El amigo Antonio Espinosa nos formula un silogismo (quizás sin haberlo pretendido ni tal vez advertido) al modo de la Lógica aristotélica. Dos enunciados generales (premisas) de los que  desprende una flagrante conclusión. La “premisa mayor” del silogismo de Antonio es “la suma de las partes es igual al todo si cada parte es independiente de las demás”. “Premisa menor”: "tristemente, esto es lo que sucede en la humanidad”. Conclusión: “En consecuencia, no es posible la Globalización”.  

 

                         Desde las leyes del silogismo, uno de los más hermosos descubrimientos del espíritu humano” (Leibniz), y la Lógica aristotélica, esta conclusión no sería sostenible como “logica”. Quizás porque va en contra de una de las leyes fundamentales de la argumentación silogística, la regla 5ª: Que de dos premisas afirmativas no se puede deducir una conclusión negativa… Esto lo sabría explicar mucho mejor el profesor José Mª Carrascosa.  Y quizás le sirva de respiro de alivio a nuestro amigo Antonio, que ya mostró en una de sus entradas su preocupación por parecer pesimista… 

 

                         Yo quisiera seguir recibiendo “en mi rincón del alma” la luz de la Utopía que, como dijo alguien, y en este blog lo hemos ya citado, “son como las estrellas: que no llegamos a alcanzarlas pero nos guían en el camino…”  Y ésta sería mi Utopía: colaborar a la “construcción de la Pirámide”, que es, como lo afirma también Antonio, “sentirme partícipe de la construcción de ese nuevo mundo al que todos aspiramos, llámese Solidaridad Cósmica o Fraternidad Universal”. O “Globalización”, podría añadir, con tal de que depuremos el concepto de la reduccionista  interpretación económico-capitalista, del despojo y apropiación de los bienes del planeta en beneficio del capital y a costa de los individuos que aspiramos a alcanzar esa lejana estrella del “Nosotros universal”…                        

                         Me atemoriza pensar que renuncimos a la Utopía  de la Globalización, lo que nos queda sería la fanatización de los Nacionalismos…          

                        Pero quiero explicar lo de la “Pirámide”: Es que se me ha asociado al pensamiento esa parábola antigua de aquel poderoso Faraón de Egipto que quiso construir la mayor pirámide de la historia. En una inmensa explanada millares y millares de hombres golpeaban con sus martillos los bloques de piedra, para ir dándoles la forma que, superpuestas, crearían la dimensión ciclópea de la gran Pirámide. Un extranjero persa, que pasaba por allí, les preguntaba, uno a uno, a los esclavos que encontraba al paso, qué era lo que estaban haciendo. El primero le contestó malhumorado, que estaba destrozando su salud y su vida con el esfuerzo de su inútil trabajo, de sol a sol, que quién sabe cuándo se terminaría y para qué serviría. Otro le contestó, indiferente, que estaba ocupando el tiempo, mejor que perderlo sin hacer nada. El tercero, ilusionado, le dijo que estaba ganado el sustento necesario de su familia. El último, le respondió con el orgullo en los ojos de quien se reconoce como una pieza válida en el mecanismo constructor del mundo: Estoy construyendo la Pirámide.         Pues eso.

Share and Enjoy:These icons link to social bookmarking sites where readers can share and discover new web pages.
  • blinkbits
  • BlinkList
  • blogmarks
  • co.mments
  • connotea
  • del.icio.us
  • De.lirio.us
  • digg
  • Fark
  • feedmelinks
  • Furl
  • LinkaGoGo
  • Ma.gnolia
  • NewsVine
  • Netvouz
  • RawSugar
  • Reddit
  • scuttle
  • Shadows
  • Simpy
  • Smarking
  • Spurl
  • TailRank
  • Wists
  • YahooMyWeb

5 Responses to “”

  1. José María Carrascosa Says:

    ¡Qué hermoso y rico en ideas y puntos de vista, nuestro Blog…! No, no hay que renunciar a la “utopía”. No hay que caer en reduccionismos simplistas. No era mi intención, desde luego, esquematizar y situar, con exclusividad, el movimiento globalizador dentro de un movimiento social y político determinado… Aunque esta es la crítica común que hoy se hace a la deriva economicista en la que, frecuentemente, caen estos movimientos. Sería esa una visión parcelada y, por ello, injusta. Los grandes movimientos mundiales de fraternidad y comunitariedad han partido siempre de optimismos antropológicos sanos y realizables. No, de anhelos cuasi-angélicos… El escollo surge cuando, por las dificultades del camino, la utopía se convierte en una moneda de interés egoísta y grupal.

