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	<title>Comentarios en: </title>
	<link>http://blogs.enplenitud.com/confesionesdeunpsicoterapeuta/2007/12/26/108/</link>
	<description>Confidencias,reflexiones y relatos sobre temas diversos como el arte y la poesía, la lingüística, la política y la educación, sobre problemas psicológicos o psicopatológicos, sobre las emociones y las pasiones, sobre las utopías, las ilusiones, los sueños, los valores, a medida que van surgiendo en mi vida cotidiana de  psicoanalista</description>
	<pubDate>Sun, 22 Nov 2009 00:28:06 +0000</pubDate>
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		<title>By: Antonio Espinosa</title>
		<link>http://blogs.enplenitud.com/confesionesdeunpsicoterapeuta/2007/12/26/108/#comment-8229</link>
		<author>Antonio Espinosa</author>
		<pubDate>Tue, 08 Jan 2008 15:29:39 +0000</pubDate>
		<guid>http://blogs.enplenitud.com/confesionesdeunpsicoterapeuta/2007/12/26/108/#comment-8229</guid>
		<description>Después del ajetreo de la vida familiar intensa e indescriptible, un fenómeno que aunque año tras año sucede jamás es repetible, me reincorporo al ágora, deseando un gran año para todos.
Mientras yo disfrutaba de la lluvia, ese meteoro que da impulso a la vida horizontal, de reflejos translúcidos, de protagonismo de las olas que se acercan con decisión para desvanecerse al tocar tierra, de predominio de los grises que invitan a la reflexión, mientras yo disfrutaba de ese mundo interior, alguien se empeñaba en hacernos creer que el mundo debe ser así o de esta otra manera, alguien se ofuscaba en hacernos creer que no existe más verdad que la que ellos proponen, ya sea una verdad religiosa, una certidumbre política, social o ambas a la vez. Entonces me llegaron a la mente, como impulsadas por una extraña fuerza oculta, llena de magia y de sutileza no buscada pero sí deseada, las palabras de Albert Einstein: Hay dos maneras de vivir la vida, la primera es creer que todo es un milagro, la segunda es considerar que nada es un milagro". Y la traigo aquí, al ágora, para su consideración. No se trata de una cuestión de palabrería más o menos refinada o acertada, sino de intencionalidad en lo que se dice. La vida, que nadie sabe qué es, se puede vivir de varias maneras, dos para el eminente científico. No se trata de que haya diferentes formas de vida, sino de que se puede vivir de varias formas. Al final de su comentario, el padre de la teoría de la Relatividad, sentenció: "De lo que estoy seguro es de que dios existe". Dejo aquí el tema planteado, "aún existiendo dios, la vida se puede vivir de varias maneras".
Otro aspecto que me gustaría plantear hoy y aquí también es el que se deriva de la lectura del libro "El viento de la luna", de Muñoz Molina, en el que se plantea la imaginación como una forma de vivir la vida, no importa ni dónde ni cuándo. ¡Ay!, la vida soñada, imaginada, espontánea, ingenua, y no dirigida debe provocar un sentimiento de felicidad comparable con la que Einstein debió alcanzar cuando llegó a la conclusión que he citado más arriba.
Y yo lo traigo aquí porque creo que este mundo que nos rodea cada instante de nuestra vida está lleno de gente con poca imaginación y con gran tendencia a hacernos creer que "lo raro es vivir".
Que se cumplan vuestros sueños en este año, amigos/as del ágora</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Después del ajetreo de la vida familiar intensa e indescriptible, un fenómeno que aunque año tras año sucede jamás es repetible, me reincorporo al ágora, deseando un gran año para todos.<br />
