Precioso el relato, Antonio, de tu viaje bajo la lluvia, abriéndote paso en coche entre luces horizontales, contemplando un mar con camisa gris de rayas blancas, sin cielo que le guiñase estrellas, dejando atrás “el ómnibus perdido” de John Steinbeck, pensando en eso tan normal y sencillo del paisaje “que casi siempre habla sin ruidos”, dices (a veces con truenos y zumbidos espirales de tornados, digo yo); de ese paisaje –qué bellamente lo dices- que siempre “nos habla y nos cuenta historias”…
Es verdad, Antonio, el paisaje nos habla con imágenes, como la mejor Publicidad de nuestra supertecnificada Sociedad de Consumo, pero sin manipularnos: Sin crearnos necesidades artificiales para ofrecer enseguida ofertas de falsa satisfacción inmediata al insaciable deseo de nuestra condición de seres anhelantes (como nos definió Píndaro, cinco siglos antes de nuestra era); sin hacernos confundir “felicidad” con “satisfacción”, como si la felicidad estuviera en las masivas “satisfacciones” de la oferta publicitaria, cuando la palabra satisfacción deriva del término latino “satis” (“ya tengo bastante”, “no quiero más”, significa), cuando el “truco” de la Publicidad y su efectividad consiste precisamente en hacernos sentir que “nunca tengo bastante”; sin hacernos creer, sobretodo, que “soy más cuanto más tengo”, con la añagaza del reloj “Viceroy”, “no por lo que tengo sino por lo que soy”, cuando el valor de “lo que soy” va a depender de la adquisición de ese reloj que se nos publicita con el misterio de Antonio Banderas…
De todo esto les hablé hace pocos días a los simpáticos reporteros de Canal Sur TV, para el programa “Los Reporteros” que se retransmitirá el día 21, con la intervención también de José Antonio Marina.
Amigo Antonio Espinosa, ahora que estás en la “normalidad de la vida”, a dos días de “ese atardecer en el que el mar era gris y blanco”, quiero decirte que, además de buen científico y buen catedrático de farmacia, eres un buen escritor y descriptor…

























Diciembre 18th, 2007 at 5:10 pm
Gracias, Fernando, por tus amabilísimas palabras. Es de amigos ser parciales. Gracias por tu parcialidad que quiere decir, gracias por tu amistad.
Hoy he dado un paseo por la bella Granada; no era el mejor día para dar esa caminata por las calles céntricas pero sin detenerme a ver escaparates. Solamente me apetecía caminar y lo he conseguido. Un pensamiento ha acudido a mi mente, cansada de tanto raciocinio y tanta química, la normalidad de la gente que se cruzaba en mi camino. Gente normal, como la vida, como la belleza, como la poesía. Un señor provisto de abrigo, bufanda, guantes y ojos llenos de un frío que para mí no existía, una pareja de novios, mejor una pareja a secas, que conversaban y reían sin decir nada, una señora cargada de bolsas de compras para sus majestades los RRMM, o Papá Noel, puedan realizar el milagro anual. Desde una céntrica farmacia alguien me ha saludado agitando el brazo y llenando su cara con una amplia sonrisa, (gracias por ese saludo), etc. Entonces recordé una anécdota que me ocurrió a mí como uno de los protagonistas pasivos; os cuento, una chica hippy se encontraba tocando una pandereta y al verme se acercó y me dijo, ¿podría echarme una sonrisa, por favor?, entonces me di cuenta de que la gente es normal, sea cual sea su apriencia, y que yo era el extraño que iba caminando sin que mi cara reflejara esa felicidad a la que todos debemos aspirar. Le “eché” la sonrisa, claro, y me detuve a hablar con ella. Aprendí más de lo que yo podría imaginar. Sí, amigos, la gente es magnífica, lo que no deja de ser algo normal. Entonces se me ocurrió la feliz idea de, al llegar a casa y ponerme cómodo, escribir un poema. Lo titulé Gente, como no. Y ahora os lo dedico a todos como homenaje sentido y silencioso a esa gente normal que llena el mundo.
