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Domingo, Diciembre 16th, 2007

Hola, amigos: Venía pensando, en esta soleada mañana invernal, acercarme aquií, a la plaza, al Ágora digital, a encontrarme con vosotros; traía los ojos todavía deslumbrados y heridos por el imponente testimonio fotográfico, expuesto en la Sala Museística de esta ciudad, de deshechos humanos, victimas de guerras, sequías, hambrunas, epidemias, cataclismos, miseria…, como una metáfora de la venganza de crueles dioses ancestrales, entre los grandiosos paisajes africanos de montañas, llanuras infinitas, desiertos habitados, animales salvajes, plantas del Paraíso…

        Fotos estremecedoras, tomadas por Sebastiâo Salgado en Nigeria, Namibia, Sudán, Etiopía, Ruanda… Me había fascinado una de ellas, de refugiados exhaustos en el campo de Kalema, al oeste de Tigray, tras una noche entera caminando para no ser ametrallados por la fuerza aérea de Etiopía, envueltos por una nube de arenas espectrales entre las que se filtraban los rayos tenuamente luminosos del sol amanecido…

            Contrastaban estas imágenes, con los preciosos adornos y las luces de Navidad  que adornan las calles y avenidas de nuestras bulliciosas ciudades, enderezadas y regeneradas, también, de guerras y miserias…

 

            …Venía pensándolo para comentarlo con vosotros, cuando… me he caído en plena calle, he dado con la cara en el suelo, me han ayudado a levantarme, me han acompañado al cercano hospital de la Cruz Roja, he llamado por el móvil a Julia…, y aquí estoy, con vosotros en la plaza digital, con la nariz como un pimiento rojo, abierta en el arco y recosida, el labio partido, un diente roto, las manos desolladas…  “No somos nadie”, es lo que suele decirse.

        Pero, después, leyendo las profundas y bellamente expuestas  reflexiones de José Mª, me he preguntado ¿no es verdad que “podemos desterrar –venciéndolo- al invasor”?

Jueves, Diciembre 13th, 2007

                          Leyendo los comentarios de Antonio y de José Mª, tan humanos y tan bellos, me bailan las neuronas en medio del bosque del cerebro y se me aquietan los vientos en la explanada del corazón… (Reconozco que esto me ha salido muy cursi, pero es que me han llenado de regusto las confidencias de mis amigos). ¡Qué bonito, qué profundo! eso que dice Antonio, así, tan sencillamente, de que la belleza del exterior va, en buena parte, en el interior de uno, ¡como el amor! Y su insistencia en querer encontrar la belleza en lo normal de la vida, con todas sus imperfecciones y limitaciones, porque lo bello no está en las cosas sino en cómo las miremos con los ojos del corazón, y la capacidad de amar –también lo pensaba Erich Fromm en El Arte de Amar- no está en el mayor o menor atractivo del objeto o ser amado sino de la proyección de belleza, generosidad y plenitud que uno sea capaz de proyectar. Su recuerdo de Carmen Martín Gaite, de quien leí en mi juventud su primera novela “Entre visillos”, que colmó de asombros mis propias rutinas diarias. Con un poso de serena melancolía…La evocación de José Mª de fascinaciones infantiles ante en escenario, anualmente reencendido, de la Navidad; su sutil referencia al cántico de amor Juan de la Cruz, “¡Oh cristalina fuente / si en esos tus semblantes plateados / formases de repente/ el rostro deseado/ que tengo en mis entrañas dibujados…”  

             Y no me resisto, en medio de las tragedias de los tiempos que vivimos, y las con las esperanzas de la cercana Navidad, a alzar la mirada y hablar de otro amor, expresado en un bellísimo poema de Neruda, canto al amor universal frente al terrorismo y la desesperanza, y testimonio de nuestra pertenencia a una sociedad global de seres humanos y humanizados:        

     “Vamos, poema de amor, levántate de entre los vidrios rotos, que ha llegado la hora de cantar. /Ayúdame, poema de amor, a restablecer la integridad, cantar sobre el dolor. /Es verdad que el mundo no se limpia de guerra, no se lava de sangre, no se corrige del odio. Es verdad. / Pero es igualmente verdad que nos acercamos a una evidencia: los violentos se reflejan en el espejo del mundo y su rostro no es hermoso, ni para ellos mismos. /  Y sigo creyendo en la posibilidad del amor. Tengo la certidumbre de el entendimiento entre los seres humanos., / logrado sobre los dolores, sobre la sangre y sobre los cristales quebrados”. 

