Archive for Junio, 2007

Jueves, Junio 28th, 2007

       El comentario de Mariana me recuerda que tengo también pendientes algunas preguntas que se me me había hecho por e-mails. Para contestarlas en bloque, os confieso haber observado muchas veces, en mi particular laboratorio psicológico, cómo es verdad eso tan repetido de que la  la vida es un largo camino, a veces angosto y difícil de recorrer, pero que marcha en la línea del crecimiento, de la maduración y del encuentro en plenitud con uno mismo, y que este proceso evolutivo hacia la propia perfección posible es lo que constituye la esencia dinámica de la vida, así como el proceso de la vida vegetal cursa desde la semilla germinada al árbol frutal y florecido.  

 

         Y he observado también que esa realización progresiva y paulatina, a veces tan penosa, de las potencialidades que cada persona alberga dentro de su genoma originario, es lo que el ser psíquico experimenta como La Felicidad            

          Pero es también verdad que, en este camino, a veces doloroso y a veces exultante,  hacia la propia maduración y perfeccionamiento, se producen regresiones, perplejidades (“¿adónde el camino irá…?” de Machado), desorientaciones, bloqueos….Y es esta experiencia vital la que se traduce también, muchas veces, en  Infelicidad.            

          La terapia psicológica, que se llama Psicoterapia (frente a la somatoterapia o farmacoterapia que practican los médicos) consiste en ir descubriendo y reconociendo ese camino singular, el propio e intransferible de cada persona, reconducir la dirección tras cada uno de los inevitables desvaríos,  alentar la marcha, propiciar el encuentro definitivo con uno mismo y el ajuste permanente del propio equilibrio existencial…  

       La inteligencia emocional es la que organiza nuestras emociones y la orientación de nuestras vidas, en medio de la baraunda de acontecimientos emergentes en el camino singular de cada persona, y las dirige eficazmente hacia ese objetivo final al que todos existencialmente tendemos y que cada uno personalmente entendemos. Pero de que la Felicidad no es solamente la meta, sino que también es el camino, inteligentemente trazado y elegido, y  lo más gozosamente posible recorrido…       

         Muchas personas orientan sus esfuerzos, en esa marcha por los senderos de la vida,  a liberarse de lo que no les gusta, cuando lo importante y la emocionalmente inteligente es invertir las fuerzas y reconducir las emociones para conseguir lo que se quiere. (Insistiré en no confundir  la voluntad con el deseo, no confundir lo que me gusta con lo que libremente quiero). 

         Una persona  normal, integrada y madura es la que orienta sus tendencias, regulándolas en la dirección de los objetivos personales de su Yo y del propio sistema jerarquizado de valores. La inteligencia es, como vengo repitiendo, la función reguladora de  los instintos, las emociones y las pasiones, encaminándolas al objetivo final de toda dinámica humana, que es la Felicidad. Así es como hoy se entiende la llamada inteligencia emocional, que es la función conductora y autorrealizadora del ser humano en la existencia. 

        No me causó sorpresa cuando descubrí la concepción de Freud  de que, para él, la persona humana, o sea cada uno de nosotros, viene a ser como un animal que desea (que desea, en definitiva, Felicidad). Jinete sobre el caballo, metaforiza Freud: el caballo representa el deseo, la excitación rápida frente a los estímulos, la vitalidad primordial del “animal” que llevamos dentro. Pero el jinete no puede ser el esclavo de las ansiosas querencias del  caballo. El jinete es el dueño, el amo, que se sirve de la vitalidad del animal para ir adonde quiere llegar. Y eso es lo que define la Libertad, cualidad propia en exclusiva de seres inteligentes, capaz de moderar, canalizar y aprovechar en su propio beneficio las emociones y los impulsos naturales de sus impetuosos corceles. 

         Y es así, aún cuando tu decisión pueda conllevar algún error (errar significa desviación en el camino), porque el aprendizaje de la vida se realiza (no solo a nivel personal sino al nivel filogenético del desarrollo de la espacie) según el método del ensayo y el error. Y para el progreso en este camino existencial, se hace camino al andar, tan importante e indispensable es el acierto como el error. Lo dijo también el mismo Platón que para la persona de calidad, hasta lo malo es bueno. Y San Pablo: “Diligéntibus Deum omnia cooperantur in bonum”. Y Shakespeare: las cosas no son malas ni buenas; las hacemos malas o buenas con nuestro pensamiento. Y el novelista Bernanos, que tanto leímos en la pasada década de los sesenta: “Todo es Gracia”.

