MARTES2
Ya he tenido respuesta a mi voz “clamante en el desierto”… Mi viejo amigo José Mª Carrascosa, antiguo profesor de filosofía en universidades americanas, ha resurgido de entre las brumas que me rodeaban en este blog y me da su respuesta ponderada y docta…pero, sobretodo, entrañablemente amigable. La copio aquí:
Hola Fernando:
He leido tu blog del domingo 4: “…Tengo la impresión de ser una voz
que clama en el desierto…” “¿Hay alguien ahí? ¿Me oye alguien?”. Me llamó
la atención esta especie de grito proclamado, de pregunta fundamental. La
palabra, no hay duda, tiene necesariamente que ser vehículo de comunicación,
pero la comunicación para que sea tal, obligatoriamente, debe ser encuentro.
Y el encuentro siempre es “a dos”.
Por esto te imaginaba, en la soledad callada del ordenador, lanzando tu
pregunta a sujetos inciertos. Hay mucho de riqueza en la comunicación
actual, pero también, quizás, mucho de soledad. El profeta no habla sólo
para que se le oiga. Su voz podría perderse, entonces, en desiertos lejanos.
Habla para roturar caminos de proyectos comunes. Cuando la palabra carece de
carga racional, humana, por impotencia o vanalidad, lo que sucede a veces,
la palabra no es comunicación, sino simple jerga irracional e ilógica…
(Hay que ver cómo me enrollo en estos analisis… Me río un poco de mí
mismo, pero me gusta pensar un poco contigo en voz alta en la soledad de
esta distancia próxima).
Muchas veces me he preguntado para qué hablamos, cuando parece que la
comunicación es imposible. A menudo nos convertimos, por mor de la
circunstancias, en parlanchines solitarios buscando quien nos oiga.
Posiblemente, porque nos gusta el parloteo, porque lo necesitamos, buscamos
la respuesta aun sabiendo que quizás no llegue. ¿No será entonces mejor
guardar nuestra palabra en una especie de hipóstasis personal e íntima? Los
máximos objetivos en la comunicación son utopía; pero los mínimos objetivos
que posibilitan nuestros encuentros se quedan muy lejos de lo deseado…
Bien, Fernando, mi ración de reflexión, quizás banal y algo pesimista,
llega a su fin. Me encanta hablar contigo. Hay ya muchos “papeles sueltos”,
escritos a lo largo de nuestro tiempo, que es bueno rescatar, con cierta
dosis de ironía. Hay que robar el tiempo. Un tiempo ya casi imposible que
casi se nos escapa…
Pasé un rato delicioso viendo los cuadros de Van Gogh que me enviastes.
“!Qué bello es vivir…¡”
No sé si te aburron con mis “reflexiones”. Pero viene bien hacerlas.
Hay aún muchas tardes encendidas sin llegar al ocaso.
Un abrazo. José María
























