De vuelta a casa, después de estas extensas vacaciones de verano, parece que los días se acortan y la luz respira ya la melancolía dorada del vecino otoño… Como escribí en mi libro “Un porqué para vivir”, los días, hasta ahora deslumbrantes, se van haciendo achacosos por los prematuros atardeceres, mientras que el sol se desangra en el cielo (que ya tampoco es plata bruñida y reluciente, sino plomo cansado) y los árboles aventan sus hojas, crujidoras bajo nuestras pisadas como dolientes esqueletos de oro…
El año pasado, nada más regresar de las vacaciones y retomar mi actividad terapéutica habitual, me propusieron una entrevista en una TV local sobre ese “síndrome post-vacacional, del que ahora se habla todos los días en anuncios publicitarios y en comentarios de tertulias periodísticas, y que tantas personas experimentan con matices singulares, dentro del género común de la desgana, la tristeza, el malhumor, la irritabilidad, la apatía, el nerviosismo angustiado…, somatizados muchas veces en fatiga, tensión, pérdida de “apetitos”, alteraciones del sueño, etc.
Recuerdo que yo dije en aquella entrevista que este síndrome se podía enfocar desde tres perspectivas etiológicas: la neurológica, la psicológia y la simbólica.
Desde el punto de vista neurológico hay que tenerse en cuenta el cambio de ritmo funcional que se le impone a la mecánica de nuestras neuronas, desde la lentificación y la dispersión de una vida despreocupada, abierta a la improvisación de actividades e intereses variados, al esfuerzo de la concentración, y las exigencias de la actividad reglada, y las urgencias de las responsabilidades encadenadas. Y este proceso casi nunca se produce sin que el mecanismo neuronal se fuerce, los goznes chirrien y toda la estructura fisiológica proteste y rechine.
Todo esto se refleja, a nivel psicológico, de autocons-ciencia (que supone la relación del ser consigo mismo) con esa experiencia intrapsíquica de desarmonía con uno mismo que se conoce como “resistencia al cambio”, y que propicia el progresivo proceso de readaptación y puesta en forma del organismo psicosomático total, para hacer frente con eficiencia a la exigencia de “rendimiento”, soportando las “trabas” que conlleva cualquier trabajo…
Oí decir que el lexema “traba” compone la etimología de la palabra “trabajo”. Es difícil confirmarlo pero, en todo caso, trabajar supondrá siempre poner trabas a la tendencia natural de expansión, libertad y espontaneidad de nuestro organismo, este “animal de deseos” que cabalgamos y que, después de las largas vacaciones, se resiste a la doma…
Queda el que he llamado punto de vista “simbólico”. Y es que pienso que la experiencia post-vacacional reproduce, a nivel de individualidades, el mito colectivo de “el Paraíso perdido”. La vida libre, sin trabas ni ropaje, junto a las inmensidades del mar, o en las oxigenadas montañas que nos acercan al cielo; la ruptura de los cercos locales, geográficos, sobre la piel materna de todo el planeta; poder nadar desnudos como los peces, desafiar los furores del oleaje con alas y con velas, volar, caminar por nuevas rutas, sentir al alcance de la mano, como nuestros viejos antepasados bíblicos, todos los frutos del Edén… Comprendo que esta experiencia se vive a muy diversas escalas, según las posibilidades o los privilegios de cada persona, pero de alguna manera algo de esto suponen siempre, a nivel simbólico, las vacaciones… Y ¡qué contraste! el de ese grito insultante del despertador, mecánico o digital, cuando, a la mañana siguiente, nos despierta del sueño del Paraíso, ese bosque de sueños y de ensueños, para encarar la dura y exigente realidad cotidiana.
Volver a casa, a la doméstica patria, después de largos días de soles y de mares, es experiencia en la rebulle el recuerdo del legendario regreso de Odiseo a Ítaca…
Y en mi regreso, me he acercado a la plaza, al Ágora de nuestros encuentros pasados, mientras me pregunto: ¿habrá alguien ahí? ¿Se me habrá adelantado alguien y estará ahí esperándonos, junto a las golondrinas residuales?…

























Septiembre 5th, 2007 at 6:18 am
Hola Fernando,
Bienvenido, “bienregresado”. Me he asomado a la plaza pensando que ya es tiempo que vaya volviendo el personal.
Como no hay mal que por bien no venga, los que no nos vamos de vacaciones tampoco tenemos ese trauma, aunque tengamos otros.
La temporada en el “Paraíso perdido” te ha sentado bien, tu texto es esclarecedor y bello…iluminador. Se lo mandaré a mis amigos regresados para que se aclaren y se animen.
