Quería contaros que cuando, anochecido el viernes, arribamos, Julia y yo, a las playas de Torremolinos, a la altura de La Colina y Costa Lago, un espectáculo visual, envuelto en la total oscuridad de la noche cerrada, nos inundó de magia y de misterio: la luna llena, de amarillo pálido, cubierta con un velo de nubes transparentes, rielaba sobre el mar filigranas de plata…

 

(*No estoy seguro de que el verbo “rielar” sea transitivo…)

 

La mañana del sábado y la del domingo, estuve leyendo, como tanto me gusta –los pies desnudos sobre la arena, sombrero panamá y bajo sombrilla- frente a un lento mar, mecedoramente calmo, de lomo traslúcido, azul celeste acuoso, diluído…Comimos en un chiringuito -sardinas en espeto, pipirrana de hortalizas, pez espada con patatas a lo pobre, rosada a la plancha con ensalada…-, sin perder de vista el mar ni sus reflejos.

 

            Por la tarde, en el abundante Multicines de Plaza Mayor, la recién estrenada “Entre mujeres” -¿buena? ¿regular?- nos dejó vibraciones en el pensamiento, como esas películas, que sin ser quizás “mejores”, dejan después del convencional The End un temblor en nuestra vida y un regusto, dulce y triste al mismo tiempo, entre los labios: los pequeños dramas cotidianos, concreciones anecdóticas del drama de la humanidad, de sus universales experiencias y destinos (como en las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides); la catársis del alma por las verbalización confidencial de sufrimientos inconfensados y culpabilidades enquistadas (a lo que yo me ofrezco y dedico en las casi todas horas de mis cada días…); la revelación sorprendida, después de tantas búsquedas, de que la felicidad es estar vivo, vivir, y que se realiza y degusta en las respuestas, positivamente metabolizadas, que nos ofrece la vida y la con-vivencia…

             Regresamos la tarde de ayer, domingo, rememorando yo unos versos de Valle-Inclán: “¿Dónde gozar de la visión tan pura / que hace hermanas las almas y las flores?”

            Y quise responderme: En cualquier parte, siempre que te asomes, con la mirada limpia y el corazón generoso, al fondo de tí mismo…

           

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6 Responses to “”

  1. Marina Segura Says:

    Fernando:
    ¡Cómo amargan en el alma las recetas de felicidad cundo no nos funcionan!

  2. Fernando Says:

    Llevábamos varias semanas hablándonos doctamente con el lenguaje alzado de los conceptos y, en mi entrada de ayer lunes, quise modular nuestro con-cierto con los acordes (que yo quisiera “con-cordes”) de la metáfora y de la poesía…

    Igual que ahora también voy a introducir un “allegretto”, a propósito de la palabra “blog”, que insustituiblemente venimos utilizando… Os voy a copiar aquí un documento que he recibido por e-mail:

    “Desde que las insignias se llaman “pins”, los mariquitas “gays”, las comidas frías “lunchs”, los repartos de cine “castings”, y si son de comidas “catering”, este país no es el mismo: ahora es mucho, muchísimo más “in” y menos “aut”. Antaño los niños leían tebeos en vez de “cómics”, los estudiantes pegaban “pósters” creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de “business” y los obreros sacaban la fiambrera al mediodía en vez del “tupper-ware”. Yo, en el colegio, hice “aeróbic” muchas veces, pero, tonta de mí, creía que hacía gimnasia. Nadie es realmente moderno si no dice cada día cien palabras en inglés. Las cosas, en otro idioma, nos suenan mucho mejor. Evidentemente, no es lo mismo decir “bacon” que panceta, aunque tengan la misma grasa, ni vestíbulo que “hall”, ni inconveniente que “handicap”…
    Desde ese punto de vista, los españoles somos modernísimos. Ya no decimos bizcocho, sino “plum-cake”, ni tenemos sentimientos, sino”feelings”. Sacamos “tickets”, compramos “compacs”, comemos “sandwiches”, vamos al “pub”, practicamos el “rappel” y el “raffting”, en lugar de acampar hacemos “camping” y, cuando vienen los fríos, nos limpiamos los mocos con “kleenex”. Esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han mejorado mucho nuestro aspecto. Las mujeres no usan medias, sino “panties” y los hombres no utilizan calzoncillos sino “slips”, y después de afeitarse se ponen “after safe”, que deja la cara mucho más fresca que el tónico.
    El español moderno ya no corre, porque correr es de cobardes, pero hace “footing”; no estudia, pero hace “masters” y en lugar de exámenes le ponen “tests”. Nunca consigue aparcar porque no encuentra un “parking”. El mercado ahora es el “marketing”; el autoservicio, el “self-service”; el escalafón, el “ranking” y el representante, el “manager”. Los importantes son “vips”, los auriculares “walkman”, los puestos de venta o tenderetes “stands”, los ejecutivos “yuppies”; las niñeras “baby-sitters”, y hasta “nannies”, cuando el hablante moderno es, además, un pijo irredento. En la oficina, el jefe está siempre en “meetings” o “brain storms”, casi siempre con la “public-relations”, mientras la “assistant” envía “mailings” y organiza “trainings”; luego se irá al gimnasio a hacer “gim-jazz”, y se encontrará con todas las de la “jet”, que vienen de hacerse “liftings”, y con alguna “top-model” amante del “yoghurt light” y el “body-fitness”. El arcaico aperitivo ha dado paso a los “cocktails”, donde se hartan de “bitter” y de “roast-beef” que, aunque parezca lo mismo, engorda mucho menos que la carne.
    Ustedes, sin ir más lejos trabajan en un “magazine”, no en un programa. En la tele, cuando el presentador dice varias veces la palabra “O.K.” y baila como un trompo por el escenario la cosa se llama “show”, bien distinto, como saben ustedes, del anticuado espectáculo; si el “show” es “heavy” es que contiene carnaza y si es “reality” parece el difunto diario El Caso, pero en moderno. Entre medias, por supuesto, ya no ponen anuncios, sino “spots” que, aparte de ser mejores, te permiten hacer “zapping”. Estas cosas enriquecen mucho. Para ser ricos del todo, y quitarnos el complejo tercermundista que tuvimos en otros tiempos, sólo nos queda decir con acento americano la única palabra que el español ha exportado al mundo: la palabra “SIESTA”.
    Espero que os haya gustado… Yo antes de leerlo no sabía si tenía “stress” o es que estaba hasta los cojones.”

  3. José María Carrascosa Says:

    Hace ya algunos años te escribía unas letras, Fernando, que, después, incluiste como epílogo en la segunda edición de tu libro “Viajes hacia uno mismo”. En ellas, recordando tu estilo, tu lenguaje, tu manera de contemplarlo todo, te decía: “Lo que más me ha impresionado ha sido comprobar, una vez más, ese toque mágico que sabes dar a las cosas, a todo lo tuyo y a lo que te rodea”. Estas palabras me sirven, también hoy, para expresar lo que he sentido al leer tus nuevas y frescas aventuras marineras. Qué bien recreas cada pequeña cosa que te encuentras… ¡Cómo las reconstruyes…! Creo que esa visión que tienes es el mejor bagaje que has ido acumulando en tu camino. Para colaborar yo también en este “nuestro concierto” con mis acordes, que quiero sean con-cordantes, os envío mis pequeñas metáforas que no pretenden competir sino simplemente unirse a las tuyas.

    Mientras tú tomabas ese sol mediterráneo y esos “pescaitos” al borde de un mar azul y blanco, yo caminaba por rutas más agrestes, más en consonancia con mi geografía, más propias de este “paraíso interior” en el que vivo. Te cuento. Os cuento:

    Ayer, caminaba por mi “vía verde” (“mía”, porque la he roturado infinidad de veces y casi conozco de memoria cada amapola, cada jaramago y cada margarita del camino…) recordando aquellos versos de Machado, escritos con el mismo trasfondo de paisaje que yo contemplo casi cada mañana: “¡Viejos olivos sedientos / bajo el claro sol del día, / olivares polvorientos / del campo de Andalucía! ¡El campo andaluz, peinado / por el sol calicular, / de loma en loma rayado / de olivar y de olivar!” Suena exquisita la palabra del poeta: “Olivares coloridos / de una tarde anaranjada; / olivares rebruñidos / bajo la luna argentada…” Qué bien se respira el aire de Machado en la mañana limpia, cuando el sol apenas, mirando tras la loma, empieza a pintar de colores tenues la plata quemada de los árboles…

