Es el momento de contemplar la vida”, nos dice Antonio, el investigador catedrático. Y he estado intentando reajustar mi perspectiva de enfoque frente a lo más real de la realidad…

 

 He constatado que las cosas más importantes que pueden sucedernos en la vida no dependen de lo que aprendimos en  la escuela ni en la universidad, ni son el fruto de nuestro razonamiento, de nuestro dinero, o de nuestra madurez profesional. Que de tanto aprender a pensar, a calcular y a proyectar, casi nos olvidamos  de “contemplar la vida”: de vivirla, de sentirla y de disfrutar de lo que la vida nos ha proporcionado, de –como en el poema que nos aporta Antonio- “recorrer descalzo el camino hasta llegar a niño”…

 

Pero…”todos queremos más”. Dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo a hacer planes adquisitivos y a concebir nuestro futuro, en la creencia de que el futuro va a ser eso que proyectamos. Pero, de tanto trasladarnos a un mañana, dejamos de advertir todos los momentos presentes que pasan junto a nosotros, y olvidamos que perder el empleo, sufrir una enfermedad grave o un accidente, toparse con un conductor ebrio por las carreteras, subir en el tren de Atocha, (uno mismo o algún familiar)  el día fatídico… pueden desmoronar ese futuro  en un abrir y cerrar de ojos, como cayeron ante nuestra atónita mirada las lloradas Torres de Nueva York.

 

Que la vida puede dar un vuelco en un instante es algo que intelectualmente todos sabemos, aunque tendemos a suponer, quizás por un subterráneo instinto de supervivencia, que las desdichas les pasan siempre a “los otros”.

 

 En ocasiones, parece que hace falta vivir una tragedia, para volver a poner las cosas en perspectiva y comprender lo necesario y urgente que es buscar un equilibrio entre el trabajo, los sueños  y la vida. 

 

Necesitamos aprender que ningún empleo, por gratificante que sea, compensa perderse unas vacaciones, o distanciarnos de la pareja,  o pasar un día festivo lejos de la familia, sin advertir que la hija “tiene ojos navegables y sueños de agua clara”….

 

Que lo más importante en la vida, es el tiempo que dedicamos a cultivar un amor o una amistad. Que como le escribió el poeta Juan Ramón a aquella soñada y desaparecida Georgina, “nada vale nada; que quitado el amor, lo demás son palabras….”

 

            Y  contemplando la vida, como Antonio nos sugiere, he estado recopilando razones para darle las gracias todos los días que me quedan por vivirla (o que ella, la vida, quiera seguir viviendo en mí). He encontrado estas razones:

 

 Por mi hija que no arregla su cuarto, sino que está tirada en el sofá viendo la televisión, porque significa que está en casa y no por las calles.

 

 Por las reparaciones domésticas que hay que hacer, las ventanas que es necesario limpiar, las cañerías que encuentro atascadas, porque significa que tengo una casa.

 

Por la ropa que me queda un poco ajustada, porque significa que no me falta lo suficiente para comer.

 

Por las quejas que escucho acerca del gobierno, porque significa que tenemos libertad de expresión.

 

Por no encontrar el lugar donde aparcar cuando voy con prisa, porque significa que tengo coche.

 

 Por todo lo que hay lavar y planchar cada día, porque significa que tengo ropa que ponerme.

 

Por el cansancio y los dolores musculares al final del día, porque significa que tengo trabajo.

 

Por el despertador que suena temprano todas las mañanas, porque significa que estoy vivo.

 

Por mi sombra que me sigue mientras camino, porque significa que luce el sol.

 

Y hasta por la cantidad de e-mails que recibo, porque significa que tengo amigos que piensan en mi…

 

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6 Responses to “”

  1. Faustina Says:

    He seguido el rastro al aterdecer y me ha llevado hasta aquí. Es el tiempo mío y vuestro, de los que sentimos que el otoño es vida en color oro viejo, pero vida viva.
    Os he leido tratando de individualismo, solidaridad, comunidad, globalización. He razonado vuestros razonamientos y me ha satisfecho, de nuevo, la palabra. El poder usarla, jugarla y ofrecerla para pensar y sentir.
    Desde la filosofía política, vuestro debate distendido se ha ido modelando, con cinceles lingúisticos, en imágenes de paisajes vitales y una mano amiga me ha incorporado a ellos. para que deje mi impresión:
    Es lo que escribo en la arena cada año, en cada playa, como un ritual de final de verano: impresiones y la fecha. Luego lo fotografío. !Son tan distintos los mismos rituales de nuestra vida!. Y por supuesto que hay tantas razones como las que da Fernando para agradecer estar en ella.
    En este lugar y momento, yo añadiría también:
    Por tener la suerte de convertir las impresiones en palabras y lanzarlas desde las distintas arenas de cada verano a las tierras hojarascadas de nuestros otoños.