            Y me marcho rápidamente que vienen esta mañana a mi despacho “Los Reporteros” de Canal Sur, a hacerme una entrevista sobre “consumo y consumismo”…

Domingo, Diciembre 9th, 2007

           
            … Y Madrid era una fiesta, igual que el París de Hemmingway, un tumulto, en el puente de la Constitución, un holgorio: nunca vi más bulla ni bullicio por Gran vía, calle Preciados, Puerta del Sol, Plaza Mayor, la Cibeles… Tal abarrotamiento que no se podía avanzar, en un Madrid cálido y helado al mismo tiempo, deshabitado de madrileños, inundado de visitantes…
 

            Hoy, bajo las luces encendidas de la cercana Navidad, le querría sugerir a José Mª que quizás en la ciudad del amor no existan “otros”, ni “el otro”, ni “tú” ni “yo”. La ciudad del amor sólo está habitada por “nosotros”…

               he estado recordando (también al calor de la Navidad) que, en mi diaria experiencia clínica, cuando he aplicado el “Test de Asociaciones Condicionadas”, encuentro una palabra que se repite como eco recurrente en muchas personas de cualquier género o edad: la palabra es cambiar,  mi mayor deseo es cambiar”, “algún día cambiaré”, “sería feliz si cambiara”…  Y recuerdo siempre aquello que escuché a mi gurú indio Antony de Mello: “No queráis cambiar: el deseo de cambiar es enemigo del amor…”, nos avisaba. Y es porque el verdadero amor exige  incondicionalidad, es amor sin condiciones. Es por esto por lo que el amor auténtico no compagina el deseo condicionante de cambiar, de ser otro, distinto, como muchas personas expresan con dolor y desesperación, para ser digno de amor, para concitar en alguien la mirada del amor, “para que me quieran”…¿Cuándo, dónde, se inocularía este virus maléfico en el pensamiento de tantas personas? ¿Quién les induciría a tan cruel negatividad consigo mismo? Como si hubieran interiorizado en las cavernas de su pensamiento la agria presencia de un progenitor exigente, reprochador incesante, implacablemente despreciativo.               

                Yo pienso que todo ser humano, a cualquier edad y de cualquier género, necesita para sobrevivir la interiorización positiva de una dulce imagen materna, un componente intrapsíquico personal que nos reconcilie permanentemente con nosotros mismos, que nos acepte, que nos valore, que nos reconozca, que nos defienda, que nos respete. Esto es lo que nos llena el vaso del amor, si es que queremos dar de beber a otros de él. Me hablan de un  libro de  J. V. Bonet, “Sé amigo de ti mismo”, escrito con el propósito de hacernos comprender que esta es la base de la verdadera autoestima, condición ineludible para lograr el equilibrio psíquico, la felicidad, incluso la salud mental.            

             Pero aunque, como vengo diciendo, el verdadero amor no compagina con la autoexigencia obsesionante por cambiar (que traduce autorrechazo y déficit de autoestima) sí es auténtico amor el deseo ilusionado de superarse,  de progresar, de completarse y autorrealizarse, de ser mejor cada día…Porque amar, como nos dice José Mª es tocar con los dedos el infinito…

Domingo, Diciembre 2nd, 2007

                         Enmedio de los fríos de este apresurado invierno en anticipo, me han estado calentado vuestras reflexiones sobre el amor y me ha encantado, por su impactante realismo, la interpretación que del amor nos da Antonio Espinosa, como “la felicidad imperfecta”…Porque la felicidad perfecta es una utopía que requeriría, para su realización total, un genuino y también perfecto amor a uno mismo, que es adonde se dirige, con todo su potencial energético natural, la dinámica biológica de nuestro instinto.