Por mi parte, encantada de tenerte de vuelta y esperando a los demás “coleguis” del blog.
En tu larga ausencia, tengo que confesarte que me he liado con otro: se llama Ojodigital y tenemos grandes afinidades en fotografía, que, como sabes, es mi otra afición, complementaria de la psicología/filosofía/poesía…
Un beso de tu amiga Marina
Septiembre 5th, 2007 at 3:52 pm
¡Hola, amigos¡ Volvemos otra vez a nuestros encuentros, a nuestra palabra cercana y a revivir entre nosotros la amistad imaginada…, soñada…, pero, siempre, real. Me alegro de encontraros. Y me resulta agradable poder conversar con vosotros de temas que afectan a lo nuestro. Con ello, acercamos más nuestro límite y nos comprendemos mejor en nuestras cosas. Vengamos, sin preámbulos, al tema que hoy plantea Fernando: el “síndrome post-vacacional”.
Siempre he pensado que este célebre “síndrome” es uno más de los múltiples y variados arquetipos simbólicos de nuestra cultura actual. La inadaptación al trabajo, en este caso tras las vacaciones, suscita una aparente incapacidad de integración en la cotidianidad, que se expresa en síntomas de alteración psíquica y física. Percibimos que los problemas, las hostilidades, las insatisfacciones siguen estando donde las dejamos. Por ello, se origina en nosotros un estado de ánimo depresivo, irritable, triste, asténico, ansioso… Pero normalmente, cuando el síndrome post-vacacional, en el caso que tratamos, se manifiesta físicamente, hay que entender que bajo él se encierra un malestar psíquico larvado de mayor o menor envergadura. Un síndrome (del griego “syndromé”= concurso) es la manifestación de un conjunto de síntomas y signos que es necesario desentrañar para entenderlo. Según las informaciones actuales un 35% de los trabajadores españoles de entre 25 y 40 años sufrirán esta alteración “post-vacacional”. ¿Por qué?
Sin duda, el ritmo acelerado de la vida nos obliga a un esfuerzo continuado que nos conduce al agotamiento y al cansancio. Exigimos, casi siempre, a nuestras respuestas físicas y emocionales, contenidos que exceden a las posibilidades de nuestro límite social y personal. Vivimos en la “competitividad” de cada día y se nos inculca que sólo siendo “competitivos” conseguiremos nuestras metas. Quizás, incluso, más que cansancio “existencial”, lo que se origina en nosotros, con este afán desmedido por ser, es una cansada apatía, motivada por la repetición monótona de gestos y rutinas, frustrantes la mayor parte de las veces. No logramos conseguir ni modificar, con el esfuerzo cotidiano, el horizonte de apetencias y de conquistas propuesto… Esta tensión, ambivalente e inconformista, se manifiesta así en múltiples situaciones de nuestra vida como clara expresión de la inquietud radical de nuestro propio espíritu. Y todo esto va produciendo, en nosotros, frustración y desánimo.
En el fondo, lo que se patentiza, en estas situaciones cotidianas frustrantes, es el deseo, no logrado, de estabilidad y quietud a que aspiramos. Al sentirnos inmersos en el desánimo y cansancio, aparece el estrés, la ansiedad, el síndrome de inadaptación. Es la resultante de nuestro ser dual: apetencia de “más” y, normalmente, consecución “de menos”.
Esta inadecuación vital presente en casi todos nuestros actos, se hace más expresa y conflictiva en situaciones en las que los ritmos vitales se ven alterados, (como en el caso del período vacacional), permitiendo, con ello, tomar más conciencia de la transitoriedad de nuestras actuación. Las reacciones de cansancio, acentuadas por el miedo a la reiteración de lo “de siempre”, nos provocan respuestas somatizadas: volver de nuevo a los modelos de vida cotidianos, nos cansa por lo reiterativo y por la falta de horizonte que vislumbramos en ellos.
Es frecuente, para situar geográficamente las razones de este nuestro “aburrimiento e inapetencia”, achacar sus causas al desajuste horario, al cambio de los ciclos vitales en comidas, sueño, actividades deportivas, etc., a un cambio notable en nuestra actividad social relacional. Pero, en realidad, no es del todo exacto: hoy, nuestra vida en sociedad, está afectada de un síndrome de desajuste continuo. Vivimos desadaptados. Padecemos “estrés” todos los días en múltiples y variados escenarios. El “síndrome post-vacacional” es uno más de los muchos que nos afectan. Nuestra codificación social, nuestros modelos de vida, nuestros parámetros existenciales llevan una carga tan intensa de exigencia que nos convierten, sin desearlo, en seres “estresados”, en personas, muy a menudo, vitalmente desajustadas.