Domingo, Junio 24th, 2007

                        Con ocasión de mi entrada anterior del día 19, he recibido varias “consultas” por e-mail. Y una vez más ha  pisado la arena de esta plaza nuestro diestro, fiel y constante amigo José Mª, elaborando una fenomenología de los procesos afectivo-mentales. Violeta, como flamante psicóloga (además de madura profesora de Historia) lo comenta con una variedad envidiable de referencias a conocimientos muy bien asimilados…                        

          En esta línea quiero comentaros que tengo publicado un libro por la ya extinta Editorial La Buganville, titulado “Complejo de Inferioridad: Enfoque Terapéutico y Psicoeducativo”. Con esta editorial me sucedió algo muy curioso. Tomó contacto conmigo el Director, vía digital, tuvimos varias conversaciones telefónicas muy cordiales, me propuso ser asesor psicológico de la empresa, le ofrecí el original de este libro, me lo aceptó y editó en el 2002. A las pocas semanas perdí el contacto con la Editorial –quedaban pendientes asuntos de contrato y derechos de autor-, y cuando, tras de muchos intentos,  conseguí contactar con “alguien”, se me informa que el director había fallecido inesperadamente, a consecuencia de una operación quirúrgica, y que la Editorial quedaba extinguida y sin rastros. Pero el libro sigue andando por ahí: me lo he encontrado en páginas web, citado en algún otro libro, incluso recomendado en un foro…, aunque a mí no me reconoce, a pesar de llevar mi nombre y apellidos.  

      Del “complejo de inferioridad nos habló por primera vez Alfred Adler hace un siglo,  en su obra “Estudio sobre la inferioridad de los órganos”. Es probablemente el más popular  y reconocido de todos los fenómenos psicopatológicos, y cada día constato en mi consulta que está en la base, como un tumor amenazante,  de mucha intoxicación mental, de mucho desequilibrio psíquico, de mucha desetabilización interpersonal, de mucho sufrimiento humano y de muchas enfermedades orgánicas y patologías psíquicas. Hasta hace pocos años era muy habitual apelar al “complejo de inferioridad” en las conversaciones ordinarias; hoy está más de moda hablar de la autoestima. Aunque estos dos conceptos de algún modo se superponen: el nivel de la autoestima es uno de los índices para valorar el complejo de inferioridad.  Éste se enfoca desde una perspectiva clínica y psicopatológica, mientras que el concepto de autoestima se perfila desde más bien la angulación psicoeducativa            

         Como ya mencioné en la entrevista que os reproduje, la primera experiencia del ser humano en la existencia,  la que va a determinar todos sus dinamismos de autodesenvolvimiento, es una experiencia de desvalimiento, de impotencia, de debilidad, de inmadurez, de indefensión, de insuficiencia, de insignificancia, de dependencia, de menesterosidad. Así es como estrenamos nuestra experiencia de vivir en este “pícaro mundo”.  Las personas que  nos rodearon en nuestra primera infancia, representaban para nosotros el valimiento frente a nuestro desvalimiento, el poder frente a nuestra impotencia, la fuerza frente a nuestra debilidad y la importancia frente a nuestra insignificancia. Es una experiencia demasiado primordial y demasiado patente para que no deje después una huella perdurable en todos los humanos en nuestros posicionamientos existenciales frente al mundo que nos rodea, con sus retos y sus demandas, y frente a los demás seres que lo pueblan.  

 

         Pero sucede que la mayoría de la personas sanas, alertadas por la fuerza biológica del Instinto de Conservación, van a movilizar todas sus energías, a partir de esta primera experiencia,  en una dirección fundamental para la salud mental y el desarrollo personal: la de hacerse valer, superar la inmadurez, autoafirmarse en la existencia, realizar todas sus potencialidades, autorrealizarse.   A la organización dinámica de todas estas energías psicobiológicas, orientadas a la superación de a la propia experiencia de insignificancia, indefensión e impotencia y a la propia autorrealización, la denomina Adler, adoptando un concepto de Nietzche, VOLUNTAD DE PODER.  