  2. José María Carrascosa Says:

    SIGUIÓ VIVIENDO EL HOMBRE…

    Fernando ha hecho un hermoso canto a la vida. Una hermosa reflexión para seguir trazando surcos en las arenas de todas nuestras playas, como hace Faustina cada año: lanza palabra, impresiones, desde sus siempre renovadas playas, aunque sabe que, al fin, esas líneas trazadas en la arena, han de perderse, casi sin remedio, en brumosos otoños. Seguimos, con pueril embeleso, mirando desde nuestra casi infantil orilla las marejadas lentas que van rompiendo, monótonamente sin cansarse nunca, en la arena doméstica.

    Trazar palabras en la arena tiene riesgo: todas van diluyéndose en el ir y venir de nuestra espuma blanca. Pareciera que la palabra que trazamos ayer es igual que la que estamos dibujando hoy. Siempre, la misma arena. Siempre, la misma marejada y, quizás, sin saberlo, siempre, también, es igual la palabra.

    Contemplamos el agua en su incansable juego. Nuestro horizonte se perfila lejos. Y al mirarnos así, nos percibimos solos en esta inmensa playa… Mendigando el pan de cada día, alargamos las manos, en infinito afán de asir el mundo. Intentamos coger alguna estrella… Pero, en la vida, las estrellas son lejos. Quizás, las cosas sean simplemente palabras… Todo, salvo el amor, se va quedando lejos… Se pierde en lontananza.

    Realicemos, ahora, una lírica más cercana a lo nuestro. En la vida, las cosas van dejándonos huella: unas, evanescentes; otras, sólidas. Nuestra historia, biografía aún inacabada, se ha escrito con esperas alargadas indefinidamente, con sueños infundados, con dolores y gozos…, con realizaciones. Quien no ha vivido entre el dolor y el llanto convertido, de pronto, en alegría, no conoce el sentido misterioso y hondo de lo que es lo humano. Ser hombre es casi nada, pero es mucho: “Nacer en cada día, pedir el pan, y seguir avanzando nuestra tierra”. Y, por encima de todo, el amor nos da el sentir del hombre: hablamos como hombres, pensamos como hombres, humanamente hombres…, pero siempre, amamos como hombres…

    …Y dijo el hombre solo, -lo escribí hace tiempo-, con su lamento largo: “Amor, ven a sembrar mi huerto con todos tus olores…” Y respondió la voz del amor, en silencio: “Yo, esta noche estaré junto a tu puerta…” “Yo seré para ti como el agua y el sol”. “Yo brotaré la vida en tus surcos antiguos…”

    La tierra se pobló de retoños, jóvenes como el día… Todo fue un rebrotar de amor, en primavera… porque brotó el amor… ¡Siguió viviendo el hombre!

  3. Fernando Pinzon Says:

    Los comentarios de Faustina y de José Mª, tan bellamente líricos y tan hondamente humanos, me han inducido a alojar aquí el testimonio de una colega mía (colega en afanes psicoterapéuticos) que acaba de ser madre, por segunda vez, tras la ruptura de su matrimonio:
    “He leído tu entrada al blog. Y en esas estoy yo: viviendo, queriendo a mis hijos, a mi familia y a mis amigos. Porque en esos momentos en que te cambia la vida es cuando verdaderamente te das cuenta de cuántos buenos amigos tienes, de lo cerca que sigue estando tu familia y de que todavía quedan ganas de querer…”

  4. José María Carrascosa Says:

    En mi entrada de ayer al blog, cité unos versos sueltos de dos poemas antiguos míos. Un amigo, que los conoce en su totalidad desde hace tiempo, me ha pedido, a través del e-mail, que los transcriba en su integridad. Como no están publicados, verán en nuestro blog la luz primera. Hermoso alumbramiento. Aquí están:

    I.-

    El hombre es poca cosa.
    Quizás, nada.
    Sólo en su haber, las manos.
    Unas manos alargadas inusitadamente,
    Intentando coger alguna estrella…

    Si el hombre se atreviera
    A levantar sus manos…

    Quizás, entonces,
    Todo el azul del cielo
    Se apretara en sus venas,
    Y hasta Dios derramase,
    En sus abiertas manos,
    La luz y la palabra.

    II.-

    Y dijo el hombre solo
    Con su lamento largo:
    “Ven a sembrar mi huerto
    Con todos tus olores.
    Así, mi desamparo se sentirá acunado
    Por tu tibio regazo…
    Y el viento,
    Este indómito viento,
    Será una brisa leve para mecer
    El tallo de tu cuerpo”.

    Y respondió la voz
    De la mujer amada, en el misterio:
    “Yo esta noche estaré junto a tu puerta.
    Y cambiaré los nombres a las cosas,
    A las flores antiguas…,
    Y tu jardín renacerá de sus agrestes tonos amarillos.
    Yo seré para ti como el agua y la luz
    E inundaré tu tierra de fecundas semillas.
    Yo brotaré la vida en tus antiguos surcos…
    Será un nacer de amor, al despuntar el día,
    En la mañana”.

    El huerto se pobló de jóvenes retoños.
    Todo fue un rebrotar de vida, en primavera.

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