Pareciera que las deseadas vacaciones iban a ser un respiro relajante y liberador… Pero enseguida percibimos que siguen existiendo, incluso dentro de las vacaciones mismas, múltiples situaciones que nos acosan y que originan en nosotros rechazo y desequilibrio. El “estrés”, así, se convierte en una frecuente, y casi normal, manera de vivir. Una especie de “inapetencia existencial” tiene carta de ciudadanía entre nosotros. Las vacaciones terminaron, el síndrome post-vacacional pasará… pero, en el horizonte, aparecerán, siempre, nuevas situaciones parecidas… ¿Dejaremos alguna vez, mientras vivimos, de padecer “estrés” y “síndrome post-vacacional”? Probablemente, no.
Septiembre 8th, 2007 at 8:51 am
Hola, me alegro de encontraros de nuevo por aquí! Yo más que síndrome post-vacacional tengo agotamiento post-exámenes. Este verano para mi ha sido un poco especial, aunque oficialmente he estado de vacaciones, la mayor parte del tiempo, sobre todo durante todo agosto, lo he dedicado a estudiar intensamente. Merecía la pena el esfuerzo para poder hacer los últimos exámenes de la carrera de Psicología, ayer fue el último. La semana ha sido una locura de idas y venidas, al trabajo, a los exámenes, a los últimos repasos…
Así que ahora siento ¡que estoy de vacaciones! y “voy a perder un poco el tiempo”
Septiembre 9th, 2007 at 6:18 am
Guiada por tu email, Fernando, me he atrevido a adentrarme en esta vuestra plaza.Con la ilusión de encontrarme siempre con la luminosidad y brillantez de tus palabras cálidas.
Hace días volví, como bien dices, de mis mares, de mis lugares de ensueño y libertad, de ser gaviota que alza el vuelo para recorrer nuevos cielos, nuevos caminos, nuevos senderos e impregnar así el lienzo de mi vida de colores alegres, vivaces, cálidos y tiernos…
Todo eso quedó ya atrás.Es hora de volver a comenzar.Y, como dijo Machado:’ …caminante, no hay camino, se hace camino al andar’.Comenzamos una nueva etapa en nuestras vidas, volvemos al trabajo, a las prisas, a los problemas, al stress, al pensar y reflexionar sobre cómo podemos mejorar nuestro actuar cotidiano , nuestra realidad…Y, por momentos, el peso de la responsabilidad se transforma en losa de granito que portar sobre nuestras espaldas, pero no, no hay cabida para la depresión post-vacacional, hay que actuar, deshechar las tonalidades oscuras, grises, apagadas, melancólicas o ácidas del cuadro que queremos pintar día tras día en nuestro caminar.Y brindarle un canto a la esperanza, al verde, y, ¿ por qué no?, al marrón u ocre otoñal que en breve nos rodeará con su manto invitándonos al cambio.
Septiembre 9th, 2007 at 9:01 am
ESTE ES UN MENSAJE DE FERNANDO (Tengo avería en mi correo y os escribo desde el de mi hija)
Veo que nuestra plaza digital se va poblando de encuentros y de abrazos… Marina, con nombre de mar y sal, desde sus altas montañas; José Mª. con sus ponderadas palabras, colgadas, como flecos de sabiduría, de su birrete azul de catedrático; Violeta, perfumadora de tesón y frescura vital, estrenando sus zapatos nuevos de flamante psicóloga, sin dejarpizqui_87@hotmail.com los que ya calza de madura profesora de Historia… Y, por último, se nos acerca la sonrisa y el corazón con alas de Victoria, mi lejana amiga, y echa al vuelo una bandada de bellísimas palabras, desde su mar y su cielo de color de acuarelas, aunque amenazando (¿sigues sintiéndolo así, como siempre antes, Victoria?) metálicos nubarrones…
Septiembre 11th, 2007 at 8:21 am
Hola a todos,
a través de estas sencillas líneas, hoy no voy a hacer comentario alguno, pido permiso para incorporarme a este altísimo debate. He tenido la ocasión de poder conocer su existencia y aquí estoy. Para los que no me conocéis me presento, soy Antonio Espinosa, científico, pero preocupado por todo lo humano.
Un cordial saludo a todos y espero vuestro permiso
Septiembre 11th, 2007 at 9:47 am
Soy Fernando. Sigo con mi sistema informático averiado, y os escribo desde los sitios de mi hija Julia Victoria.