Mientras yo disfrutaba de la lluvia, ese meteoro que da impulso a la vida horizontal, de reflejos translúcidos, de protagonismo de las olas que se acercan con decisión para desvanecerse al tocar tierra, de predominio de los grises que invitan a la reflexión, mientras yo disfrutaba de ese mundo interior, alguien se empeñaba en hacernos creer que el mundo debe ser así o de esta otra manera, alguien se ofuscaba en hacernos creer que no existe más verdad que la que ellos proponen, ya sea una verdad religiosa, una certidumbre política, social o ambas a la vez. Entonces me llegaron a la mente, como impulsadas por una extraña fuerza oculta, llena de magia y de sutileza no buscada pero sí deseada, las palabras de Albert Einstein: Hay dos maneras de vivir la vida, la primera es creer que todo es un milagro, la segunda es considerar que nada es un milagro&#8221;. Y la traigo aquí, al ágora, para su consideración. No se trata de una cuestión de palabrería más o menos refinada o acertada, sino de intencionalidad en lo que se dice. La vida, que nadie sabe qué es, se puede vivir de varias maneras, dos para el eminente científico. No se trata de que haya diferentes formas de vida, sino de que se puede vivir de varias formas. Al final de su comentario, el padre de la teoría de la Relatividad, sentenció: &#8220;De lo que estoy seguro es de que dios existe&#8221;. Dejo aquí el tema planteado, &#8220;aún existiendo dios, la vida se puede vivir de varias maneras&#8221;.<br />
Otro aspecto que me gustaría plantear hoy y aquí también es el que se deriva de la lectura del libro &#8220;El viento de la luna&#8221;, de Muñoz Molina, en el que se plantea la imaginación como una forma de vivir la vida, no importa ni dónde ni cuándo. ¡Ay!, la vida soñada, imaginada, espontánea, ingenua, y no dirigida debe provocar un sentimiento de felicidad comparable con la que Einstein debió alcanzar cuando llegó a la conclusión que he citado más arriba.<br />
Y yo lo traigo aquí porque creo que este mundo que nos rodea cada instante de nuestra vida está lleno de gente con poca imaginación y con gran tendencia a hacernos creer que &#8220;lo raro es vivir&#8221;.<br />
Que se cumplan vuestros sueños en este año, amigos/as del ágora</p>
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		<title>By: Marina Segura</title>
		<link>http://blogs.enplenitud.com/confesionesdeunpsicoterapeuta/2007/12/26/108/#comment-7662</link>
		<author>Marina Segura</author>
		<pubDate>Mon, 31 Dec 2007 16:46:09 +0000</pubDate>
		<guid>http://blogs.enplenitud.com/confesionesdeunpsicoterapeuta/2007/12/26/108/#comment-7662</guid>
		<description>Con palabras, escritas en algo tan etéreo como este medio, que más parecen señales de humo; quiero enviaros mis deseos de salud y alegría a todos los participantes del Blog. Espero que la comunicación, por el medio que sea, se mantenga entre todos: para sentirnos hojas de un mismo árbol, gotas de una misma lluvia, colores de un mismo arco iris...
¡Un venturoso 2008 para todos!
Besos,
Marina</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Con palabras, escritas en algo tan etéreo como este medio, que más parecen señales de humo; quiero enviaros mis deseos de salud y alegría a todos los participantes del Blog. Espero que la comunicación, por el medio que sea, se mantenga entre todos: para sentirnos hojas de un mismo árbol, gotas de una misma lluvia, colores de un mismo arco iris&#8230;<br />
¡Un venturoso 2008 para todos!<br />
Besos,<br />
Marina</p>
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	<item>
		<title>By: José María Carrascosa</title>
		<link>http://blogs.enplenitud.com/confesionesdeunpsicoterapeuta/2007/12/26/108/#comment-7376</link>
		<author>José María Carrascosa</author>
		<pubDate>Thu, 27 Dec 2007 12:26:31 +0000</pubDate>
		<guid>http://blogs.enplenitud.com/confesionesdeunpsicoterapeuta/2007/12/26/108/#comment-7376</guid>
		<description>Especialmente, Fernando, me ha cautivado el análisis que, con motivo de la Navidad, haces de la palabra: lo que existió desde el principio, la que hizo lo que existe, la que habitó entre nosotros... En una reflexión ajustada y fina das a la palabra, sobre todo a la poética, la transparencia de lo trascendente. Y todos, en estos días navideños, somos transcendentes en el sentimiento, porque todos tocamos, aunque sea débilmente, el  misterio poético en la inocencia y profundidad de lo que nos trasciende.