          Esta es la historia de la evolución filogenética humana, personificada en el legendario Aquiles, quien  desde la consciencia de su débil talón  se  estimula a superarse, a luchar, a compensar sus deficiencias en un esfuerzo constante de superación  constructiva y autorealizadora que lo convierte en indiscutido héroe mítico y ejemplo paradigmático universal.  

         Pero para lograr hacer eficiente y autoconstructiva la Voluntad de Poder, el “pobre hombrecillo humano”  (Wilhem Reich) necesita indispensablemente integrar en la consciencia de sí mismo lo que Adler denominó Sentimiento de Comunidad, que es lo que hoy expresamos como Solidaridad, El brote primario de este sentimiento y actitud básica de Solidaridad  surge de la experiencia y comprobación fehaciente de que nadie podrá lograr su valimiento y la superación de sus propias insuficiencias a lo Robinson Crusoe, de un modo insolidario y aislado: que todos necesitamos de los demás para vivir, sobrevivir, y autorealizarnos. Es imprescindible vincularse, compartir, cooperar, comunicar, congeniar, colaborar…, es decir: AMAR.             

           La persona es esencialmente social, “Los hombres no son islas” dice el título de la famosa novela de Thomas Merton. Necesita perentoriamente adaptarse, adecuarse y estructurarse como miembro dentro de una colectividad. El filósofo Feuerbach sentenció que “una persona enteramente aislada desaparecería sin remedio del caos de la naturaleza”. La experiencia y consciencia de “pertenencia” y de solidaridad responde a una necesidad fundamental del psiquismo y de todo nuestro organismo biológico, que tiene su máxima expresión en el Amor.                    

          Sin embargo, el deseo o impulso tan común a nuestra naturaleza de superar a los demás, en lugar de amarlos y aceptarlos, de erguirse individualmente por encima de los otros, de “poder más” y “ser más”, es en muchos casos tan poderoso que, si una persona no puede satisfacerlo en la vida real, intentará hacerlo compensatoriamente en sueños y fantasías. Y hasta se podrá llegar, en casos extremos, a ideas delirantes narcisísticas, imaginándose ser Napoleón, Cristo o Superman, lo que supone una grave desviación de la realidad y la caída fatal en una patología psicótica (que es la verdadera condena del desamor).  

          Este patológico mecanismo compensador que he descrito, es el mismo que también configura, en muchos casos (o en algunas personas), una formación reactiva al Complejo de Inferioridad, también inauténtica, falsamente compensatoria, definitivamente insolidaria, que todos conocemos como Complejo de Superioridad.            

         Todos los problemas y retos que la vida nos presenta cada día nos pueden servir de prueba, o test, para descubrir cuál es el  nivel de nuestro Sentimiento de Comunidad,  o de nuestro espíritu de Solidaridad, en la medida que logremos superar las reacciones egocéntricas de falsa inferioridad y de falsa superioridad.  Porque solo este sentimiento de Solidaridad y “com-unidad” ha resultado  ser el gran resorte de la socialización y de la vida moral de todos los seres humanos, descendientes de Atapuerca:

-es lo único que hace posible y útil nuestra convivencia,

-es el gran moderador y regulador de la Voluntad de Poder

-es el insustituible soporte  compensador de esa consciencia y experiencia de inferioridad que nos acompañó desde nuestra infancia y que tantas veces, a lo largo de la vida, emerge ante nuestros ojos como realidad evidente y constatable  

         De todo esto intenta convencernos W. Reich desde el título de su libro: “Escúchame, pobre hombrecillo”.  

               (*También se me han  hecho preguntas sobre la “In teligencia emocional” y sobre los caballos del “Carro alado” que cité en mi comentario a José Mª y a Violeta. Pero esto tendré que aplazarlo a una próxima entrada…).

Martes, Junio 19th, 2007

         Ya en el borde del verano, el clima de Córdoba se espesa, mezclado el aroma residual de los azahares con el rojo sangrante de los geranios… Y en los cálidos atardeceres –amarillos, naranja, violetas, grises… - el cielo rechina de golondrinas y vencejos.             

