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Domingo, Febrero 3rd, 2008

“POR LOS ANTIGUOS SURCOS…”

 

         ****A la primera parte del libro la hemos titulado PRELUDIO, que por su etimología significa “antes de jugar”, porque es el inicio de ese “juego” de vivir del que nosotros presentamos un testimonio en estas páginas: un juego con sus reglas y normas, donde se gana y se pierde, se acierta y se yerra. Pero en latín, como en francés, “jugar” significa también representar y asumir los papeles en una obra teatral, así como la preparación musical con que se inicia un concierto o una ópera. Y también eso quiere ser esta historia de vida que pretendemos narrar, en lo que tiene de representación personal y de creatividad para hacer frente y armonizar sus diversas circunstancias y sus imprevisibles retos.  

           En el frontal de la página hemos incluido un texto de Sándor Márai, uno de los novelistas actualmente más apreciados y lúcido testigo de nuestros tiempos recientes:

 

                           “Yo he llegado a pensar que la amistad es un lazo parecido a la unión fatal de los gemelos. Esa peculiar correspondencia de las vocaciones, de las simpatías, de los gustos, de los aprendizajes, de las emociones ata a dos personas y les asigna un mismo destino. Hagan lo que hicieren contra el otro, sus destinos seguirán siendo comunes. Huyan donde huyeren, seguirán sabiendo uno del otro todo lo que les resulte importante. Ya elijan un nuevo amigo o una nueva amante, no se librarán de sus vínculos sin el permiso secreto y tácito del otro. El destino de estas personas transcurre así, de manera paralela, aunque el uno se aparte del otro y se vaya muy lejos, al trópico, por ejemplo.”

              “EL ÚLTIMO ENCUENTRO” (Sándor Márai)

 

PRELUDIO

 

LAS HUELLAS DEL CAMINO…

 

       “Caminante, son las huellas el camino

       y nada más. (Antonio Machado)

 

                          Nunca he sabido exactamente si las circunstancias me determinaron a ser lo que soy, o es que yo, de alguna manera, he ido moldeando los acontecimientos que han determinado mi existencia. No sé si he sido un proyecto de ser, lúcidamente asumido, o he sido un simple resultado de elementos que han ido configurando un laberinto en el que he tenido, ineludiblemente, que encontrar la salida.

 

                          Lo que sí sé es que, por una de las salidas de ese laberinto, que es mi vida y que ahora pretendo recorrer, siguiendo los rastros y los surcos que mis pasos fueron dejando, encontré un compañero de camino, eso que se llama (y que es tan difícil de descifrar en toda la profundidad del significado) un amigo…

 

                          Y esto es lo que pretendo dilucidar y contar, mientras recorro los trayectos y las salidas, de ida y vuelta, a través de este laberinto feliz que ha sido mi vida…

 

AÑO 2007 LINARES (JAÉN)

                        Fernando: hace unos días, revolviendo viejos papeles, he encontrado tres cartas, amarilleadas ya por el paso del tiempo, pero escritas para ti con pasión intelectual y con emociones tumultuadas por tres sucesivos, sorprendentes, encuentros con retazos vívidos de tu voz amiga y recordada.

                   La primera fue como un desahogo de nostalgias tras leer tu entrañable libro “Viajes hacia uno mismo”. Debió de pulsar esta carta mía algunas de las cuerdas sensibles de tu “psique” porque la integraste como Epílogo en la 2ª edición. La segunda fue a propósito de la publicación de otro libro tuyo, “A corazón abierto”, también voz y presencia revividas. Y la tercera, cuando me enviaste, dedicado en latín, tu “Animal de Deseos”, uno más de tus hermosos libros autobiográficos.