El carácter metafísico que conlleva el poder “decir” la palabra, es importante no sólo en “el Libro”, como tú señalas, sino en toda la literatura y tradición oriental. En el fondo, pronunciar la “Palabra”, manifestar el “Logos”, encierra un contenido que va más allá de un   simple y sencillo “decir”. 

En los antiguos pueblos orientales y en las culturas primitivas, la palabra no era sólo la expresión de un pensamiento o de un deseo. Era mucho más: el “verbo” se convertía en un objeto concreto que existía realmente. Era eficaz por sí mismo y estaba cargado con la fuerza del alma que lo pronunciaba. 

“Pensar” y “Hablar”, en estas culturas, derivan de la misma raíz y se designan con idéntico término: hablar es manifestar lo que el corazón expresa. La palabra no es sólo un sonido. Es algo invisible, pero real: igual que el aliento que, juntamente con la palabra, abandona la boca. Es espíritu vital. Cuando ha sido dicha, subsiste en sí misma. Es eficaz. Por esto, en la tradición oriental, la bendición o la maldición que se dice con la palabra, no puede revocarse. Vive en sí y por sí misma. Subsiste.

Este sentido filosófico y metafísico de la palabra, envuelve su decir en un decir poético: la palabra ensancha el mundo conocido,  construye realidades, todo se hace por ella... Este es el sentido mistérico y sacro, a la vez que poéticamente cosmogónico, de la palabra bíblica: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios... Todo fue hecho por ella y sin ella nada se hizo...” (Juan 1,1). Hermosa perífrasis para expresar y concretar una profunda y misteriosa hipóstasis... 

En la narración bíblica de la “palabra creadora”, hay un concepto de base alejandrino-plotiniano (no es ahora el momento de profundizar en ello), hondamente metafísico: Dios se hace logos, vive en la palabra, es en ella. Se convierte así, mediante la Palabra, en realidad y actividad creadora: une, mágicamente, lo “uno” eterno con lo “múltiple” temporal. Verifica en su esencia, una y creadora, una perfecta identidad hipostática en la que  su ser y su aliento creador “emanan” de su “alma”. 

El poeta bíblico lo dijo así: el “Verbo”,  la “Palabra”,  “se hizo carne y plantó su tienda entre nosotros”. En Navidad, el Niño es  la Palabra poética, sacra, metafísica que se dice a los hombres.  Es la explicación mistérica del papel recreador de  Dios entre nosotros.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Especialmente, Fernando, me ha cautivado el análisis que, con motivo de la Navidad, haces de la palabra: lo que existió desde el principio, la que hizo lo que existe, la que habitó entre nosotros&#8230; En una reflexión ajustada y fina das a la palabra, sobre todo a la poética, la transparencia de lo trascendente. Y todos, en estos días navideños, somos transcendentes en el sentimiento, porque todos tocamos, aunque sea débilmente, el  misterio poético en la inocencia y profundidad de lo que nos trasciende.</p>
<p>El carácter metafísico que conlleva el poder “decir” la palabra, es importante no sólo en “el Libro”, como tú señalas, sino en toda la literatura y tradición oriental. En el fondo, pronunciar la “Palabra”, manifestar el “Logos”, encierra un contenido que va más allá de un   simple y sencillo “decir”. </p>
<p>En los antiguos pueblos orientales y en las culturas primitivas, la palabra no era sólo la expresión de un pensamiento o de un deseo. Era mucho más: el “verbo” se convertía en un objeto concreto que existía realmente. Era eficaz por sí mismo y estaba cargado con la fuerza del alma que lo pronunciaba. </p>
<p>“Pensar” y “Hablar”, en estas culturas, derivan de la misma raíz y se designan con idéntico término: hablar es manifestar lo que el corazón expresa. La palabra no es sólo un sonido. Es algo invisible, pero real: igual que el aliento que, juntamente con la palabra, abandona la boca. Es espíritu vital. Cuando ha sido dicha, subsiste en sí misma. Es eficaz. Por esto, en la tradición oriental, la bendición o la maldición que se dice con la palabra, no puede revocarse. Vive en sí y por sí misma. Subsiste.</p>
<p>Este sentido filosófico y metafísico de la palabra, envuelve su decir en un decir poético: la palabra ensancha el mundo conocido,  construye realidades, todo se hace por ella&#8230; Este es el sentido mistérico y sacro, a la vez que poéticamente cosmogónico, de la palabra bíblica: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios&#8230; Todo fue hecho por ella y sin ella nada se hizo&#8230;” (Juan 1,1). Hermosa perífrasis para expresar y concretar una profunda y misteriosa hipóstasis&#8230; </p>
<p>En la narración bíblica de la “palabra creadora”, hay un concepto de base alejandrino-plotiniano (no es ahora el momento de profundizar en ello), hondamente metafísico: Dios se hace logos, vive en la palabra, es en ella. Se convierte así, mediante la Palabra, en realidad y actividad creadora: une, mágicamente, lo “uno” eterno con lo “múltiple” temporal. Verifica en su esencia, una y creadora, una perfecta identidad hipostática en la que  su ser y su aliento creador “emanan” de su “alma”. </p>
<p>El poeta bíblico lo dijo así: el “Verbo”,  la “Palabra”,  “se hizo carne y plantó su tienda entre nosotros”. En Navidad, el Niño es  la Palabra poética, sacra, metafísica que se dice a los hombres.  Es la explicación mistérica del papel recreador de  Dios entre nosotros.</p>
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