       De nuevo se me ha requerido para una entrevista periodística. Esta ha sido por correo electrónico, desde Venezuela, sobre el “Complejo de Inferioridad”. Es una entrevista breve, y quizás algo simple, pero como pienso que el tema puede ser de interés, voy a transcribirla tal como se me planteó en el e-mail, poniendo mis respuestas resaltadas en “negritas”:  

 

         Estimado Fernando: Hola!  Soy una periodista argentina y trabajo para la revista  Más Salud: http://www.locatel.com.ve/%2Bsalud.php  que se realiza en Venezuela y se distribuye gratuitamente en varios países, y llega a una enorme  cantidad de público (en las cadenas de farmacias  Locatel). Estoy haciendo un informe sobre los complejos, y  quería formularle una consulta. Por favor, si no es  molestia, le propongo que responda una (o más, según  su disponibilidad) de las siguientes preguntas, porque sería un lujo contar con Usted:  

1- ¿Cuál suele ser el origen psicológico del complejo  de inferioridad?
           

RESPUESTA: En la teoría de A. Adler,  el origen del "complejo"  sería la no resolución del normal  sentimiento de inferioridad  que todo ser  humano experimenta necesariamente, desde las incapacidades, limitaciones,  insuficiencias, menesterosidades con las que llega a este mundo y desde las  que comienza su inseguro proceso evolutivo…  

2_ ¿Podemos decir que todos los complejos se originan  en la infancia?
           

RESPUESTA: Creo que queda contestado en la respuesta anterior  con respecto al Complejo de Inferioridad. En los demás complejos, son tan  irradiantes, tan irritativos, son tan hondas sus repercusiones en la  desestabilización del equilibrio psíquico y del bienestar moral de la  persona, que sólo puede explicarse su origen -en cuanto núcleos  hipersensibilizados del psiquismo- desde experiencias de las primeras etapas de  la conformación del "fondo endotímico" del individuo, en su preparación  paulatina para su afirmación personal y su enfrentamiento con el mundo  exterior. Cuando el Complejo se manifiesta en etapas posteriores de la  persona,  suele ser a partir de un acontecimiento psicotraumático que, de  alguna manera, ha conectado con raíces sensibilizadas de las primeras etapas  del desarrollo, que hasta este acontecimiento desencadenante no se habían  configurado o enucleado como complejo.

 3-¿Podríamos decir que todo aquello que nos acompleja  relacionado con nuestra apariencia física, en el  fondo, es un complejo de inferioridad?
       

RESPUESTA:

A veces eso que "nos acompleja" (esta frase pertenece ya  a la freseología habitual) deviene del normal deseo de superación y de  perfección, como estímulo positivo para realizarlo. En sus manifestaciones negativas, dependiendo de su grado de desestabilización, podrá deberse a  Complejo de Inferioridad en algunas de sus variedades (Complejo de Víctima,  de Inseguridad, de Fracaso, de Abandono, de Rechazo Social, incluso Complejo  de Superioridad…), o podrá ser también manifestación sintomática de otra  patología más grave: Trastorno Narcisista, Trastorno Fobo-obsesivo…  

4_ ¿se clasifican de alguna manera los complejos,  según su origen o según algún otro criterio?
     RESPUESTA: Creo que en la mayoría de los casos se clasifican por sus  manifestaciones o sintomatología (como los que he nombrado en la respuesta anterior), y se "explican" por su origen o  etopatogenia.
  

            Si decide colaborar, lo incluiremos como fuente y si  lo desea, tambíén mencionaremos su website y sus  libros. La nota sale en unos 8 meses, y el límite que  tengo para recibir su respuesta es el viernes próximo.  Gracias! saludos afectuosos  Elizabeth L. Sad,  Journalist/Writer  Spanish-English 

         (*Mientras os escribo, contemplo tras de mi ventana  los árboles del parque de Vallellano, meciendo el oleaje de sus hojas, insistentemente verdes,  bajo el cielo malva y rosa de este último día de la primavera agonizante…)

