado que muchas madres pensaran que el alimento era suficiente para evitar la desnutrición y comenzaron a comprarlo, con mucho sacrificio, en reemplazo de la alimentación natural variada que comían previamente.

Este no es un caso de extrema marginalidad pero útil para denunciar la publicidad de los negocios opuesta a la verdadera democratización de los conocimientos sobre salud.

También queda claro que los organismos reguladores de la publicidad de alimentos y medicamentos no están capacitados o no tienen interés en la situación actual de asumir sus responsabilidades de cuidar la salud de la población.                                                                

*     *     *  

Pero ¿a que viene esta reiteración, se preguntarán los que ya la leyeron? Les explico.                       

Hace pocos días apareció un artículo en la prensa gráfica de una república hermana y que ha tenido poco o ninguna difusión en nuestro medio.

Daba cuenta de uno de los más importantes proyectos de ley que ya tiene media sanción de Diputados. ¿El silencio en la Argentina será para que los buenos ejemplos no cundan?                       

Un hecho de notables características sociales está en camino de producirse en uno de los países más castigados de América, potencialmente rico en sus entrañas, pero de una extrema pobreza que sus gobernantes tratan de revertir desde muy abajo mediante una revolución social de grandes alcances.

Me refiero a Bolivia, y a un presidente fuera de lo común, Evo Morales, que ha considerado que la leche materna no tiene sustitutos.

Y lo establecerá por ley; una ley que, paralelamente, prohibirá a los medios masivos boliviano a utilizar a niños y médicos en divulgaciones publicitarias.                        

Es por demás claro que los objetivos de don Evo, y el de la gente que lo acompaña en su gestión, es impulsar sin ambages una política de crecimiento poblacional con adecuada alimentación.

Quienes legislaron con toda sensatez en la materia no les importó un rábano que hubiera empresarios que se pudieran sentir afectados por ver frenadas sus chantadas publicitarias, que solo alimentaban sus cuentas bancarias.

Empresarios ambiciosos que desde hace años venían entorpeciendo la labor parlamentaria para evitar que una ley tan justa y necesaria fuera promulgada.

A continuación me permito transcribir un artículo datado el 10 de agosto y publicado por la prensa boliviana. Dice así:                                                                                

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La Paz (ANC-UTPBA) – El proyecto de Ley de Lactancia Materna, que ha sido aprobado por la Cámara de Diputados, prohíbe a los medios de comunicación la difusión de publicidad sobre determinados alimentos en la que se encuentren niños de dos años, así como también a que tome parte de ello el personal médico.

Lo que no ha quedado aún establecido son las sanciones que se le aplicarán a los infractores.                   

El presidente de la Comisión de Desarrollo Humano de la Cámara, don Guillermo Mendoza, informó que la norma incorpora varias prohibiciones para los profesionales de la salud, médicos y enfermeros, para actuar como intermediarios o promotores de venta, incentivando a la mujer al destete precoz.

Asimismo, se veda el camino para que impulsen con productos no naturales el reemplazo de la lactancia materna a cambios premios, bonificaciones, becas, incentivos, etc., de parte de las industrias lácteas, a fin de incentivar el empleo de alimentos para menores de dos años, tal como sucede actualmente.

Dentro de estos aspectos están involucrados también los medios de comunicación masiva, los que están impedidos de utilizar en sus afiches a menores y médicos para difundir preparados alimentarios con presuntas ventajas para criaturas, entre otras cuestiones.                     

“Todos estos aspectos están incorporados dentro del proyecto de norma y serán ejecutados a partir de su promulgación”.

Así lo afirmó enfáticamente el parlamentario Mendoza, y señalando además que el proyecto impulsado por el presidente Morales ya ha sido girado a la Cámara de Senadores para el análisis de rigor.                      

Al aprobar la Cámara de Diputados el proyecto de ley de Lactancia Materna generó enorme satisfacción en la Ministra de Salud de Bolivia, Dra. Nila Heredia, considerándolo un notable avance en beneficio de la niñez.