    Quizás determinados movimientos actuales “globalizadores” están cayendo en una especie de interesado “nacionalismo cósmico”, sea del signo que sea, apropiándose el concepto de una manera determinada y excluyente. Los exclusivismos, totales o parciales, porque niegan libertades y seccionan la realidad, son desechables. La vida debe estar orientada hacia el futuro, siempre hacia el progreso, en la que la distribución equitativa de los bienes de la tierra, fomente entre los hombres la paz mundial, el bien común, la “fraternidad universal”…Esta es la UTOPÍA. ¡Ojala la consigamos!

  2. Antonio Espinosa Says:

    Sois todos extraordinarios. Vaya esto por delante. Porque estáis poseídos de la Utopía. Me uno a ella, a la Utopía, en la que me sentido siempre instalado. Pero… no cómodamente instalado. Me ha gustado ser un péndulo, que alcanza sus dos elongaciones en sentidos diferentes: para mí, la Utopía es una y el realismo vitalista la otra. Ahora podría reconocer mi desconocimiento de la Lógica y de su norma quinta y reconocer mi error filosófico. También podría cambiar mi silogismo, cosa que no voy a hacer, extrayendo una conclusión positiva, algo así como… luego el mundo seguirá siempre así. Entonces todo parecería diferente. Las cosas no son como se dice que son sino como son realmente. Por eso oscilo entre los dos extremos del pendulo. Pero, de acuerdo con Fernando, yo habría copntestado también “yo estoy construyendo una Pirámide”. ¿Y eso qué significa?, pregunto (ahora habla mi otro extremo del péndulo), pues que mi Utopía funciona, sí, pero también que no puedo hacer otra cosa, que tengo grilletes para seguir haciendo eso y, como la zorras y las uvas, exclamaré, ¡bah!, están verdes. Pero después me péndulo continuará su viaje y de nuevo creeré en lo imposible.
    Y, mientras el Péndulo oscila, espero el milagro. Espero que muchos piensen como nosotros, como vosotros y que nuestra Pirámide, que no tiene por qué ser la mayor del mundo, sea una realidad.

  3. Fernando Pinzon Says:

    Estoy por contar otro cuentecillo…, para posicionarme, con Antonio, en cada una de la elongaciones (me ha gustado este tecnicismo o cultismo) del péndulo, en la del realismo y en la Utopía, sin dejar de mirar, alternativamente, con el rabillo del ojo, desde uno de los extremos al otro.

    En cuentecillo es el de “El incendio en el bosque”. Pues eso, que hubo una vez un incendio en el bosque: Los animales huían despavoridos. Los árboles crepitaban y se desplomaban carbonizados. El viento rugía prolongando las inmensas llamaradas. Un pajarito, impertérrito, volaba al arrollo más cercano, cogía una gotita de agua con el pico, regresaba al incendio, sobrevolaba a las llamas y depositaba su gotita de agua. Así una y otra vez. Un mono que lo contemplaba impávido le gritó: ¿Tú eres imbecil? ¿Crees que así vas a conseguir apagar el fuego? A lo que el pajarito le contestó impertérrito: Yo hago lo que puedo y con lo que puedo…

    Eso es realismo vital, sin dejar de ser Utopía.

    Dice también Antonio, en su interesante reflexión, que “las cosas no son como se dice que son sino como son realmente “. Y es verdad.

    Pero no puedo dejar de acordarme del maestro Kierkegard que, a su vez, dijo: “La realidad no existe: la hacemos con nuestras palabras”. ¿Y no es también verdad?

    Eso se llama “conciliatio oppositorum”, es decir: que los extremos se tocan…

  4. Antonio Espinosa Says:

    Interesantísimo cuento, Fernando. El incendio en el bosque creo que pone punto y final a este diálogo. Nos invitas a ser pájaros que hacen lo que pueden y yo lo acepto. Mi transformación en ese pájaro no me costará de grandes sacrificios porque, en el fondo, lo soy ya. Gracias por recordármelo.