    Con mi paso, monótono y cansino, sigo un camino que antaño recorría un trenecillo que subía y bajaba, casi sin descanso, las lomas que rodean las mil antiguas minas –hoy ruinas- que florecen, casi sin avisar, recordando el pasado. Aquel tren, que todavía recuerdo, era un destartalado y elemental tren que unía pequeñas estaciones de ferrocarril y fundiciones mineras. Alguna vez, de niño, hice el viaje (entonces, para mí, largo viaje) montado en la maquina del tren, junto a mi padre. El maquinista, lo recuerdo bien, era un hombre gastado, ennegrecido por el carbón que, con rústica pala, echaba en la caldera de la máquina. Entonces, a mis seis o siete años, me parecía que aquella triste máquina, renqueante y fatigosa, con su respiración entrecortada, echando vapor de agua y humo sin cesar, casi sin poder arrastrar el peso de los vagones que se le encomendaban, era una “locomotora” fuerte y capaz de unir distancias que, para mí entonces eran inalcanzables…

    Mi visión de estos días, no era el mar, Fernando. Era el montecillo leve y la temprana brisa de mañana de campo. Seguirá siendo éste, también, el paso de mañana. Después, cuando regreso a casa, lo primero que hago es acudir a nuestro blog para encontrarte a ti y a los amigos. Y siempre es agradable, cambiar la adustez de estos paisajes, muchas veces grises, por vuestras letras amigas que siempre saben a amistad y sonrisa. Este es el acorde de mi concierto que quiero que se una al tuyo y al de todos los amigos de esta ágora en que se ha convertido nuestro blog.

  4. Isabel Rodríguez Says:

    Tal vez la belleza no depende tanto del objeto como de los ojos que lo miran y saben descubrirla en él. Como sabes tú, Fernando, y por eso la disfrutas tanto.
    ¡Ah! “Rielar” es intransitivo, así que la luna no riela estrellas, ni nada. Te sugiero, por ejemplo, “destilaba estrellas”. Aunque suena cursi, para qué nos vamos a engañar… “Derramaba estrellas” es un poco más presentable.
    De todos modos, si quieres permitirte el uso transitivo por exigencia poética, hazlo. Ya sabes lo de Max Estrella: “Soy poeta y tengo derecho al alfabeto”. Claro que a la sintaxis… En fin, tú haz lo que quieras, estoy un poco de bromas hoy.

  5. Fernando Says:

    Te diré, amiga Isabel R., encantado de encontrarme contigo en esta ventanita, que valoro tus sugerencias lingüísticas, tus directrices, propias de tu condición de escritora, poeta, profesora de lengua y literatura, mentora de noveles escritores, siempre tolerante y abierta a epiqueyas libertarias… Te diré en confianza que ya lo había consultado y sabía que “rielar” es verbo intransitivo. Pero me sentía bien con la broma y la licencia sintáctica, aunque pude haber puesto -sin abandonar el verbo “rielar” (también suena algo cursi)- “…rielaba sobre el mar con filigranas de plata…”.

  6. Fernando Says:

    Quiero copiar aquí otro comentario que Isabel R. ha hecho hoy a una entrada atrasada, la del 1 de junio, para que no quede inadvertida:

    “Me han parecido muy interesantes y ciertas las descripciones que habéis hecho del intelectual. Y me parece de absoluta necesidad no olvidar jamás el último párrafo de la aportación de José María, la necesidad de que el intelectual baje a la arena de la sociedad y participe en la lucha por mejorarla, por contribuir a armarla con valores esenciales y auténticos. Creo que si hay algo que puede rebajar el valor de un intelectual es la torre de marfil, el aislamiento del mundo y de los otros.”

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