Miércoles, Junio 13th, 2007

Creo que fue ayer, o anteayer, el día que se ha dedicado muldialmente a recordar y tomar consciencia del drama humano (el verbo griego del que deriva la palabra “drama” significa recorrer un camino), el del camino sombrío y desatroso por la existencia de tantos niños condenados a la explotación y el trabajo. Y me ha venido al recuerdo las palabras de Eric Berne, el creador del sistema de Psicología Humanista denominado Análisis Transaccional. En uno de sus libros, titulado precisamente De principe a sapo” afirma: "Todo niño que viene a este mundo es como un príncipe o una princesa, pero después, por el conjuro de no sé que hada maligna, con frecuencia termnla convirtiéndose en un sapo o una rana". En esta frase, evocadora de cuentos y de magias infantiles, se condensa y se sintetiza ese recorrido evolutivo de la infancia de muchos niños y de muchas niñas, esa trágica trayectoria vital, el drama existencial de tantos niños y niñas, al paso de su proceso evolutivo, camino…a ninguna parte.

Todo niño cuando viene al mundo es como un príncipe o una princesa… Es verdad: cada niño, cada niña que viene al mundo es el producto de millones de años de ensayo de vida, es el resultado de un ensayo progresivo de creación de la vida, que ha ido produciendo diversos modelos sucesivos…hasta llegar a este niño, a esta niña, que, como cada niño o niña, es un ejemplar único, singular, irrepetible, renovado. Se da en el, en ella, una recreación, una renovación de la vida total. Llega lleno de posibilidades esperanzadoras, capacitado para producir nuevas maneras constructivas de estar en la vida, nuevas formas de pensar y de vivir, nuevas formas de crear y de amar…Con razón le dice a sus padres el filosofo y poeta Irani Gisbram: No pretendáis hacerlos como vosotros, haceos mas bien vosotros como ellos, porque la vida camina hacia adelante y no hacia atrás. Como si les dijera: vosotros sois modelos antiguos, y cada niño es un modelo renovado que supone un paso hacia adelante de toda la humanidad: toda la humanidad avanza, se perfecciona con cada niño o niña que viene a este mundo nuestro, y suyo.

Cuando a un niño o a una niña no se les permite jugar, por la presión de las circunstancias y de las exigencias más egoístas y mezquinas, por causa de la explotación o de la marginación, cuando no se les da la oportunidad de "divertirse" (“divertere” es ensayar caminos…) y de jugar, que es como decir que no se le da la oportunidad de ser niños, la misma expansión de sus energías vitales le podrá llevar a atentar destructivamente contra la realidad, o a escaparse de ella mediante el aturdimiento mental, la delincuencia o la droga. 

Existe una necesidad psicológica, arraigada en el  hondón más profundo de la naturaleza humana, que es definitoria de la condición esencial de la persona: “Ser hombre es ir andando hacia el olvido / haciéndose una patria en la esperanza. (lo dijo el poeta malagueño Manuel Alcántara). Es la necesidad de Esperanza. Los niños son esencialmente, en cuanto niños, seres esperanzados. Si se les arranca, si se les siega el brote de la esperanza, dejarían de ser niños (y no me refiero ahora a la esperanza como virtud teologal, sino a la esperanza como contenido emocional del psiquismo). 

        Saber que su camino va a algún sitio, que hay camino, o que se va haciendo al andar, como experimentó Machado, que allá en el horizonte hay luz sobre las cumbres, que su camino le lleva a Sí mismo y a los otros, a los demás seres humanos, en la realización solidaria de sus potencialidades de desarrollo, que ya que nació príncipe, algún día pueda reinar sobre si mismo y sobre sus circunstancias. Tendríamos que hacer una campaña universal para reinstaurar en el corazón de cada niño y de cada niña la emoción de la esperanza. Con la plegaria bíblica a Yahave: "Restaura en mi, renueva en mi, reconforma en mi el espíritu de príncipe".  La emoción endovivencial de la esperanza es lo único que justifica el sí definitivo a la vida, a la existencia que todo ser que llega a este mundo tiene que proclamar. La Esperanza es la condición sine qua non que le permitirá al niño, a cada niño  niña de este mundo, movilizar ilusionadamente y constructivamente sus energías vitales en la superación de cada obstáculo, a lo largo de toda su carrera por la vida. 