Gente
Camino y tropieza con buenas gentes
que enseñan cómo se vive la vida,
¡qué fácil es que no sea aburrida!,
gozar se debe bebiendo de fuentes
de agua viva, saboreando lo que no sabe,
oliendo el no olor y el no amor amando,
que en el amor de uno todo cabe
mas en el de dos siempre se está caminando
para encontrar lo perdido. Vivir es sencilla cosa,
vive el mar y nadie lo mueve, y el aire quieto
vida da. Vive todo lo que vivir quiere, y la rosa
y la gaviota, y miro al mar y preguntarle quiero
¿por qué vive el mar y la rosa y yo muero
por vivir y otros se empeñan en verme serio?
Esto no es un poema, es un grito de amistad. Por ello os pido clemencia.
Gracias de nuevo. Hago lo que puedo.
Diciembre 20th, 2007 at 3:35 pm
Voy a abandonar estos días navideños la manera “filosófica y sesuda” de escribir en el blog. Estos días se merecen otra prosa y otro cantar. Por eso, para rimar con lo que dice el ángel y el viento, en esta noche amanecida, cuando nuestras estrellas titilan con brincos de amor y gozo, felicitémonos todos en esta Navidad. ¡Felices días a todos!
Y es obligado, cuando nuestra alborada comienza a ser azul, escuchar las palmas, las campanas, los pájaros y el cantar del pastorcillo, que narra un acontecimiento, repetido año tras año: el de un Niño, envuelto en pañales, reclinado en un pesebre… ¡Un Niño que es un “pimpollo”…!
Tú y yo, Fernando, conocimos hace tiempo el acontecimiento, de labios, entre otros, de Luís Rosales:
“VENID ALBA, VENID; VED EL LUCERO / DE MIEL, CASI MORENA, QUE TRASMANA / UN RUBOR SILENCIOSO DE MILGRANA / EN COPA DE GRANADO PLACENTERO./ LA FRENTE COMO SAL EN EL ESTERO, / LA MANO AMIGA COMO LUZ CERCANA, / Y EL LABIO EN QUE DESPUNTA LA MAÑANA / CON SONRISA DE ALMENDRO TEMPRANERO”.
Y hace un par de días, para sintonizar más con estos días de tradición y júbilo, fui a visitar una exposición de Belenes, que hay en este “paraíso interior” de Linares, donde vivo y soy: recreaciones de musgo y de cartón de pequeñas ciudades palestinas… Un riachuelo, que no puede faltar en Belén que se precie, surcaba, ajeno a cualquier verosímil realidad orográfica, unas montañas hechas de cartón piedra. Un artesano, con cortos movimientos, sincronizados mecánicamente, amasaba su pan de cada día, mientras su horno, perdido en la alta montaña de aquel lejano y misteriosos pueblo palestino, despedía un humo gris por una chimenea encalada de blanco…
Los Magos ya bajaban, lentos, a fin de no llegar antes del tiempo marcado por la estrella, con camellos de barro, cargados con sus mil baratijas… Abandonaban el castillo de Herodes… Los pastorcillos arreaban sus corderos hacia el aprisco, para pasar la noche… Toda la luz de ocasos y de estrellas se derramaba sobre un portal en el que un Niño, entre pañales, era acunado por su madre… Allí, testigo del acontecimiento, José. También, una mula pequeña y un buey negro, estampado con alguna que otra mancha blanca.
“¡VENID, ALBA, VENID; Y EL MUNDO SEA / HENO QUE COBRA RESPLANDOR Y BRÍO / EN SU MIRAR DE ALONDRA TRANSPARENTE, / AURORA DONDE EL CIELO SE RECREA! / ¡AURORA TÚ, QUE FUISTE COMO UN RÍO, / Y DIOS PUSO LA MANO EN LA CORRIENTE!”