 

            Y quiero insistir en que el amor a sí mismo no es egoísmo, que la persona egoísta es precisamente la que no se ama, no sabe amarse (o no se lo han enseñado), y  por eso pretende ansiosamente llenar su vacío afectivo con el amor, o el interés, o la preocupación, o el cuidado de los demás. Tampoco el amor a uno mismo es arrogancia: la arrogancia no pertenece al lenguaje del amor, sino al del miedo. Ni es vanidad: la vanidad es un maquillaje, falsamente autocomplaciente, de la inseguridad personal.

 

            Amarse a sí mismo, en la teoría de Wilhein Reich, supone saber dirigir la energía cósmica en la propia dirección centrípeta.  Según esta teoría, el universo está energetizado, y cada uno de nosotros es como un condensador de energía cósmica. El amor es la fuerza catalizadora y distribuidora de esa energía que mantiene al Universo cohesionado y equilibrado. Y cada persona particular es también un universo, un microcosmos cohesionado y en equilibrio gracias a la condensación y conservación dentro de su organismo de esa energía cósmica canalizada y regenerada  por el amor. Está claro, como diría Antonio E., que esto no es ciencia; tampoco creencia. Es simplemente un paradigma clarificador del pensamiento.

 

            El razonable amor a uno mismo es sustancialmente depósito surtidor del amor hacia los demás. No podré dar a beber a otro de mi copa de amor si la tengo vacía.  Es tan urgente y tan necesaria esta reconversión del potencial dinámico del amor hacia nosotros mismos, que ha movilizado todo un nuevo sistema pedagógico empeñado en promover y reforzar la llamada Autoestima. La necesidad de Autoestima, así como la de Autoafirmación y la de Autoprotección, que son tres modos esenciales de amor a uno mismo,  constituyen las tres necesidades básicas, derivadas del instinto primario de conservación, para garantizar la vida y el progreso del ser psíquico en la existencia: saber amarse es también lograr mantenerse firme en la vida y procurar defenderse de las amenazas e insidias que nos acechan en el cotidiano camino de vivir…

           

 

Lunes, Noviembre 26th, 2007

                                    Durante este frío fin de semana, hemos dejado Julia y yo metamorfoseada nuestra casa en magia y luces de presagiada Navidad, anticipando la llegada, en pocas semanas, de nuestra hija… Mientras, en los helados atardeceres, bandadas de innumerables pájaros oscuros se ofrendaban en danza inquieta al cielo de Córdoba que se enmarca, entre rojizas pinceladas de sol poniente, tras de nuestros ateridos cristales…

           

Y, a propósito de vuestros comentarios sobre el amor, quería insistir –desde una dolorosa experiencia de mi actividad clínica de estos días- en que ya terminó la etapa de “las medias naranjas”, cuando dos seres incompletos se unían para completarse, en una especie de hermafroditismo psicosocial. A eso no se le puede llamar amor, en cuanto que el amor es la expresión más auténtica de la plenitud y de la autorrealización de la persona. Eso es pura inmadurez psicológica y palmaria indigencia humana, como  lo asegura Erich Fromm en “El arte de amar”, donde afirma que cuando una persona le dice a otra ‘no puedo vivir sin ti” no está expresando su amor, sino su propia insuficiencia y dependencia. Tampoco se trata de lo  San Buenaventura conceptuó como “amor extático”: amar es salir de sí mismo para fundirse con la persona amada. En esta etapa de nuestro desarrollo sociocultural y humano se necesitan “sí mismos completos”, seres autónomos y autosuficientes que se aman sin dejar de ser ellos mismos, se vinculan, participan, se comprometen, crean y crecen juntos, como crecen los árboles, hacia una frutal y floreciente maduración progresiva.

 

     En la práctica, el ejercicio del amor necesita, al mismo tiempo, la cercanía y la distancia, la diferenciación y la convergencia, la compañía y la soledad. “Estad juntos, pero no demasiados juntos; bebed del mismo vino, pero en distintas copas; comed del mismo pan, pero en pedazos repartidos…” clamaba el profeta iraní Gisbram.