Hola, amigo Antonio: Es un placer encontrarte y te recibimos con los brazos abiertos. No tienes que pedir ningún permiso porque la plaza es pública, y el Ágora es un lugar mítico y legendario, fuera del tiempo, en espacios transdimensionales, donde has estado desde siempre…El tiempo es, en definitiva, una construcción organizativa y necesaria del lenguaje, pero no excluyente. Antes de que aprendiéramos los adverbios –ahora, luego, aquí, antes, después…- no teníamos configurados mentalmente la consciencia del tiempo y el espacio…
Me estoy enrollando sin pensar que con quien hablo es un “científico”. Perdóname, Antonio. Pero te diré lo que dijo Freud a Einstein, en una hermosa correspondencia amigable y respetuosa: que la ciencia constituye una gran parte de la mitología de nuestra época y ¿qué harían los científicos si no existieran los mitos?… Y me consta, Antonio, que además de científico, eres poeta… Un fuerte abrazo
Septiembre 11th, 2007 at 1:54 pm
Acabo de encontrar en nuestro desierto que, desde hace mucho ya es Ágora, a un entrañable amigo: Antonio Espinosa. Lo he encontrado con alegría. También con alborozo. Antonio es hombre de ciencias y de letras. Hombre diverso y rico en un mundo en exceso parcelado. Por eso, su palabra será honda, precisa y con acentos justos.
Siempre he pensado, Antonio, que el blog es el encuentro. Un encuentro de amigos. Un lugar para decir y ver, con palabra sencilla, pero honda. Y como te sé hombre de amistad insoslayable, -recuerdo los mil años que trabajamos juntos…-, te sentirás, entre todos nosotros, caminante en un, sin duda, ilusionante caminar humano. Recuerdo muchas cosas de las tuyas que, ahora, iré reverdeciendo, sin duda, en tu palabra, con gesto renovado… Nuestra vida no es más que una pequeña historia de amor, abierta a multitud de ojos que nos contemplan con silencio de espera. Un revuelo de pájaros alegres llena mi tarde azul. De ese mismo color quiero que sea la tuya… El verano se apaga y el dulce otoño, con su airecillo leve va inundándonos con sus brisas suaves, renacidas…
Bienvenido al “club de los amigos”, Antonio. Trataremos juntos de construir una palabra amanecida, siempre tejida con estrellas silentes de la noche. (Verás que no olvido que además de hombre de ciencia, eres un buen poeta…)
Septiembre 11th, 2007 at 5:01 pm
He recibido de una amiga unos e-mails ricos en experiencia y en buen decir. Es Faustina Moreno Corrales, antigua compañera en tareas docentes y Licenciada en Románicas. Los copio, con su aprobación, aquí para que todos podamos participar de su vivencia vacacional. Están a tono con el tiempo y con la circunstancia:
“Comparto (contigo) este ratito de mi último día de vacaciones, en los que ha habido de todo: relax, jaleo, compañía, soledad, risas, lágrimas, buenas noches, malas noches, buenos sueños, pesadillas, gozo, dolor, agua, sol, silencios, diálogos, toros, fotos, recuerdos, imágenes, obligaciones, aburrimientos, días llenos y días más vacíos…”
“… esta mañana he cambiado el fondo marino de mi pantalla por uno preotoñal. Unas hojas empezando a enrojecer antes de amarillear. En este ciclo constante de estaciones fuera y dentro, empezaremos a sustituir los ventiladores por faldillas, el bronceado alisa-arrugas por el maquillaje que las camufla, el gazpacho por el caldo. Acortarán las tardes, se alargará la noche, cerraremos ventanas y buscaremos los rayos de sol con la misma frecuencia con que antes, en un ayer inmediato, buscábamos refugiarnos a su sombra.
Es difícil titular una historia así: tan de uno y tan de muchos al mismo tiempo. Los avatares, circunstancias y acontecimientos que diferencian nuestras vidas, cambian los decorados, los personajes complementarios… pero lo que desde dentro nos mueve a ser y estar en cada momento quizás no sea tan distinto. Todo esto me recuerda “La morfología del cuento” de Propp.
Sí, es difícil titular la historia de la vida, de una vida. Creo que se define y titula a sí misma en su propio concepto. Resistencia, río, camino, andadura… De una forma u otra tratamos de definirla ¿para entenderla? o ¿para consolarnos por no llegar a conseguirlo?
En cualquier caso, para desdramatizar, la revestimos de poesía y la interpretamos. Hasta que “el camino que débilmente serpea, se oscurece y desaparece…” como decía el triste y solitario Machado.”