Visitando el mismo belén que yo veía, lo hacía un colegio de niños que gritaban, reían y cantaban, no muy entonados, por cierto, aquello de:
“… PERO MIRA CÓMO BEBEN / LOS PECES EN EL RÍO, / PERO MIRA CÓMO BEBEN / POR VER AL DIOS NACIDO… / BEBEN Y BEBEN Y VUELVEN A BEBER / LOS PECES EN EL RÍO / POR VER A DIOS NACER…”
Y seguía Luís Rosales, ¿lo recuerdas., Fernando?:
“DICEN QUE EL NIÑO HA NACIDO, / Y EL CORAZÓN EN LA BRISA / TIENE UNA FIESTA IMPRECISA / DE CAMPANARIO SIN NIDO…; / SIEMPRE HAY UN NIÑO DORMIDO / JUNTO AL SILENCIO…; VIVIR SIN DESPERTARLE NI HERIR / CON LA NIEVE SU GARGANTA…: /CALLAR, ES LA NOCHE SANTA, / NO LA DEBEMOS DORMIR…”
Belenes de juguete en el salón de estar de casas familiares… Todos alrededor, tocando la zambomba, haciendo sonar con alegría las viejas panderetas, usadas ya en años anteriores… Todos, junto al “portal”, decorado con alegría por grandes y pequeños, celebrando “aquesta” noche santa…
Aquel Belén antiguo, familiar, y su recuerdo hoy, era la lección plástica, la catequesis doctrinal, que pretendía acercar al hombre a los misterios santos…
Góngora, ya en 1621, describía el “misterio” así:
CAÍDO SE LE HA UN CLAVEL / HOY A LA AURORA DEL SENO:
¡QUÉ GLORIOSO QUE ESTÁ EL HENO, / PORQUE HA CAÍDO SOBRE ÉL!
CUANDO EL SILENCIO TENÍA / TODAS LAS COSAS DEL SUELO, /
Y, CORONADA DEL YELO, / REINABA LA NOCHE FRÍA, /
EN MEDIO LA MONARQUÍA / DE TINIEBLA TAN CRUEL,
CAÍDO SE LE HA UN CLAVEL / HOY A LA AURORA DEL SENO:
¡QUÉ GLORIOSO QUE ESTÁ EL HENO, / PORQUE HA CAÍDO SOBRE ÉL!
Diciembre 20th, 2007 at 6:31 pm
Amigos del Ágora, parece que hemos tenido la misma idea, con herramientas diferentes, José María y yo. Os he escrito este pequeño relato o Cuento de Navidad para felicitaros. Ha sido una cosa muy espontánea, nada pensado, sólo escrito
Cuento de Navidad
Parecía que el río estaba cansado y no tenía ganas ni fuerzas para seguir su camino hasta el sitio en el que sólo vive el agua. Y la gente que lo contemplaba también parecía encontrarse bajo el influjo de un conjuro, una maldición o un encantamiento que nada más podría resolverse con el beso de la persona amada. Todo era quietud allí; ni siquiera las amarillas hojas, escasas y bellas, que cuelgan de los tilos que ladean al río, se atrevían a realizar movimiento alguno. Aquello no era un paisaje natural sino una acuarela perfecta, pintada por una mano muy diestra, un cuadro realizado por encargo para una persona de exquisito gusto. Hasta que un mirlo salió volando y abandonó el silencio y la quietud que le correspondían en aquel paisaje idílico. Un viejo había tosido y ése fue el aldabonazo. Un viejecillo sentado en el banco que guardaba al río por el lado que encara al sol poniente, tosió, una vez solamente, pero tosió y el encantamiento se deshizo como si alguien hubiera dado el primer beso de amor. Los novios que siempre necesitan del río para demostrarse su amor, comenzaron a caminar río abajo, al ritmo y velocidad del agua, como queriendo llegar antes que ella al sitio donde sólo vive el agua. El agua y el amor. Fue una tarde como otras tardes otoñales, pero ésta pareció diferente y nadie sabría encontrar una respuesta. ¿Qué fue lo que produjo el encantamiento?
He pensado mucho en ello porque yo formaba parte de aquella acuarela. Perdón, pero debo toser de nuevo, mis pulmones no dan para más. Sí, he pensado mucho en aquel momento, un instante de eternidad lo llamo yo. Alguien me ha dicho que aquello sucedió un 25 de diciembre, pero yo no me lo quise creer.
Felicidades, amigos del Ágora