 

                     Releo ahora la dedicatoria: “Tibi, caro meo amico, Josepho Mariae, in longo itinere comiti…” (Para ti, querido amigo José Mª, compañero en un largo camino…). Para eso, para retomar ahora camino y compañía, tras tantos recodos de polvo y nubes que distanciaron nuestros encuentros y esa nuestra amistad, amasada durante tan intensos y ya lejanos años, voy a transcribirlas, las tres, para continuar así esta nueva correspondencia, recién iniciada bajo los soles ponientes de nuestras vidas, que va a recorrer a la inversa las sendas, hasta aquella primeras “tardes azules” de nuestra recuperada juventud…

 

PRIMERA CARTA: 3 de Febrero, 1997

       (CONTINUARÁ…) 

Miércoles, Enero 30th, 2008

“POR LOS ANTUGUOS SURCOS…” 

 

PRÓLOGO              

                                        ”Agrio, insultante y antipático”, es el triple calificativo que un comunicador muy conocido del momento coloca como reclamo poderoso para vender su último libro. Si esta es la máxima consigna para exaltación del marketing contemporáneo, entonces, que alguien se compadezca de mi radical ceguera. El libro que abro para colocarle a manera de prólogo unos párrafos, según me han pedido sus entrañables autores, puede catalogarse en los antípodas de esa agria biblioteca.  Con el escaso presupuesto de inventiva con que vengo dotado, (soy, como todos, según Einstein ignorante en algo, pero culto en lo que puedo) y animado por la inconsciencia del afecto, tengo que decirles, no mejor, gritarles: ¡Cuidado, mucho cuidado porque aquí intervienen dos pirómanos auténticos! Este José María  Carrascosa, además, es un irremediable nostálgico que se dedica a sacarle todavía jugo al amarillear de una correspondencia muy pasada. Y Fernando, como el santo patrono de Sevilla, anda enredado en la madeja emotiva, estrujando la naranja del paisaje, sus lecturas y  los años, de donde saca luminosos chorros de un zumo que es tan narcótico como mágico. Yo - aunque algunos piensen lo contrario- que obedezco a rancias normativas clásicas, pese a mi profesión de periodista hecho al arañazo de las alambradas espinosas de la noticia diaria, el zumbido de las broncas y los altibajos de las finanzas, no tengo más remedio que avisarles para no ser traidor: ¡Tengan cuidado porque se trata de dos fugitivos de la moderna cárcel del pensamiento débil. ¿Y saben esto qué significa? Pues que estos escritos que desde aquí se presentan, nunca los encontraremos en los tabancos de los libros viejos. Estará el texto usado, desencuadernado, raído, pero nunca viejo porque sospecho y hasta compruebo que ha sido escrito a medias entre el impulso electrónico o informático y una sobredosis de juventud. ¡Menuda melaza o “pócima amarga y detestable! Como diría nuestro viejo y común amigo Richard! Desengáñese, amigo,  cuando se es joven, se es joven para toda la vida” (Picasso). Pero voy a decir más para descargo de conciencia: en estas páginas se fosfatina uno de los principios que custodian con más mimo los modernos editores, el derecho a la intimidad. Porque ambos airean con un descaro digno de la más excelsa belleza anímica, cuanto afecta a su propia y ajena intimidad, a sus ensueños, a su intrincada e inaudita peripecia humana. Por voluntad expresa hacen lo que el pobre Sigüenza de Gabriel Miró: “yo, lavo, tuerzo y tiendo mi vida al sol”. Y para mayor escarnio, conviene saber que ambos son cultivo exótico de tierra andaluza: la bronca del garbillo jiennense y la baja del verde de oro de pinares sombríos juanrramonianos. No importa: es más dulce su pensamiento, ‘que toda la dulzura del poniente’, véasele desde la Golilla de Cartuja o desde Bajo de Guía. ¿Es esto bueno o es malo? ¿Se encamina a una finalidad aviesa, torva o abierta y cordial? Se preguntaría Azorin. Sencillamente van por la senda de “los viejos surcos”, por viñedos florecidos. Ay, que mucha cepa marra ya de aquellos vidueños, de donde ellos siguen vendimiando buenas cosechas como gente  avezada a liberarse  de “shadows and fogs”, para ahondar en la vida “con ojos de literatura”.           