Añadiré una cita, no sé de quién, que condensa metafóricamente todo lo que vengo diciendo y que apela también, muy vigorosamente, a nuestras conciencias:

"Cualquier niño es como un río, que nace limpio entre las peñas. Porque están vivos -los ríos y los niños- corren y crecen: es muy difícil detenerlos. Si se parasen, ni serían río, ni serían niños…Pero al río y al niño podemos verterles nuestros deshechos y envenenar su cauce y su vida".

Y concluyo haciendo míos unos versos del poeta cordobés Leopoldo de Luis, que falleció hace poco más de un año:

Mientras haya un niño

sin pan y sin sonrisa,

yo

renuncio a la luna…”

 

Sábado, Junio 9th, 2007

         Acabamos de regresar de Madrid, en Ave, adonde habíamos ido el jueves Julia y yo a asistir, en la Universidad Francisco de Vitoria, a la ceremonia de Graduación de nuestra hija, que regresa también con nosotros. Para nosotros siempre –al igual que París para Hemingwey- “Madrid es una fiesta”. Nos supone una escapada de la rutina y el agobio de las ocupaciones diarías, necesaria a veces para reforzar nuestra  intimidad y para el repunteamiento de nuestra comunicación y de nuestra confianza, además de que nos proporcionamos expansión compartida, con  experiencias culturales y gastronómicas. A esto se nos unió esta vez el gozo y la satisfacción de celebrar con nuestra preciosa hija, a sus 20 años, en el escenario del campus de sus estudios, el final de una etapa conquistada en su marcha por la vida. Ha sido un acto académico brillante, de calidad y buen estilo social y humano, estimulador de nuestro orgullo de padres y de hondas satisfacciones ancestrales…   

 

          Venía queriendo deciros que el comentario de José Mª del día 5,   tan puntual, oportuno y exacto como siempre, merecería que le aplique unos versos de Juan Ramón: “Siempre tienes la rama preparada / para la rosa justa”… Y tengo el deseo de explicaros, y hacer historia, del “sentido” de mi amistad con José Mª, tantas veces puesta de manifiesto en estas reflexiones cruzadas.

        Tened en cuenta que este blog, ágora o plaza pública de la aldea global (lugar de encuentro y de intercambios de personas tan simpatotónicamente estimulantes, inteligentes y agradables) ha significado, para José Mª y para mí, como un viaje hacia atrás en el túnel del tiempo, a encontrarnos en nuestros diálogos y confidencias juveniles, en aquel abierto Campo del Ángel de la Alcalá renacentista o bajo el Olivo de la Paz de la Granada Musulmana, en  “las tardes azules” de nuestra lejana juventud… 

 

         En mi libro A corazón abierto confieso, a propósito de una inesperada llamada telefónica que tuve de él, después de un largo tiempo de silencios, que quizás sea él de las pocas personas  a quienes puedo aplicarle con su pleno sentido el calificativo de amigo. Añado en ese libro, para ser justo, que tengo otros muchos, tal vez muchísimos, “amigos”, personas afines, simpatizantes, de trato frecuente, a quienes quiero y por los que me siento valorado y querido. Pero la palabra amigo, como significante sausseriano, solo adquiere su plenitud de significación en cuatro o cinco, a lo más, con quienes, paradójicamente, nuestra amistad se sacramentaliza en un rito ocasional de esporádicas llamadas telefónicas, en las que invariablemente, y también ritualmente, siempre nos hacemos la aérea propuesta de “encontrarnos algún día”. Pero ese día nunca, o casi nunca se concreta, porque tampoco es necesario para la autenticidad de nuestra amistad. Y lo curioso que observaba, mientras los convocaba en mi mente al escribir esto, es que esos cuatro o cinco amigos tienen conmigo algo fundamental en común: haber saltado juntos las tapias de un largo encierro o heber sido supervivientes de un mismo naufragio… (Y se me dibuja en el pensamiento el gesto entrañable y pícaro de nuestro amigo Juan Rodríguez, que fue Director de TVE en Madrid y fundador redactor jefe de Europa Press, y que hace pocos días nos envió su último libro. Le escribí en respuesta: “¡Cuánta vida, cuánta vida, qué intensa, revivida en tus poemas…! ¡Qué manantial de sentimientos de oro y de carbones encendidos…!) 