Septiembre 11th, 2007 at 5:53 pm
(Soy de nuevo Fernando , escribiendo por el correo de mi hija)
Voy a añadir un breve toque al comentario de José Mª., ante ese cuadro impresionista tan minuciosamente pincelado por Florentina, con la sugerente melancolía de la hoja que vuela desprendida (‘Les feuilles mortes` que le escuché con sobrecogimiento a Yves Montand), señalando el cambio inexcusable de las etapas vitales…
Scott Fritzgerald, en su novela “El Gran Gastby” (que está considerada como una de las mejores novelas del pasado siglo), en el momento en que enfrenta al protagonista, sumido en su fantasía de amor, con la realidad insoslayable de su inminente muerte, interpreta el trágico sentimiento de su fatal destino con estas crudísimas palabras : “debió de estremecerse al darse cuenta de lo grotesca que es una rosa y de cuán insignificante es la luz del sol sobre la hierba reciennacida”.
Lo que quiero decir es que saber contemplar los hechos de la vida como con ‘ojos de literatura’ –como hace Florentina-, hace que la vida sea más amable, más fascinante, más bella, más interesante, más renovada, más rica en matices, mucho más divertida… e inmensamente más profunda y sentida.
Septiembre 12th, 2007 at 5:27 am
Queridos amigos:
Parece que debemos hablar de un tema, el regreso al otoño y la vuelta de las vacaciones, que, por lo visto en vuestros escritos, no nos afecta. Este verano he visto volar sobre la mar (me gusta su nombre femenino) gentes arrastrados por una barca, un cabo larguísimo y sostenidos en el aire por un paracaídas, o algo parecido. Mientras tanto, yo descansaba y me relajaba tirado sobre la mórbida arena de la playa, la mirada perdida en un cielo azul, autopistas de gente más atrevida que yo, al tiempo que un olorcillo a espetos estimulaba mis glándulas digestivas. Y pensaba que ambos, el nómada de los aires y yo, el sedentario del momento marítimo, vivíamos en universos distintos; uno de los dos, pensé, va a sentir el alejamiento de esta situación. Mar-cielo y tierra son dos formas de vivir. Y dos formas diferentes de entender lo que decía Schiller en uno de sus magníficos poemas (Hoffnung, Esperanza),
“Estamos aquí para lo mejor
y no es de locos pensar en ello”
El problema es encontrar qué es lo mejor para cada uno.
Ahora, desde mi posición de hombre de mente cuadriculada y lógica, pienso en ese otoño que ha hecho cambiar a Faustina (una gran persona y una gran profesional) el fondo de su ordenador, en el que yo, por razones de edad, tengo a mis tres preciosos nietos. Ahora, digo, pienso en ese otoño, una estación que me atrae, me inspira y me seduce, como la mar. He escrito un poema que os iré entregando por partes, al que he titulado “Las hojas tranquilas”, y que comienza así
Hoy, las hojas secas han bailado
para mí una extraña danza,
remolinos que giran descendiendo,
trompos que, alargándose, extienden
su caudal de amarillo otoño tardío.
He mirado atrás, hacia el olvido,
vorágine de ideas, caras y sitios
que llenan mis apagados sentidos
de la ahora inexistente vida,
detenida en aquel otoño tardío…
Queridos amigos, como podéis ver, me estoy enrollando. Por eso os dejo, Gracias a todos por vuestra acogida y vuestra amistad. Os lo decía el otro día por e-mail, “El tiempo jamás gana a los afectos”.
Con mi gran afecto pr vosotros, me incorporo al Ágora de mil amores
Septiembre 12th, 2007 at 6:17 am
Buenos dias.
Me ha costado acceder a la petición de mi amigo Jose Maria para participar en estos vuestros encuentros de alma y palabra. El citarme él ayer, me ha dado el empujoncito preciso, reforzado por la cálida acogida de Fernando hacia mis palabras.
Soy Faustina y me gusta , desde siempre, contar lo que siento. Hasta ahora lo habia hecho para mis diarios, ya guardados , o para los corazones cercanos en la amistad y el conocimiento mutuo, como el de Jose maria.
Confieso cierto pudor al atravesar esta puerta abierta a vuestra plaza pero me guía la intuición y el sentimiento de que estoy bien donde puedo ser .
He disfrutado 20 años tratando de transmitir, desde una tarima, la función del lenguaje y la necesidad de la comunicación. Jóvenes ilusionados en una carrera docente, conseguían, en muchas ocasiones, descubrir algo más que una disciplina curricular y aún revivo esa satisfacción. Por eso, sentirme rodeada de la palabra escogida, poética, académica, vital, sensible y sincera que os representa, me seduce y anima a incorporarme.
Con vuestro permiso, claro.
Hasta pronto.