 

                                        José María es escritor persuasivo según denunciaría Marcuse: escoge las palabras por su poder de evocación y ya se sabe cuánto mensaje encierra el ámbito agrícola adornado de senaras, barbechos, sendas, surcos… Fernando, que se entrevista a diario con ese pequeño dios que se reparte en el diverso psique y corazón de su múltiple clientela, hace como un viejo colega mío, quien se pregunta: “¿qué se puede hacer después de los cincuenta?: contener la respiración, mirar en rededor y adaptarse al terreno”. Y con ello va y regala periódicamente, como ya he dicho, luminosos chorros de sol, equilibrio mental, emoción, buen decir…Libros.  Entre ambos, creo que por persuasión interior, van haciendo  lo que venimos llamando el “Nuevo Periodismo”, arrancado desde Tom Wolfe: “el que tiene como principio individual el compromiso con uno mismo y con los demás. Pero sin cinismos ni hipocresías”, en palabras de otro ilustre colega. Insisto, por tanto: pongan cuidado porque por esos surcos encontrarán dos nuevos escépticos, no descreídos, sino buscadores inconformistas.  Es un regalo muy poco habitual para lectores de hoy. Mi visita a estos renglones ha sido un auténtico viaje hacia mí mismo   

                                                                       Juan Rodríguez Ruíz                                      

                                                                                                                                                             

Martes, Enero 29th, 2008

   ***Cualquier persona que, en una librería o biblioteca, toma entre sus manos un libro para ‘ojearlo’ (pasar sus ojos de modo rápido sobre las páginas) o para ‘hojearlo’ (pasar las páginas de modo rápido ante sus ojos), después de leer en la Portada el título del libro y el nombre de los autores, lo que suele hacer es darle la vuelta para buscar, en la Contraportada, alguna aclaración sobre su contenido. Eso es lo que vamos a hacer hoy, tomando con nuestras manos digitales “POR LOS ANTIGUOS SURCOS…”    

 

CONTRAPORTADA         

 

                    Por los antiguos  surcos”, por donde corrieron las aguas que fecundan las semillas en los campos, es un libro sobre la vida: la historia de dos exjesuítas que después de muchos años se reencuentran en un “blog” y desempolvan sus viejos recuerdos y, con el cálido sabor la confidencia y el susurro al oído, intercambian y se cuentan sus más íntimos sentimientos y sus peripecias por los caminos de la vida. Es un relato que trasciende la anécdota, y se eleva y adentra en la categoría de los grandes valores y humanos proyectos, los que fecundan las vidas personales y las amasan con significaciones, plenitudes, esperanzas y logros. La ‘amistad’, laborada en los recuerdos; amasada en la comunicación, la confianza y el diálogo; salvaguardada por la sinceridad y la lealtad; reforzada experiencias compartidas (a veces dolorosas, sin dramatismos, a veces gozosas y hasta hilarantes, sin acritudes), es quizás la gran protagonista conceptual de este relato, por donde –como se dice en el prólogo- los dos narradores y comunicadores, José Mª y Fernando, “van por la senda de “los viejos surcos”, por viñedos florecidos. Ay, que mucha cepa marra ya de aquellos vidueños, de donde ellos siguen vendimiando buenas cosechas, como gente  avezada a liberarse  de “shadows and fogs”, para ahondar en la vida “con ojos de literatura”.        

                   Cuando en literatura cada vez se habla y se valora más el “meztizaje”, donde los límites de los géneros literarios quedan abiertos y son permeables,  Por los antiguos surcos… “, un genuino producto de literatura “memorialista”, se ofrece como “mestizo” entre el ensayo, la poesía, la filosofía y el relato. 

 

                                         (CONTINUARÁ…)

Domingo, Enero 27th, 2008

             Hola, amigos:     Hoy quiero hablaros de un proyecto. Un proyecto que tiene ya nombre y título: “POR LOS ANTIGUOS SURCOS…”, se llama.           