         Y os confieso de nuevo ahora que mi amistad con José Mª tiene algo especial que yo no sabría definir. Cuando leo o repaso el cuaderno que me mandó de sus memorias  (las había escrito estimulado por la lectura de mi diario “Viajes hacia uno mismo”) tengo la impresión, en cada página, de estar leyendo la crónica de mi propio pasado, con toda la añoranza de su lejanía y con todo el encanto de su recuperación. Allí dice: “qué cantidad de personas hemos cruzado en el camino y que, al pasar el tiempo, se han perdido en la lejanía de la tarde, en el anochecer…”                                

          Quizás sea eso lo que perfila el significado exacto de la palabra amigo: que él ha estado siempre ahí,  testigo de mi propia historia, espejo en el que uno se re-encuentra y en el que contempla, recuperado, al que fue. Pienso ahora que cada vez que, durante estos pasados años, cojía el auricular del teléfono y marcaba el número de J.M., estaba buscando, sin saberlo, a quien algún día lejano yo mismo he sido…  

         En Esperanto (siendo, hace ya tántos años, profesor de latín y de griego me interesé por la estructura de ese lenguaje arquitectónico), la palabra que corresponde a amigo es samideano, algo que tiene que ver con el encuentro compartido de la propia identidad, de las propias ideas. 

         En los escritos de José Mª, en su peculiar estilo, se refleja, junto a su sensibilidad estética y la impregnación constante de un sutil lirismo, el rigor y la profundidad en la elaboración del pensamiento, que llega a generar en mí lo que Gerald Brenan define como “envidia blanca” (analogía evidente con la magia blanca). Lo encuentro lúcido, por ejemplo, cuando al encabezar el escrito de sus memorias inéditas, reflexiona sobre si en realidad la persona - uno mismo- es el resultado de un proyecto libremente asumido, o si nuestra identidad se va perfilando como consecuencia de nuestro paso singular por el laberinto de la vida,  a través del  cual uno va buscando  -con desesperación y con esperanza- posibles puertas de salidas que determinan y marcan nuestro modo vivir en ella, y que configuran existencialmente nuestro carácter…O cuando resume su recorrido vital desde una melancolía fatal, casi trágica: “Quizás el ser un hombre/ sea preparar un remoto dolor/ y una silente muerte…”. O como se autodescibe en otro poema (describiendo al mismo tiempo la anhelante condición humana): “unas manos alargadas inusitadamente / intentando coger alguna estrella…”            

       El epílogo que él me tejió para la segunda edición de mi libro Viajes hacia uno mismo lo inicia con esta evocación: “Querido Fernando: Con la lectura de tu libro he vuelto a “las tardes azules”. (“Hoy he vuelto a las tardes azules; / mi voz sabe a poniente…” ¿lo recuerdas?)… 

       Sí, José Mª, lo recuerdo "como si fuera ayer", y quizás sea verdad: hemos vuelto “a las tardes azules”…

Lunes, Junio 4th, 2007

Quería contaros que cuando, anochecido el viernes, arribamos, Julia y yo, a las playas de Torremolinos, a la altura de La Colina y Costa Lago, un espectáculo visual, envuelto en la total oscuridad de la noche cerrada, nos inundó de magia y de misterio: la luna llena, de amarillo pálido, cubierta con un velo de nubes transparentes, rielaba sobre el mar filigranas de plata…

 

(*No estoy seguro de que el verbo “rielar” sea transitivo…)

 

La mañana del sábado y la del domingo, estuve leyendo, como tanto me gusta –los pies desnudos sobre la arena, sombrero panamá y bajo sombrilla- frente a un lento mar, mecedoramente calmo, de lomo traslúcido, azul celeste acuoso, diluído…Comimos en un chiringuito -sardinas en espeto, pipirrana de hortalizas, pez espada con patatas a lo pobre, rosada a la plancha con ensalada…-, sin perder de vista el mar ni sus reflejos.

