Quería comentaros que hemos vuelto otra vez, Julia y yo, de una escapada al mar: una necesidad periódica de revitaminización psicosomática, de platearnos el alma con la plata bruñida de las olas, de endorarnos la piel con la pátina refulgente de los soles, de azularnos los ojos con las claridades turquesas del cielo…, olvidados, por escasas horas, del mundo…
Pero ya estamos aquí envueltos y penetrados, en otras escasas horas, por esas sensaciones escalofriantes, irritantes, descorazonadoras y asqueantes que con tan machacona frecuencia se nos cuelan en el alma, desde la ventana iluminada y, tantas veces sombría de la TV.
Quizás sea por esto por lo que he decidido volver sosegadamente al tema de la “solidaridad”. Y es que se habla mucho de ella y, mientras más se la nombra, más se la echa de menos, de modo dramático y sangrante, en las noticias nacionales y mundiales que se nos ofrecen….Me dan ganas de desahogarme cantando el spiritual song: “Nobody knows the trouble I see…”
A mi entender, la palabra Solidaridad, tan reiteradamente pronunciada, quizás pueda estar ya desgastada, y va a ser ya conveniente depurarla o remozarla para que recupere la plenitud de su significado. Porque a las palabras les pasa lo mismo que a las monedas: que con el uso se desgastan, pierden su relieve, se devalúan, se ensucian…
La palabra Solidaridad deriva, etimológicamente, de sólido, y se dice de los cuerpos cuya cohesión molecular es estable, a diferencia de los líquidos. Quizás este fondo de solidez le dé al concepto un significado más profundo, más cosmológico, que otras palabras con las que se podría expresar el mismo concepto, como, por ejemplo, la palabra Concordia, que es un bello término verbal (con raíz cor de corazón y prefijo aglutinante con), aunque quizás sin ese fondo semántico de solidez. Para desmenuzar ciertos aspectos de su significado diré que la palabra Solidaridad entraña el espíritu de la Cooperación, de Participación; presenta sinonimias con la Fraternidad, con el Compañerismo, con la Tolerancia, cuyo significado viene a ser Solidaridad dentro de la pluralidad (de la pluralidad étnica, filosófica, ideológica, política, religiosa, educacional, generacional, cultural…) Por eso la Solidaridad es imposible sin la Justicia, sin el Respeto, sin, en definitiva, el Amor. Supone la actitud de Disponibilidad que es la verdadera “Plataforma para el Voluntariado”, tan necesaria, imprescindible y urgente en esta etapa socio-histórica que estamos viviendo, y con relación a los desgarradores acontecimientos que todos los días contemplamos, más los que recordamos y re-lloramos…
Nos sería necesario desenterrar, en el campo fértil de nuestros sentimientos, ese profundo Sentimiento de Comunidad, el que nutre las raíces de cualquier actitud de humanitarismo, que el maestro Alfred Adler había propuesto como básico e imprescindible para compensar la insuficiencia radical de cada persona y para propiciar la reconstrucción individual y colectiva, incluso la supervivencia de la naturaleza humana.
Dice una antigua leyenda china que un discípulo preguntó al vidente cuál es la diferencia entre el Cielo y el Infierno. Y cuenta que el vidente respondió: “Vi un gran monte de arroz cocido y preparado como alimento. En su derredor había muchos hombres hambrientos casi a punto de morir. No podían aproximarse al monte de arroz, pero tenían en sus manos largos palillos de dos y tres metros de longitud. Es verdad que llegaban a coger el arroz, pero no conseguían llevarlo a la boca porque los palillos que tenían en sus manos eran demasiado largos. De este modo, hambrientos y moribundos, juntos pero solitarios, permanecían padeciendo un hambre eterna, delante de una abundancia inagotable. Y eso era el Infierno. Vi el otro monte de arroz cocido y preparado como alimento. Alrededor de él había muchos hombres, hambrientos pero llenos de vitalidad. No podían aproximarse al monte de arroz, pero tenían en sus manos palillos de dos y tres metros de longitud. Llegaban a coger el arroz, pero no conseguían llevarlo a la propia boca porque los palillos que tenían en sus manos eran muy largos. Pero con sus largos palillos, en vez de llevarlos a la propia boca, se servían de unos a otros el arroz. Y así acallaban su hambre insaciable en una gran comunión fraterna, juntos y solidarios, gozando a manos llenas cada uno de los otros y todos de todas las cosas. Y eso era el Cielo”.
Confieso mi convicción de que si llegáramos a vivir con espíritu de auténtica Solidaridad, tendríamos asegurado el cielo en este mundo…