             A ver cómo os lo explico:            

            Sabéis que nuestro amigo José Mª, José María Carrascosa, nuestro ‘filósofo’ por antonomasia en este blog, ha sido  el más asiduo compareciente a este espacio de encuentros, el más constante y entusiasta participante en las tertulias que venimos manteniendo en esta plaza digital –el Ágora le llamamos- desde sus inicios hace exactamente un año (el 1 de febrero de 2007 comenzamos)…            

             Para José Mª y para mí han venido significando, además de el goce de conoceros a todos vosotros los que os asomáis de vez en cuando a esta plaza, además del estímulo intelectual y neuronal que suscitan nuestras reflexiones y debates, además del enriquecimiento espiritual de esta siembra de palabras compartidas y de contactos humanos excepcionales…, para nosotros ha supuesto, además, la revivificación de una amistad y la reanudación de un diálogo, iniciados en nuestra plena y frutal adolescencia hace más de 50 años, una verdadera y sorprendente “apocatástasis” (como dirían los atenienses del Ágora helena y José Mª lo ha repetido en algún sitio) o como lo sugirió en versos Jorge Guillén: “Todos lo que se fue / volverá con las aves…”.            

           Tan ‘revivificante’ ha sido para nosotros esta experiencia, que José Mª ha ido hurgando concienzudamente por los túneles de sus recuerdos, ha venido recopilado datos y documentos, ha exprimido sentimientos, ilusiones y hasta muchísimos olvidos, con los que hemos compuesto –con mi colaboración y continuos apuntalamientos (y la asistencia  activa y paciente de su hija Rocío)- hemos compuesto, digo, un relato, al que hemos titulado “Por los antiguos surcos…” 

             Quizás todo el contenido de este relato pudiera quedar enmarcado en estas dos preguntas:            

                                        ¿Cuáles fueron las circunstancias –históricas, educativas, culturales, vitales…- que hicieron que él, José Mª, desde su  Jaén natal, y yo desde la Sevilla de los limoneros de Antonio Machado, nos encontráramos, a los 15 años de nuestra vida (habíamos nacido el mismo año), en un verano de fuego y vientos de Levante, en el luminoso, costero y enológico Puerto de Santa María?            

                                        ¿Qué vivencias compartidas –luchas, pesares, ilusiones, fracasos, risas y lágrimas- amasaron una amistad pervivida durante tantos años, a pesar de los laberintos existenciales en los que tantas veces nos perdimos (y que en este relato descubrimos e interpretamos) y los caminos diversos por los que a partir de entonces discurrieron nuestros destinos?            

            Y porque es un relato en el  que confluye la Historia, la Psicología, los sistemas socioeducativos que mentalizaron una época reciente pero ya casi totalmente transformada por los nuevos aconteceres políticos, tecnológicos, religiosos y culturales; porque es también este relato una confesión sincera, casi impudorosa a veces, de almas y corazones humanos, con los que vosotros lleváis un año compartiendo y dialogando; porque es testimonio de unas circunstancias socio-históricas que no volverán a repetirse, y de unas situaciones y anécdotas que incluso puedan resultar divertidas…, hemos pensado ofrecéroslo a vosotros, colgándolo por trozos, semana tras semana,  en este nuestro blog, la Plaza de nuestras tertulias y encuentros, el Ágora de siempre, con la ilusión de que a vosotros pueda interesaros y nos hagáis –ojalá sea así- vuestros comentarios, preguntas, apostillas, observaciones o críticas.            

             Bueno, pues este es el proyecto del que quería hoy hablaros. Y el relato empieza así, con este título y citas:                        

                 POR LOS ANTIGUOS  SURCOS…  

                   AUTORES: José María Carrascosa González

                     y Fernando Jiménez Hernández-Pinzón           

                           “Yo seré para ti como el agua y la luz  

                      e inundaré tu tierra de fecundas semillas.