 

De lo contrario  se crea una amalgama, con frecuencia confusa y tensionada que, como en los campos magnéticos, al menor roce produce chispas. Recuerdo a este respecto un “martirio chino” que, según he leído, se practicaba antiguamente en Asia. Consistía en castigar a los amantes adúlteros metiéndolos desnudos en un pozo estrechísimo en el que tenían que permanecer pegados piel a piel, cuerpo a cuerpo, hasta que…terminaban los amantes devorándose de rabia y desesperación.

Jueves, Noviembre 22nd, 2007

          Las deliciosas confidencias de Faustina me han hecho recordar una intervención que preparé, hace pocos meses, para un acto de uno de los Consrvatorios de música de nuestro entorno. La verdad es que me apetece  reproducir para vosotros mis palabras, en acorde musical con las de Faustina. Me lo vais a perdonar:

             En este lugar -casa, taller y templo de la Cultura-, ámbito sagrado y mágico, donde el tiempo se detiene; donde las artes se encuentran y se hermanan; entre estos muros y bajo estos techos (y artesonados) donde se cobijan palabras y sones y, juntas, armonizan un concierto de voces del recuerdo con acordes y ritmos diariamente renovados, ensayados, trabajados en esta escuela conservatorio…, pienso que, quizás, nuestro salmantino Fray Luis de León, diría, “como si fuera ayer” , que “el aire se serena, y viste de hermosura y luz no usada, cuando suena la música acordada, por vuestras sabias manos gobernadas…”

         Y he estado recordando, con reflorecida emoción, un pasaje de la biografía de Neruda, donde cuenta que Miguel Hernández, el pastor poeta, apoyaba su cabeza, para descansar, sobre el vientre lanudo de las ovejas, y escuchaba el ruido de la leche al llegar hasta la ubre… ¿No es esto música? ¿Y no es poesía, literatura?. Y a la poesía, a la música, a las artes, hay que saber “entenderlas”: saber interpretar su murmullo, su voz hecha melodía, su clamor ardoroso, su grito desgarrado, el hervor de su risa, el quiebro de su ternura, sus encendidos silencios, su música callada, su sonora soledad, “el silbo de los aires amoroso” que las traspasa, como en el Cántico de amor de San Juan de la Cruz.

          Porque Arte es transfiguración de las cosas, como el toque virtuoso de aquel Rey Midas mítico que todo lo transformaba en la pureza del oro. El artista expresa cuidando sus producciones –plásticas, literarias, musicales- como se cuidan y se miman a los hijos, y reinventando los nombres ya sabidos de las cosas, como si perviviera aquel Adán del primer Paraíso existencial.

          Las artes hay que saber entenderlas, interpretarlas, asimilarlas, paladear sus sabores, percibir los matices de su melodía…Para que por ellas, a través del Arte, descifremos y redescubramos el mundo, llenos renovadamente de fascinación, de fruición y de asombro.

Viernes, Noviembre 16th, 2007

A Faustina quiero darle un abrazo comprensivo y condoliente, desde este sitio de nuestros encuentros y, al hilo de su confidencia, no quisiera tampoco que se disuelva en el aire la noticia del fallecimiento del importante novelista norteamericano Norman Mailer, el intelectual subversivo, el agitador de conciencias de su país y del mundo, desde su punto de vigía en los EE.UU.

Con ocasión de su muerte, ocurrida hace pocos días, se he aireado su propio slogan autoidentificativo: “soy un conservador de izquierda” Y yo he pensado que sería bueno también para todos, pero sobretodo para los políticos gobernantes (o en la oposición alternativa), no olvidar que el genuino significado de la palabra tradición, que muchos consideran erróneamente opuesta a progreso, deriva del verbo latino “tradere” (“entregar”), y se metaforiza en ese recorrido de las carreras de relevo en las que el corredor, a su llegada a un puesto, entrega el “testigo”  (testimonio del recorrido logrado y del terreno conquistado que necesariamente hay que conservar), a otro corredor  de renuevo, para que desde ese puesto conseguido progrese hacia el siguiente, en el que él también será relevado. ¿No es éste nuestro destino y nuestra tarea personal y colectiva en la vida?

