Ya que estáis hablando tan elocuentemente y sabiamente sobre el conocimiento versus la imaginación, la realidad versus la fantasía, quiero intervenir apelando a una experiencia universal: Que las ofertas cotidianas de la realidad (las que nos aporta la ‘experienciación’ real y palpable de cada día), nunca han sido suficientes para colmar nuestros insaciables deseos…
Porque la felicidad, que tan ansiosamente todos buscamos y perseguimos, como al rayo de luna de la leyenda de Bécquer, no está tanto en las cosas reales, sino en el deseo de ellas; no está en lo que encontramos y palpamos, sino en lo que esperamos y ’esperanzamos’; que no está lo que nos acontece, sino en la nostalgia de lo que nos había acaecido, o en la ilusión encendida de lo que vendrá… Que no está -¡caramba!- en la realidad tangible. Sino en las ‘creaciones’ de los sueños…
(Bueno, si queréis me lleváis la contraria, que seguro que también tenéis razón)
Sigo apelando a experiencias: Que no brota el venero de la felicidad de lo que se analiza, se comprende, se conoce y se abarca por la razón; sino de lo que se vislumbra, se perfila, se recompone y se embebe con la imaginación.
Es decir: que no brota la felicidad de lo ‘creado por Dios’ (no os enfadéis conmigo), la “Infinitud Omnipotente” que dice José Mª, sino de lo que crea, o re-crea, o inventa, o transforma, gracias a su fantasía, ese ‘dios’ que somos cada uno de nosotros… Lo dijo nada menos que San Pablo: “zeoi esmen” (en fonemas griegos, claro)
No reside la emoción gozosa en lo objetivamente bello, sino en lo fascinante; no en lo que gusta, sino en lo que ‘alucina’, en lo que enamora, embelesa, y deleita…
La realidad no puede reducirse al conocimiento racional que obtenemos de las cosas reales. El conocimiento tiene que quedar sobrepasado y sobreabundado por la invención, la fantasía, la esperanza y los sueños. “Que mi palabra sea la cosa misma / creada por mi alma nuevamente…”, rezó el poeta Juan Ramón.
La fantasía, la magia, la ilusión (más que la realidad, que también), es lo que nos hace encontrarnos, transcendernos, infinitizarnos, y…llegar a ser, auténticamente, nosotros mismos. No sé quién fue el que lo dijo, pero tenía mucho de razón y de realidad: que “estamos hechos de la sustancia de los sueños…Que somos lo que soñamos ser…”.
Y yo, además, me quedo con el “canto amarillo del canario”…

























Octubre 26th, 2007 at 5:13 am
Fernando nos despierta con su poética visión de la necesidad humana y vital de soñar e ilusionarse, con la que creo que todos , en mayor o menor medida, estamos de acuerdo. Otro cantar es debatir sobre ello. En eso, como es lógico, se escuchan diferentes voces, con sus correspondientes registros.
LA mía susurra esta mañana soleada:
Más allá de mí
hay un deseo.
Y, mientras trepa hacia él
mi verde alma,
consigo ser, sin serlo,
el que lo alcanza.
Octubre 27th, 2007 at 12:06 pm
Esta nueva variante de nuestra digresión sobre Vida, Felicidad, etc., me ha permitido descubrir, al menos, un par de cosas que antes no sabía: un Fernando poético -que ya sospechaba- y una Faustina que escribe como los ángeles. Hoy me he enriquecido. Gracias.
Leyendo “Hoy, Júpiter” de Luis Landero, que os recomiendo, dos frases se han alzado del resto del texto, como llamas de verano, altas, inextinguibles, devoradoras, que me han alcanzado de lleno. Las traigo aquí por si queréis opinar ya que están ahiladas con lo que venimos manteniendo como hilo conductor de nuestro diálogo.
“Felicitate corrumpitur”, La felicidad corrompe, que no sé de quién es. Y yo me pregunto si puede corromper ese anhelo, esa ansia, ese deseo de felicidad que, según Fernando es la propia esencia de la felicidad.