                     Y brotará la vida en tus antiguos surcos…                      

                                                     (JOSÉ Mª CARRASCOSA)   

         

                             “Que tenemos que hablar de muchas cosas

                            compañero del alma, compañero…”   

                                                         (MIGUEL HERNÁNDEZ)

 

***En la próxima entrega publicaremos el PRÓLOGO de este relato y la comentario de la CONTRAPORTADA.  

Sábado, Enero 26th, 2008

                         Quiero terciar en las argumentaciones de los  amigos Antonio y José Mª,  recordando el axioma de que no hay desarrollo humano, en cualquiera de las  etapas de nuestro proceso evolutivo vital (incluso en la etapa de la jubilación y la entropía), sin vencimiento de resistencias. Nuestra energía interior sólo logrará  expresarse y desarrollarse, para nuestro crecimiento humano y realización personal, venciendo las resistencias que ineduliblemente se nos presenta en el camino fluvial de la vida, a cualquier edad, en cualquiera de sus previsibles o insospechables encrucijadas y meandros…  

                         Eso es ‘trabajo’, o eso es el ‘quehacer diario’. No es condena, sino oportunidad de autorealización y de creatividad. Cualquier inversión de energías personales, para vencer las resistencias del quehacer vital, es acción creativa, ya que se va a realizar a través de la singularidad de un individuo, de su originalidad inamputable; a través de una mente única, de una configuración psicobiológica irrepetible que va a enriquecer la vida colectiva con nuevas maneras constructivas de vivirla, de pensarla; de crear también y de amar… 

                         ¿No es eso, al mismo tiempo, ‘solidaridad’? Saber que el peso del mundo y de la vida lo portamos entre todos –digo ‘todos’, sin excepción-, sobre el esfuerzo de los hombros de cada uno; ¿no es el gozo de pensar que con el ‘quehacer’ de todos, entre todos  construimos la Pirámide? 

                         Y para eso sugiero hoy la disposición cognitiva (‘inteligencia emocional’) de no contemplar los problemas o ‘trabajos’ de cada día, como “condena divina”, o como obstáculos insalvables en el camino de la vida. Sino como ocasión y oportunidad de ser psíquicamente mejores, de movilizar los mejores recursos en reserva, los más válidos, creativos  y originales que almacenamos en el interior de nosotros mismos.  

                         Leo que, en un libro de Rudyard Kipling, el lama pronuncia estas palabras: “Has lanzado un acto al mundo y, al igual que una piedra arrojada al estanque, también se extenderán sus consecuencias, sin que puedas saber hasta dónde…” . Con tal, digo, que esa piedra de nuestro ‘quehacer’ de cada día sea para construir y no para malherir.  

                        (Esta sentencia del lama se me ha evidenciado dramáticamente viendo anoche, con Julia, una estremecedora película, entre sones del Claro de Luna de Debussy. La película se titula: “Expiación”)

Martes, Enero 22nd, 2008

                    Una amiga de las lejanas tierras del Paraguay, y colega, me manda estos pensamientos, que sugieren alguna respuesta a esa inquietud que no expresa Antonio Espinosa sobre cómo vivir nuestra finitud entre las dos infinitudes…

 

                    Después de un tiempo aprendes la sutil diferencia entre dar una mano y encadenar un alma.

                         Y aprendes que el amor no significa sumisión y la compañía no significa seguridad.

 

                         Y empiezas a aprender que los besos no son contratos y los regalos no son promesas.

 

                      Y empiezas a aceptar tus derrotas con la cabeza en alto y los ojos abiertos, con el donaire de un adulto, no con el dolor de un niño.

 

                       Y aprendes a construir todos tus caminos en base al presente.

 

                      Después de un tiempo aprendes que hasta el sol quema, si lo recibes en exceso.

 

                         Por eso, siembra tu propio jardín y decora tu propia alma en vez de esperar que te traigan flores.

 

                   Y aprende que realmente puedes soportar… Que eres realmente fuerte.

 

                    Y que de veras tienes valor.