 

La ‘moraleja’ para los que quieran llegar a ser auténticos promotores y operadores del progreso es que no se empeñen en una conquista del futuro, a costa de desmontar y aniquilar  previamente todos los edificios construidos durante ese proceso progresivo anterior, que seguramente será necesario también conservarlos, aunque requieran, para garantizar la dinámica del progreso, una revisión y renovación constantes…Pienso que quizás sea este el legado intelectual que Normen Mailer nos ha querido dejar con la fórmula, aparentemente paradójica, de “intelectual de izquierda”. ¿Y no será también esto lo que pretenda, o deba pretender, el “intelectual de derecha”?. Pregunto.

Domingo, Noviembre 11th, 2007

                   Quería comentaros que hemos vuelto otra vez, Julia y yo, de una escapada al mar: una necesidad periódica de revitaminización psicosomática, de platearnos el alma con la plata bruñida de las olas, de endorarnos la piel con la pátina refulgente de los soles, de azularnos los ojos con las claridades turquesas del cielo…, olvidados, por escasas horas, del mundo…

                    Pero ya estamos aquí envueltos y penetrados, en otras escasas horas, por esas sensaciones escalofriantes, irritantes, descorazonadoras y asqueantes que con tan machacona frecuencia se nos cuelan en el alma, desde la ventana iluminada y, tantas veces sombría de la TV.

                      Quizás sea por esto por lo que he decidido volver sosegadamente al tema de la “solidaridad”. Y es que se habla mucho de ella y, mientras más se la nombra, más se la echa de menos, de modo dramático y sangrante, en las noticias nacionales y mundiales que se nos ofrecen….Me dan ganas de desahogarme cantando el spiritual song: “Nobody knows the trouble I see…

                  A mi entender, la palabra Solidaridad, tan reiteradamente pronunciada, quizás pueda estar ya desgastada, y va a ser ya conveniente depurarla o remozarla para que recupere la plenitud de su significado. Porque a las palabras les pasa lo mismo que a las monedas: que con el uso se desgastan, pierden su relieve, se devalúan, se ensucian…

                    La palabra Solidaridad deriva, etimológicamente, de sólido, y se dice de los cuerpos cuya cohesión molecular es estable, a diferencia de los líquidos. Quizás este fondo de solidez le dé al concepto un significado más profundo, más cosmológico, que otras palabras con las que se podría expresar el mismo concepto, como, por ejemplo, la palabra Concordia, que es un bello término verbal (con raíz cor de corazón y prefijo aglutinante con), aunque quizás sin ese fondo semántico de solidez. Para desmenuzar ciertos aspectos de su significado diré que la palabra Solidaridad entraña el espíritu de la Cooperación, de Participación; presenta sinonimias con la Fraternidad, con el Compañerismo, con la Tolerancia, cuyo significado viene a ser Solidaridad dentro de la pluralidad (de la pluralidad étnica, filosófica, ideológica, política, religiosa, educacional, generacional, cultural…) Por eso la Solidaridad es imposible sin la Justicia, sin el Respeto, sin, en definitiva, el Amor. Supone la actitud de Disponibilidad que es la verdadera “Plataforma para el Voluntariado”, tan necesaria, imprescindible y urgente en esta etapa socio-histórica que estamos viviendo, y con relación a los desgarradores acontecimientos que todos los días contemplamos, más los que recordamos y re-lloramos…

                    Nos sería necesario desenterrar, en el campo fértil de nuestros sentimientos, ese profundo Sentimiento de Comunidad, el que nutre las raíces de cualquier actitud de humanitarismo, que el maestro Alfred Adler había propuesto como básico e imprescindible para compensar la insuficiencia radical de cada persona y para propiciar la reconstrucción individual y colectiva, incluso la supervivencia de la naturaleza humana.