“Esta es una ley muy importante para Bolivia – expresó la Dra. Heredia – ya que se ha venido trabajando en ella durante los últimos seis o siete años, pero que no era aprobada por razones de particular interés, a veces de las empresas y otro motivos espurios”.     

Entre otros puntos de importancia, la ley prevé que la leche maternizada sólo será vendida con receta médica y que productos de este tipo deberán llevar la leyenda “No existe sustituto para la leche materna”.                        

La disposición obliga a todas las empresas del país a conceder permiso a las madres para dar de lactar durante las horas de trabajo y contar con un albergue (guardería) donde se atienda a los bebés.                        

“Si no garantizamos el consumo de leche materna durante los dos primeros años de vida de los infantes – agregó el diputado Mendoza – atentamos contra el desarrollo cerebral, la masa muscular y el sistema inmunológico, que les resulta vital para su desarrollo”.                                                                                

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CONCLUSION                       

Esto trae a mi memoria lo que con mucho énfasis expresaba  Kevin Klaine en una película en la que ejercía el papel de profesor: “La inmadurez, madura; la ignorancia puede ser instruida, pero la estupidez dura para siempre”.

En tal sentido, y en lo que a salud materno-infantil se refiere,  las autoridades bolivianas lograron que la inmadurez, madurara, y que la ignorancia pudiera ser instruida. Por lo tanto, es indudable que la estupidez sí puede ser superada.                                   

Y ahora pasemos a lo de las normas legales interdictas.

Con todo respeto y sin que nadie se sienta agraviado u ofendido, en ciertos aspectos los argentinos somos maduros e instruidos, pero la estupidez nos supera. Y creo que soy demasiado benévolo                                   

Entre 2002 y 2004 se sancionaron seis leyes ambientales  que obviamente hacen a la salud pública. En eso no hay discusión posible. Sin embargo no han sido reglamentadas por el Poder Ejecutivo.

Se pretende justificar semejante atrocidad a problemas técnicos burocráticos. Las normas están detenidas (el calificativo sería cajoneadas vaya a saber por qué motivos, ¿o sí?) en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Sustentables.

Estas leyes, que según se afirma están en condiciones de ser aplicadas  ante cualquier presentación, no se pueden hacer válidas porque algún estúpido no se preocupó (u ocupó, porque para eso le pagan un suculento sueldo) por gestionar su ineludible reglamentación.

Estas leyes tiene que ver con: a) la Ley General del Medio Ambiente; b) la de Gestión Integral de Residuos Industriales y Actividades de Servicios; c)  la Gestión y Eliminación del PCBs; d) el Libre Acceso a la Información Ambiental; e) la de los Residuos Domiciliarios; y f) la de Gestión  Ambiental del Agua.                                    

Más que una obligación política, es un deber de los burócratas responsables hacia la comunidad que estas leyes sean verdaderamente aplicables.

Por falta de interés – o intereses espurios, dicen los que siempre piensan mal -  su no promulgación las convierten en letras muertas, tan inútiles como timbres de bóvedas.

Y ya que hablamos del deber de los funcionarios, recordemos lo que Smiles sostenía al respecto: “El deber, como suena el vocablo, es cosa debida y le es indispensable pagarla a quien quiera evitar el descrédito presente y la bancarrota moral del futuro. Es una obligación, una deuda que no se rescata sino por espontánea voluntad y los actos bien resueltos en todos los casos de la vida”.
Y el descrédito puede sobrevenir si por un casual la Corte Suprema de Justicia, por inacción del Ejecutivo, impone manu militari que finalmente les den pelota porque la inoperancia afecta a la comunidad toda, tal como aconteció con los pobres jubilados: aquellos que debieron actuar y no lo hicieron, ahora se muerden los codos.

Es que la Corte se apioló, les ganó de mano y se lleva los laureles.                                                               

Juan Isidro González - Agosto de 2006