Sábado, Enero 12th, 2008
                     A mi regreso, con Julia, de una noche soñada sobre el río Guadiana y el puente romano que  atraviesa manso su fluyente misterio, en Badajoz, con frío en la anochecida y clima gozosamente luminoso y cálido en el amanecer de hoy, me encuentro con un e-mail de nuestra amiga Isabel A., al que acompaña "un texto que no sé cómo calificar" (me dice), escrito después de una noche con dolorosas neuralgias y nieblas densas…
            
                Le he contestado que yo si lo sé calificar, que es un bellísimo poema, amasado con nostalgia, ternura, fantasía, realismo, esperanza, ilusión, y…mucho amor. Con toda su lealtad a una amistad que envejece con nosotros desde hace treinta años, y que, igual que los vinos envejecidos, con el tiempo regusta más acabado sabor y más hondas sensaciones.           
               Os copio aquí el poema que me dedica nuestra amiga Isabel:  
¡TAN SÓLO UN DÍA! 
Déjame, Dios, un día más. ¡Uno siquiera!
Para chapotear  los charcos en el otoño.
Para  sentir la brisa del azahar en la primavera.
Para abrazarme, una vez más,
a la maravillosa  luz del alba.
Para subir al autobús
y acariciarme con el polvo de la gente.
Para recibir a los pájaros emigrantes
y entregarles, sin merma, sus nidos.
Para jugar con los niños a  pillar y al esconder. 
 Déjame, Dios, un día más. ¡Uno siquiera!  
Para dibujar el rastro de mi paso en el albero.
Para sentir el abrazo de los plataneros en el jardín.
Para regar con una lágrima la muerte
de mi rosa en la maceta.
Para escuchar el eco de nombres que ruedan
en la imparable noria de mis recuerdos.
Para seducir a la luna que, coqueta, pasea por mi ventana.
    
Déjame, Dios, un día más. ¡Uno siquiera!
Para pasar  la hoja del almanaque                      
y darle cuerda a mi reloj.
Para sentir el dolor y mirar hacia atrás  
y descubrir su rastro.
Para escuchar campanadas catedralicias                                                       en calle empedradas.
Para encontrar una moto sin nombre                                                 en la espesura de la niebla.
Para decirle a Fernando que lo quiero.
¡Tan sólo un día más, Dios! 
Déjame, Dios, un día más. ¡Uno siquiera!
Para que siembre mi  maceta de albahaca…
Sí, aquella que tengo pendiente, aquella que sueño                                  en los ojos de cada madrugada.

Miércoles, Enero 9th, 2008

            Después de una larga ausencia, vacío el escenario de nuestros encuentros, desmontados en el hogar los Nacimientos, los Árboles, las luces y las añoranzas de la Navidad, he abierto la ventana iluminada del ordenador, por donde también pasa la vida, fluida como los ríos, para volcar también yo el fluido de mis propios pensamientos. Y me he encontrado la voz cálida de Antonio, quien nos recuerda que hay modos distintos, incluso diversos, de vivir la vida…            

                        Os confieso haber dedicado mucho tiempo a observar, desde mi privilegiado “puesto de mira” psicológico (o desde mi “microscopio del alma”, como lo definió el clérigo psicoanalista Oscar Pfister) cómo cada persona va amasando, a través de toda su trayectoria vital,  sus sentimientos predominantes ante los acaeceres de la vida, de donde surgen sus respuestas singulares a los estímulos que recibe. Y así es como se configura y  que perfila ese “carácter” que hace de cada persona un ser único, irrepetible y especial.

              Todos hemos conocido a personas generosas cuyo sentimiento característico puede ser la admiración valorativa de las demás, mientras que en otra persona su emoción dominante es la envidia,  o la emulación competitiva, o la rivalidad, o el menosprecio altanero de todo lo que no es lo suyo. En otras personas opera con predominio la pena compasiva hacia otros, o hacia sí mismo;  o la cólera, o la culpabilidad atosigante, o la angustia, o la ambición o la alegría permanente…. Son modos diversos de “vivir la vida”.             

