Domingo, Febrero 3rd, 2008
“POR LOS ANTIGUOS SURCOS…”
****A la primera parte del libro la hemos titulado PRELUDIO, que por su etimología significa “antes de jugar”, porque es el inicio de ese “juego” de vivir del que nosotros presentamos un testimonio en estas páginas: un juego con sus reglas y normas, donde se gana y se pierde, se acierta y se yerra. Pero en latín, como en francés, “jugar” significa también representar y asumir los papeles en una obra teatral, así como la preparación musical con que se inicia un concierto o una ópera. Y también eso quiere ser esta historia de vida que pretendemos narrar, en lo que tiene de representación personal y de creatividad para hacer frente y armonizar sus diversas circunstancias y sus imprevisibles retos.
En el frontal de la página hemos incluido un texto de Sándor Márai, uno de los novelistas actualmente más apreciados y lúcido testigo de nuestros tiempos recientes:
“Yo he llegado a pensar que la amistad es un lazo parecido a la unión fatal de los gemelos. Esa peculiar correspondencia de las vocaciones, de las simpatías, de los gustos, de los aprendizajes, de las emociones ata a dos personas y les asigna un mismo destino. Hagan lo que hicieren contra el otro, sus destinos seguirán siendo comunes. Huyan donde huyeren, seguirán sabiendo uno del otro todo lo que les resulte importante. Ya elijan un nuevo amigo o una nueva amante, no se librarán de sus vínculos sin el permiso secreto y tácito del otro. El destino de estas personas transcurre así, de manera paralela, aunque el uno se aparte del otro y se vaya muy lejos, al trópico, por ejemplo.”
“EL ÚLTIMO ENCUENTRO” (Sándor Márai)
PRELUDIO
LAS HUELLAS DEL CAMINO…
“Caminante, son las huellas el camino
y nada más. (Antonio Machado)
Nunca he sabido exactamente si las circunstancias me determinaron a ser lo que soy, o es que yo, de alguna manera, he ido moldeando los acontecimientos que han determinado mi existencia. No sé si he sido un proyecto de ser, lúcidamente asumido, o he sido un simple resultado de elementos que han ido configurando un laberinto en el que he tenido, ineludiblemente, que encontrar la salida.
Lo que sí sé es que, por una de las salidas de ese laberinto, que es mi vida y que ahora pretendo recorrer, siguiendo los rastros y los surcos que mis pasos fueron dejando, encontré un compañero de camino, eso que se llama (y que es tan difícil de descifrar en toda la profundidad del significado) un amigo…
Y esto es lo que pretendo dilucidar y contar, mientras recorro los trayectos y las salidas, de ida y vuelta, a través de este laberinto feliz que ha sido mi vida…
AÑO 2007 LINARES (JAÉN)
Fernando: hace unos días, revolviendo viejos papeles, he encontrado tres cartas, amarilleadas ya por el paso del tiempo, pero escritas para ti con pasión intelectual y con emociones tumultuadas por tres sucesivos, sorprendentes, encuentros con retazos vívidos de tu voz amiga y recordada.
La primera fue como un desahogo de nostalgias tras leer tu entrañable libro “Viajes hacia uno mismo”. Debió de pulsar esta carta mía algunas de las cuerdas sensibles de tu “psique” porque la integraste como Epílogo en la 2ª edición. La segunda fue a propósito de la publicación de otro libro tuyo, “A corazón abierto”, también voz y presencia revividas. Y la tercera, cuando me enviaste, dedicado en latín, tu “Animal de Deseos”, uno más de tus hermosos libros autobiográficos.
Releo ahora la dedicatoria: “Tibi, caro meo amico, Josepho Mariae, in longo itinere comiti…” (Para ti, querido amigo José Mª, compañero en un largo camino…). Para eso, para retomar ahora camino y compañía, tras tantos recodos de polvo y nubes que distanciaron nuestros encuentros y esa nuestra amistad, amasada durante tan intensos y ya lejanos años, voy a transcribirlas, las tres, para continuar así esta nueva correspondencia, recién iniciada bajo los soles ponientes de nuestras vidas, que va a recorrer a la inversa las sendas, hasta aquella primeras “tardes azules” de nuestra recuperada juventud…
PRIMERA CARTA: 3 de Febrero, 1997
(CONTINUARÁ…)