                    Dice una antigua leyenda china que un discípulo preguntó al vidente cuál es la diferencia entre el Cielo y el Infierno. Y cuenta que el vidente respondió: “Vi un gran monte de arroz cocido y preparado como alimento. En su derredor había muchos hombres hambrientos casi a punto de morir. No podían aproximarse al monte de arroz, pero tenían en sus manos largos palillos de dos y tres metros de longitud. Es verdad que llegaban a coger el arroz, pero no conseguían llevarlo a la boca porque los palillos que tenían en sus manos eran demasiado largos. De este modo, hambrientos y moribundos, juntos pero solitarios, permanecían padeciendo un hambre eterna, delante de una abundancia inagotable. Y eso era el Infierno. Vi el otro monte de arroz cocido y preparado como alimento. Alrededor de él había muchos hombres, hambrientos pero llenos de vitalidad. No podían aproximarse al monte de arroz, pero tenían en sus manos palillos de dos y tres metros de longitud. Llegaban a coger el arroz, pero no conseguían llevarlo a la propia boca porque los palillos que tenían en sus manos eran muy largos. Pero con sus largos palillos, en vez de llevarlos a la propia boca, se servían de unos a otros el arroz. Y así acallaban su hambre insaciable en una gran comunión fraterna, juntos y solidarios, gozando a manos llenas cada uno de los otros y todos de todas las cosas. Y eso era el Cielo”.

                    Confieso mi convicción de que si llegáramos a vivir con espíritu de auténtica Solidaridad, tendríamos asegurado el cielo en este mundo…

Lunes, Noviembre 5th, 2007

                   Después de este fin de semana intentando aggiornarme, ponerme al día frente a la pantalla iluminada de la TV, oyendo y contemplando los escalofriantes sucesos y con el ‘mando a distancia’ a pleno rendimiento …, he estado rememorando algo que he comentado aquí mismo, durante la primera etapa de  nuestro camino por este blog: Que asistí al advenimiento de la Democracia con la misma ilusión esperanzada y con la misma expectativa romántica con las que un judío del pueblo histórico aguardaba su llegada a la Tierra de Promisión…           

                     Como todos los de mi generación de posguerra, yo he sido criado y educado dentro de un clima político, religioso y social  incuestionablemente impositivo, autoritario y dogmático. Y alimentaba mi ilusionada espera de la Democracia con un pensamiento, leído en una de las novelas de Willians Faulkner, que en aquellas circunstancias era para mí sorprendente y casi increíble: “Ser demócratas es sentirse avergonzado de querer imponer las propias ideas a alguien, aunque uno esté seguro de tener la razón”.          

                     Por todas estas razones, no encuentro un sintagma tan ajustado para dar rostro y metáfora al genuino espíritu de la democracia, como ése de “el buen talante”.  Democracia es por antonomasia tolerancia y respeto. Y  buen talante” es la disposición profunda, expresada y comprometida, de ese respeto y tolerancia que nos define esencialmente como demócratas. Naturalmente no me refiero a un “buen talante” caracterológico, ni a una mueca oportunista y de intencionalidad falaz o seductora, ni al slogan publicitario de ningún partido, sino al “buen talante” que es, en autenticidad, el reflejo y la expresión de profundas convicciones filosóficas, éticas y humanas. Porque la convicción más honda y genuina del talante democrático es el respeto y la aceptación que merecen las opiniones de todos, aún las más personales. Esto es lo que fundamenta el equilibrio e incluso la posibilidad de nuestra convivencia, dentro del entramado de las diversas opciones sociales y políticas de los ciudadanos, que son los que constituyen el “demos” de la Democracia. Todos tenemos sitio en ella, con voz y con voto. La grandeza de la democracia dimana de ese respeto y protagonismo real incluso de las minorías…  

                    Y añadía en ese comentario en ese comentario al que me he referido, algo que estoy constatando, con la misma dolorosa decepción, también en estos días: cómo ese excelso ‘espíritu democrático’ queda groseramente pisoteado por los discursos de algunos políticos que desennoblecen la democracia, con sus actitudes mezquinas, posturas falaces, y  con el ‘fuego floreado’ de acusaciones impertinentes y groseras, además de promesas arteras y falsas.          