              Sin embargo todos experimentamos de algún modo la gama total de las emociones, que son como “pilotos” automáticos de nuestro “aparato” interior, que señalizan nuestro camino existencial.                  

                Por ejemplo, cuando se enciende el “piloto” del miedo, se estimula la actitud de precaución, o que aconseja la evitación ante un posible mal inminente; la esperanza alienta el deseo hacia la consecución de un bien posible sin desfallecer por los obstáculos; la desesperanza opera como afecto disuasivo, ante la imposibilidad de superar los obstáculos, para no malgastar energías orgánicas en un esfuerzo que sería inútil; la ilusión  moviliza energías biológicas para acelerar el paso hacia la posesión posible del bien previsto, el amor concentra las energías para la conservación definitiva de ese bien poseído, la aversión (repugnancia, odio, antipatía) aconseja el desprendimiento o la retirada de lo que es o se está convirtiendo en un mal amenazante, la cólera dispone las energías vitales y las acrecienta para la superación, enfrentamiento o destrucción de los obstáculos; la tristeza supone la toma de consciencia de la dimensión del bien perdido, o de la presencia inevitable de un mal, para disponer el ánimo hacia la reorganización del psiquismo en una posible reposición de bienes posibles o de superación futura de la situación actualmente dolorosa; la alegría es la expresión afectiva de la posesión de un bien o de su posibilidad esperanzada…            

               Por esto es por lo que nunca considero que las emociones puedan ser malas, ni dañinas para el bienestar y el equilibrio psicológico: el miedo, la pena, la alegría, la rabia, el displacer, el amor, la aversión…son movimientos psíquicos necesarios y benéficos para el equilibrio de la mente y para la orientación vital de la persona en la existencia, lo mismo que los fenómenos de la naturaleza son necesarios para el equilibrio cósmico: frío, calor, lluvia, tormentas, vientos, tempestades…  

            La palabra “emoción  que deriva del latín “e-movere” , nos viene a significar que las emociones son como movimientos del espíritu para nuestra conducción adecuada entre los complicados vericuetos de esta vida, de la que estamos iniciando el nuevo trayecto del 2008.

 

Miércoles, Diciembre 26th, 2007

          En estos días felices de la Navidad se nos ha recordado reiteradamente -pues es lo que justifica estas fiestas- lo que nos dijo el Primer Libro, el Biblos: que la Palabra es lo que existió desde el principio y que por la Palabra se ha hecho todo lo que existe, y que la Palabra (Verbum, Logos) se vino, como algo nuestro, a habitar entre nosotros…

          Y he venido recapacitando y meditando en que ser humano es, por esencia, un ser metafísico; es decir que está abocado a trascender lo físico, lo material, lo perceptible, y a extra-limitarse. Y que este fenómeno de trascendencia y extra-limitación (simbolizado en estos días en la magia de las luces, los festejos, y las palabras ambles que nos dedicamos) lo realiza, como “por excelencia” -gracias al don soberano de la palabra que posee (o por el que está poseído)- el poeta, el “vate”, el iluminado, el que habla y canta en representación de todos los demás. Y es así porque la palabra poética es la que se libera de las contaminaciones del uso cotidiano y vulgar, la que sigue siendo palabra primal e inocente, la que “existía desde el principio de los tiempos” y que recupera en la voz del poeta su aura de inocencia, de profundidad y de trascendencia. La palabra poética es la culminación creativa de la transparencia metafísica, “La transparencia, dios, la transparencia” del clamor de Juan Ramón Jiménez. Y en este escenario anual de la Navidad todos somos un poco poetas, transparentes y transcendidos…

          Es ese encuentro metafísico en el espacio intemporal de la palabra, lo que confiere al presente la dimensión de lo permanente, y a lo concreto, dimensionable en el espacio y en el tiempo, la dimensión de lo atemporal y de lo eterno. Porque “cada vez que digo una palabra se hace un milagro”, dijo el poeta Luis Rosales. Y es que morirá una madre, todas morirán algún día, pero seguirán existiendo, inextinguibles y plenas, en el interior incesante de la palabra “Madre”.