  5. José María Carrascosa Says:

    Desde hace varios días, en las diferentes entradas al blog, está presente el tema de la “globalización” como eje determinante, fundamental hoy, del cambio social. Como me parece que es oportuno reflexionar aún más sobre el mismo, quiero añadir algunas nuevas ideas a nuestro debate. Nos ayudarán a entender mejor el fenómeno de lo social y, sobre todo, el tema de la “globalización”.

    Una de las facetas más profundamente enraizadas en el hombre, es la de pertenecer a agrupaciones sociales formadas por individuos pertenecientes a clanes o linajes idénticos. Ello constituye parte de un proceso de autoafirmación y defensa individual y colectiva.

    Entre los integrantes de estos grupos sociales existe siempre un fuerte sentimiento de solidaridad, que origina cohesión interna en el grupo, al tiempo que, normalmente, implica exclusión y rechazo a lo exterior. Este rechazo es justificable: con él se defiende el territorio, basado en la posesión de la tierra, las costumbres, y los valores constitutivos del grupo. El individuo salvaguarda, así, sus señas de identidad arropado por los intereses comunes del grupo en que convive. Estas relaciones sociales constituyen una forma de subsistencia necesaria. Son autoafirmación, en principio. Por ello, casi siempre, suelen ser excluyentes.

    Esta realidad, que ha sido, sin duda, válida al hombre en su desarrollo personal y colectivo, resulta empobrecida y casi inservible, cuando el hombre toma conciencia de la importancia de lo universal. Ya no es el “terruño” lo que cuenta. La razón y la experiencia van mostrando al hombre que la unión, la comunidad amplia de intereses, la universalidad, son signos de progreso. Los pequeños nacionalismos excluyentes representan, por ello, actitudes limitadas en el progreso humano.

    Tiende, así, el hombre a agruparse en comunidades cada vez mayores: comunidades internacionales, asociaciones colectivas, federaciones múltiples, etc. En la unión, descubre valores nuevos, dignos de ser aceptados e incorporados. El grupo se expande y el pequeño clan tiene cada vez menor sentido. Se abre la puerta así, progresivamente, a una comunitariedad mayor y más universal. A la “aldea global”.

    Los avances que el hombre realiza en la profundización y desarrollo de esta conciencia universal, cada día son mayores. Las relaciones e intercambios humanos cobran nuevos relieves. Se cae en la cuenta de lo que significa la ciudadanía del cosmos. No existe ya la tribu. Existe el mundo. Y es éste el que da coexistencia y unifica, en vocación común, a los humanos. Existen las fronteras geográficas, pero el hombre entiende que, tras límites fijos, hay una solidaridad universal que los traspasa.

    Renunciar a esta vocación comunitaria -más aún cuando la comunicación humana carece ya de tiempos y distancias-, sería volver a revivir épocas superadas. Cuando la tierra ya no es frontera de nadie, es injusto y anquilosado establecer límites que separen a los hombres, con modelos forzados y vetustos. Incluso, cuando los límites subsisten, siempre se abren horizontes de intercambio necesario, útiles y obligados para todos. Por ello, los muros, las fronteras, van desmoronándose una a una y, si perduran, tienen un sentido más testimonial que real.

    Resulta extraño, entonces, aferrarse a una defensa, a veces numantina, de los valores propios con una afirmación desmedida sobre pequeños e individualizados territorios. El desplazamiento inmigratorio -los célebres “cayucos”- no está basado, la mayor parte de las veces, en razones políticas o bélicas. Radica en problemas de supervivencia… Y hay que entender que la base “natural” sobre la que se asienta nuestra “aldea global” es un principio que surge de la misma naturaleza societaria del ser del hombre: TODAS LAS COSAS DEL MUNDO SON PARA TODOS LOS HOMBRES. Esta es la realidad. Cumplirlo es cuestión de justicia, no de dádiva. Esta será la mejor UTOPÍA. Sería bueno no politizar nunca, con intereses mediocres, humanos o políticos, este sentido universal del hombre.

Leave a Reply