                   En consecuencia con estos principios de la filosofía democrática, la oposición política alternativa no puede concebirse nunca como “la línea enemiga”, como no lo son los ciudadanos que se posicionan a “la derecha” o a “la izquierda” del continuum político, ni las de los políticos que se sientan, alternativamente, en los bancos azules o en los rojos del Parlamento. Estos representan únicamente una línea de contraste y de confrontación para fundamentar y mantener ese equilibrio de fuerzas, de aspiraciones y de valores que posibiliten construir, entre todos los integrantes del demos, una convivencia en paz, en justicia y en progreso.          

                    Tendríamos que convencernos y proclamar a los cuatro vientos y a los vientos azules, que las actitudes que, las únicas actitudes  inequívocamente enemigas, las que se oponen y se incompatibilizan con el buen talante democrático, son únicamente las que reflejan el dogmatismo,  el totalitarismo, la intolerancia y el fanatismo de las ideas, desde cualquiera de los posicionamientos alternantes necesarios, a la derecha o a la izquierda del continuum democrático.  Este es el descarado “mal talante” (provenga de quien  o de donde provenga), el reaccionario, el  bloqueador de los  caminos del progreso,  el de los que interceptan el desarrollo de la libertad,  la alegría,  la justicia y  la paz en nuestra convivencia.           

Viernes, Noviembre 2nd, 2007

         Después de las valiosas aportaciones de Isabel A., Faustina y Antonio E., y de las consideraciones antropológicas de José Mª, os quiero comentar que la última vez que visité el viejo cementerio de Córdoba, que se llama por paradoja “Cementerio de la Salud”, dejé escrito esto:

         “En el romántico cementerio de “La Salud”, con el frío espeluznante del mediodía, un rayo luminoso de sol, que se abría paso entre las hojas ateridas de los árboles, proyectaba su luz redonda sobre una lápida horizontal, acogiendo en su cerco iluminado a más de una docena de gatos que, inmóviles, nos seguían con la mirada, al pasar nosotros acompañando al féretro….Un cuadro surrealista que confirma eso de que, a veces, la realidad parece imitar al arte.

 

          Me siento todavía conmovido en mi interior, quizás confuso, emocionalmente fatigado. Me ha venido consolando el recuerdo de unas palabras de Neruda, en el entierro de un amigo poeta: “Hoy entregamos a las sombras a un ser resplandeciente, que nos regalaba una estrella cada día”.  Y en el de otro: “Pierdo su ternura que era parte de mi pan”…”.         

 

                   Estas últimas frases las revivencié la noche del pasado martes, viendo el rostro ajado, empalidecido y trágico de Mario Conde, desalojado de orgullos y de ambiciones, sólo centrado, y conmovido, en la dolorosísima remembranza de la que fue su compañera de vida…                     

 

                  Y hoy, día de cipreses y de lunas menguantes, vengo meditando en que hay muchos otros modos de morir…  Tal como lo poetiza Pablo Neruda: 

             ¿QUIEN MUERE?

“Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien  no oye música,
quien  no encuentra gracia en sí mismo. 
 

Muere lentamente quien destruye su amor propio,
 quien no se deja ayudar. 
 

Muere lentamente quien se transforma en un esclavo  del hábito,
repitiendo  todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca,
no se  arriesga a vestir con un nuevo color o no conversa con quien no conoce. 
 

 Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.  

Muere lentamente quien evita una pasión,
quien  prefiere lo negro a lo  blanco y los puntos en las íes en detrimento de un  remolino de emociones,
justamente las que rescatan el brillo de los ojos,
sonrisas de los  bostezos, corazones que saltan y sienten. 
 

Muere lentamente quien no cambia la mesa
cuando está  infeliz con su  trabajo,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto
 para ir detrás de un  sueño,
quien no se permite por lo menos una vez en  la vida
huir de los  consejos sensatos. 
 

Muere lentamente quien pasa los días quejándose de  su mala suerte
o de la  lluvia incesante.
 

Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes  de iniciarlo,
no se  pregunta sobre un asunto que desconoce
o no responde cuando le preguntan. 
 

Evitemos la muerte en dosis suaves, recordando siempre
que estar vivo exige  un esfuerzo mayor que
el simple hecho de respirar. 
 

Solamente la perseverancia hará que conquistemos
un  estado espléndido
de  felicidad”.