         De alguna manera, todo lo que nosotros reconocemos, y con lo que pensamos y vivimos, de cuanto existe, es elaboración y magia del lenguaje. Dice también el poeta Luis Rosales: “Cada vez que se dice, por vez primera, una palabra se ensancha el mundo conocido”,y cuando digo la palabra envidia el mundo amarillea”, “y al pronunciar la palabra azucena se va abriendo una flor

          Todo esto lo corrobora el filósofo Kirkegard: “La realidad no existe: la construimos con nuestras palabras”. El Adán que pervive dentro de cada uno de nosotros, al darle el nombre a cada cosa, igual que en aquel Edén inaugural, le va delineando su entidad, le va concediendo su peso de valor, la va distinguiendo, identificando, comprendiendo, interiorizando… , dentro de ese espacio divino de su mente donde el mundo es reiteradamente creado y recreado, descubierto, reorganizado, retocado y embellecido (por eso los griegos le llamaron “cosmos”, de donde viene nuestra palabra “cosmética”, que significa lo que embellece). Yahvé Dios no dejó su obra completa. Quiso que el hombre, el Adán y la Eva que somos cada uno de nosotros, la fuéramos completando y embelleciendo día a día, para poder ser felices en él, con la herramienta primordial –“por la que todo fue hecho”- : con la Palabra.

          Así cantó Juan Ramón a la palabra pura, original y trascendente: “¡Palabra, cáliz único, / único pecho, urna sola, / el olor de una rosa / es en ti el de todas las rosas, / la voz de una mujer, / la voz de todas las mujeres, / el de una luz, el de las luces todas; / palabra, eterno olor, eterna luz, / música eterna!”.

Martes, Diciembre 18th, 2007

                Precioso el relato, Antonio, de tu viaje bajo la lluvia, abriéndote paso en coche entre  luces horizontales, contemplando un mar con camisa gris de rayas blancas, sin cielo que le guiñase estrellas, dejando atrás “el ómnibus perdido” de John Steinbeck, pensando en eso tan normal y sencillo del paisaje “que casi siempre habla sin ruidos”, dices (a veces con truenos y zumbidos espirales de tornados, digo yo); de ese paisaje –qué bellamente lo dices- que siempre “nos habla y nos cuenta historias”…

                Es verdad, Antonio, el paisaje nos habla con imágenes, como la mejor Publicidad de nuestra supertecnificada Sociedad de Consumo, pero sin manipularnos: Sin crearnos necesidades artificiales para ofrecer enseguida ofertas de falsa satisfacción inmediata al insaciable deseo de nuestra condición de seres anhelantes (como nos definió Píndaro, cinco siglos antes de nuestra era); sin hacernos confundir “felicidad” con “satisfacción”, como si la felicidad estuviera en las masivas “satisfacciones” de la oferta publicitaria, cuando la palabra satisfacción deriva del término latino “satis” (“ya tengo bastante”, “no quiero más”, significa), cuando el “truco” de la Publicidad  y su efectividad consiste precisamente en hacernos sentir que “nunca tengo bastante”;  sin hacernos creer, sobretodo, que “soy más cuanto más tengo”, con la añagaza del reloj “Viceroy”, “no por lo que tengo sino por lo que soy”, cuando el valor de “lo que soy” va a depender de la adquisición de ese reloj que se nos publicita con el misterio de Antonio Banderas…

               De todo esto les hablé hace pocos días a los simpáticos reporteros de Canal Sur TV, para el programa “Los Reporteros” que se retransmitirá el día 21, con la intervención también de José Antonio Marina.

                Amigo Antonio Espinosa, ahora que estás en la “normalidad de la vida”, a dos días de “ese atardecer en el que el mar era gris y blanco”, quiero decirte que, además de buen científico y buen catedrático de farmacia, eres un buen escritor y descriptor…