Por otro lado, el autor hace alusión a Montaigne, quien sigue en la misma línea: “Hay que embridar el pensamiento, ocupándolo en asuntos concretos, para que no desboque hacia difusas y torpes entelequias”. No sé si9 he entendido bien a Montaigne, pero yo deseo un pensamiento libre como el viento y quiero tener siempre el mismo deseo que hace a Faustina sentirse, sin serlo, el que alcanza lo buscado.
Feliz tarde de sábado, amigos y amigas
Octubre 27th, 2007 at 3:27 pm
Junto al alma verde y trepadora de Faustina, he estado pensando que la palabra ‘ilusión’, ensarta, por su etimología, con lo lúdico, con el juego. Estar ilusionado es un modo de jugar, de permanecer gozosamente niño. Pero también enraíza etimológicamente con ‘lo ilusorio’, con lo que está fuera del alcance de las posibilidades reales y, sin embargo, nos empeñamos en alimentarnos de ello (que es el temor que hacía embridar el pensamiento de Montaigne: el de ser iluso). Pero también están fuera de nuestro alcance las estrellas. Y ¿qué hay más íntimo, o más cálido en el corazón humano que el fulgor dorado de una estrella?.
En alguno de mis libros dejé escrito esto: ‘No te empeñes en buscar la felicidad, porque no existe. No es nada fuera de ti….Empéñate, cada día, en sembrarla con ilusión, cultivarla con paciencia, re-crearla con júbilo, como una flor, en el jardín divino de tu mente’. Y así llegará hasta tu alma la Estrella de plata de la los elegidos. Y todo el mundo será mejor, más completo, más esperanzado, más bello…
Octubre 28th, 2007 at 7:01 am
Hoy mi cielo es azul. El viento alto se llevó las nubes de tormenta de ayer. Por eso, es posible, hoy, respirar aire limpio con “pensamiento libre”. Es posible vivir en la esperanza de alcanzar con “ilusiones plenas”, lo buscado… Todavía, titila lejos una “estrella” inapagable. La vida, así, sin duda, puede ser “ilusionante”.
Hemos hablado estos días, sobre la Vida, la Felicidad, el Conocimiento Creativo, la Imaginación Re-creadora, la Creación y las etimologías correspondientes. Para cerrar el ciclo de estos temas, metafísicos y conceptualmente importantes, aporto dos citas que pueden servir de colofón a nuestras disquisiciones, antes de que “el entendimiento se nos desboque hacia difusas y torpes entelequias…”
Goethe, a principios del XIX, decía: “La más hermosa suerte del hombre que piensa es haber investigado lo investigable y venerar tranquilamente lo inescrutable”.
Werner Sombart, por su parte, ya en el XX, lo expresaba así: “La niña ya no considera a su muñeca como a la princesa misma. Ve en ella, simplemente, a una digna señora… Pero el impulso por saber de la niña, sigue más adelante: quiere saber qué es “realmente” la muñeca y corta el cuero que envolvía su cuerpo… Y salen a la luz aserrín, algodón…”.
Es posible que cuando los hombres olvidan la magia y el encanto que envuelve lo que “hay”, diluyan lo existente en parcelas de realidad que nunca colman lo que el hombre quiere. En el conocimiento no solo hay procesos “creacionales” que justifiquen el hallazgo cognoscitivo; siempre hay, también, amor y… siempre lo humano de los sueños puede llegar a ser inescrutable.
Concluyo con una frase de Eurípides en “Las Bacantes”: “El conocimiento científico no es sabiduría si olvida los límites de lo humano”. Conocer, no solo es “apoderarse del mundo”. Es vivenciar la totalidad de lo latente que habita dentro de él.
Octubre 28th, 2007 at 1:59 pm
En este ágora informático creo que debo leer mucho y escribir poco, pero como alguna vez me han cuestionado por qué no participo en él, ahí va una humilde aportación que me hace sentir mucha vergüenza en estos momentos.
Cuentan que una vez se reunieron unos cuantos, con ganas de hacer la puñeta, y discutieron sobre dónde esconder a la Felicidad, para que el ser humano no la encontrara; dicen que la decisión final fue colocarla en lo más interior de cada persona.
Y recuerden: “No hay un luego, ni un camino para la felicidad, la felicidad es el camino y es ahora… Atesora cada momento que vives”.