 

            Por la tarde, en el abundante Multicines de Plaza Mayor, la recién estrenada “Entre mujeres” -¿buena? ¿regular?- nos dejó vibraciones en el pensamiento, como esas películas, que sin ser quizás “mejores”, dejan después del convencional The End un temblor en nuestra vida y un regusto, dulce y triste al mismo tiempo, entre los labios: los pequeños dramas cotidianos, concreciones anecdóticas del drama de la humanidad, de sus universales experiencias y destinos (como en las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides); la catársis del alma por las verbalización confidencial de sufrimientos inconfensados y culpabilidades enquistadas (a lo que yo me ofrezco y dedico en las casi todas horas de mis cada días…); la revelación sorprendida, después de tantas búsquedas, de que la felicidad es estar vivo, vivir, y que se realiza y degusta en las respuestas, positivamente metabolizadas, que nos ofrece la vida y la con-vivencia…

             Regresamos la tarde de ayer, domingo, rememorando yo unos versos de Valle-Inclán: “¿Dónde gozar de la visión tan pura / que hace hermanas las almas y las flores?”

            Y quise responderme: En cualquier parte, siempre que te asomes, con la mirada limpia y el corazón generoso, al fondo de tí mismo…

           

Viernes, Junio 1st, 2007

             Marina Segura, en su comentario del 30 de mayo, da una definición de la “`persona” que ella considera voluntarista, hipócita  y utópica si nos empeñanos en que son así, o tienen que ser así los ciudadanos integrantes y votantes de una Democracia: “Individuo consciente de su individualidad y que se sitúa de una manera crítica y razonada ante la sociedad de la que es miembro”.  

Y pienso que con esta definición quizás está dibujando el perfil real de un tipo especial de persona, raro y escaso en nuestros tiempos, que se denomina “Intelectual” (y que representa, a mi modo de ver, al “homo theoreticus” de la tipología de Splanger alzado a la excelencia).

 

Muchas veces me había yo preguntado sobre el significado exacto de ese adjetivo sustantivado “el Intelectual”, o el alcance conceptual del título o calificativo de “Intelectual” que, en los cercanos siglos pasados, se ha aplicado muchas veces, y muy valorativamente,  a algunas siempre escasas personas significativas.

 

 En la entrada que hice el 17 de febrero recogí esta definición, de contenido semejante a la que nos ofrece Marina:

           

            El Intelectual es aquel que escribiendo, manifestándose o enseñando, testimonia una lúcida posición cuestionadora frente a la situación histórica que vive la sociedad”. 

             Recogí, no sé de dónde, esta definición, y añadí un comentario tomado de uno de mis libros: “Reconozco que hoy “lo intelectual”  no está de moda, ensombrecido por la  gigantesca sobrevaloración de “lo científico”. Pero pienso que el Científico, si no es también un Intelectual o está asesorado por intelectuales,  no dejará de ser un contable, con toda la dignidad que esta función  merece, y con toda la necesidad y la utilidad práctica que reporta. El Intelectual se mueve en otra órbita no materializable: la del pensamiento intangible, que inspira todo el sentido de la existencia, incluso el que reporta las contabilizadas adquisiciones científicas y tecnológicas”.

 

            Añado ahora que, para mi modo de entender,

 

-el contenido mental de un Intelectual son las Ideas;

-su dinámica cognitiva: el cuestionamiento permanente;

-su actitud fundamental: la crítica minuciosa de las ideologías y la depuración de los conceptos;

-su instrtumento profesional: la razón, pero también la intuición y la imaginación, además de la memoria y la cultura;

-su ocupación diaria: ver, leer y preguntar…, después, escribir;

-su objetivo final: la Verdad y la Libertad, “la verdad que nos hace libres” (la alezeia griega, el descubrimiento progresivo, la sorpresa permanente).

 

Esto es lo se me ha ocurrido a mí, después de leer la definición de Marina. Pero pienso que en este blog venimos todos constatando, como algo evidente, que nuestro amigo José Mª se sitúa en la vida, y contempla su curso fluvial y sus avatares, fluídos o arremolinados, desde un neto posicionamiento de “Intelectual”. Por eso me interesa mucho que nos exponga su propio pensamiento, desde su experiencia ejercitante, de lo que es hoy “ser un Intelectual”. Estoy seguro de que lo hará con la profundidad, la exactitud y la lucidez a las que nos tiene acostumbrado.

Y, por supuesto, cualquier otra aportación que hagáis será igualmente valiosa y bienvenida…

 

Y me marcho… a pasar un nuevo, renovado, fin de semana, con Julia, bajo el sol de oro, entre las brisas yodadas de la Costa, (¿os venís…?).