Aceptando la definición de José Mª de que todo lo que, desde su ámbito teórico, tiende a regular la vida de los hombres, habría que englobarlo en el concepto “ideología” (frente a las “ideas” que no regulan, sino las que iluminan y propician la autoregulación racional)  y con ocasión de las votaciones para los cargos municipales (son “cargos” no prebendas) a las que nos convocaron ayer, quiero confesaros que, por fidelidad a mi profesión, no me identifico obcecadamente con ninguna ideología, camarilla, secta, partido, o perspectiva unilateral y cerrada de valoraciones. Porque ese es (para mi gobierno personal) el único modo de conservar la neutralidad afectiva y la apertura de mente que me permite empatizar con la singularidad de cada uno de mis pacientes, a quienes les debo acogida, comprensión y aceptación personal, sin reservas mentales.

 

Pero además es que, aunque he votado, rehúso filosóficamente adherirme a ninguna “ideología política” de modo incondicional e inconmovible. Y es que considero (para mi personal gobierno también) que las ideologías incondicionales son pensamientos secuestrados y encadenados, esclerotizados y muertos… Y elijo seguir ilusionándome, y proseguir renovadoramente, tras de las Utopías…

 

Me ilusiona todavía la Utopía Democrática, a la que tengo la impresión de que muchos políticos han renunciado (sobre todo tal como se manifiestan en las Campañas Electorales) y me interesan las ideas, los valores, las ilusiones permanentemente renovadas y los proyectos que promuevan la justicia, el orden y el respeto convivencial, la paz, la igualdad de oportunidades sin privilegios, las libertades, la Libertad…

 

En alguna parte he escrito que asistí al advenimiento de la Democracia con la misma expectativa romántica que el  judío histórico aguardó su llegada a la Tierra de Promisión. Alimentaba mi ilusionada espera con un pensamiento, sorprendente entonces para mí, de W. Faulkner, que yo había leído en una de sus novelas: “Ser demócratas es sentirse avergonzado de querer imponer las propias ideas a alguien, aunque uno esté seguro de tener la razón”. Eran sorprendentes (sorprendentemente descubridoras para mí) porque había sido criado y educado en un ambiente político y social firmemente impositivo, autoritario y dogmático

      Este espíritu de profundísimo respeto y reconocimiento del valor intrínseco de la persona, y del derecho a sus propias convicciones, y de la relatividad, por otra parte, de sus personales certezas (que merecen estar permanentemente revisadas y renovadas), queda groseramente pisoteado, sobretodo en tiempos de elecciones, por esos discurso de algunos políticos que desennoblecen la democracia, donde emergen actitudes mezquinas, posturas falaces, acusaciones impertinentes y groseras, además de promesas arteras y falsas, dirigidas únicamente a embaucar a los “infelices” (se creerán ellos) ciudadanos, desde su ambición por encaramarse y aferrarse a lo que ellos mismos entienden por “el Poder”.  

 

Es incomprensible que los políticos que nos representan olviden tan frívolamente que el Poder, en democracia, es el patrimonio irrebatible de los ciudadanos, y que ellos, los políticos, solamente ostentan nuestra representación, como delegados y administradores. Ya es hora de que tomen consciencia eficiente de que son solamente los administradores y no los dueños del cortijo. Y sería bueno que recordaran que la palabra “Ministro”, deriva del latín “ministrare” que significa “servir”, estar al servicio, cuya raíz conserva  el lexema “minus”, el menor (y que la palabra “Maestro”, deriva de “Magister”, cuya raíz es “magis”, el que es más…) . Sería para los políticos, en el ejercicio de su honrosísima servidumbre, un sano y ennoblecedor ejercicio de humildad.

 *De lo que estoy convencido es que siempre que se  utilice  -desde cualquiera de las posiciones ideológicas o políticas, sean de derecha o de izquierda-  la fuerza aplastante del dogmatismo (emanante a veces de las ideologías) y  la  intolerancia, el autoritarismo o el fanatismo consecuentes,  se están bloqueando los  caminos del progreso,  se está  actuando reaccionariamente y se está    interceptando el desarrollo de la libertad y de la justicia en nuestra convivencia. 

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11 Responses to “”

  1. Fernando Pinzon Says:

    Mariana, desde su lejano México transatlántico,le ha puesto a Charo, hoy, un comentario en la entrada del día 17. Se alegra de poder entrar en contacto con una especialista en Historia y espera con interés algún comentario suyo. Lo digo aquí para aclararle a Mariana que hay por lo menos otra (que yo sepa) también profesora de Historia. ¿No se imaginan quién es?…

  2. José María Carrascosa Says:

    Fernando, en su momento justo, nos ha dado una lección de “buena democracia”. Estoy plenamente en consonancia con él. Me alegro de ello. A pesar de todo, aunque en algún tema concreto yo fuera disidente, desde luego nunca sería polémico. La “guerra” no es buena consejera, ni conquista verdaderamente territorios. Pero sí, es necesario confrontar pensamientos para unirlos en auténticas síntesis, calibrar posiciones, a veces contrapuestas y construir siempre más libertad y mejor gobierno. Creo que cuando la palabra final democrática ya se ha dicho en las urnas, lo correcto es no sólo aceptarla sino alegrarse de haberla podido decir. A mí me sorprende, después de haber vivido muchos años en regímenes dictatoriales, la naturalidad con la que el pueblo asume su papel de “gobernante”. Esa es la “democracia”: así de simple y así de soberana.

    Sin embargo, a pesar de que el recuento de votos ya se ha hecho, entiendo que sólo ha concluido el primer acto del proceso electoral democrático. Infantilmente, creo, y sólo para incondicionales no-pensantes, los partidos repiten ahora sus consignas triunfalistas: ¡Ya todo ha sido dicho… Las urnas han dicho la última palabra! Siempre me ha resultado ridículo presenciar este afán ganador que asiste a todos los líderes en las noches electorales. Y, en este 28 de Mayo, estoy perplejo por esta rocambolesca dualidad de ganadores que las urnas han propiciado: unos han ganado las elecciones; otros, el poder… ¿Cómo será un gobierno sin poder o un gobierno sin respaldo de su pueblo….?

    A pesar de estos ridículos juegos florales y de esta palabra pseudo-convencida para incondicionales, entiendo que el juego democrático no consiste sólo en que un concreto grupo político obtenga un número de votos superior al del adversario. La democracia no es sólo la agregación cuantitativa de votos. El mandato que se da al grupo político es para que organice gobierno: que consiga el bien público temporal para todos los integrantes de la sociedad. No estoy de acuerdo, por ello, en que necesariamente este cometido se dé a la lista más votada, si ésta no puede hacer frente sola a esta exigencia de gobierno. No tiene que ser la lista más votada la que deba gobernar, sino aquel grupo que puede lograr la fuerza o los consensos necesarios que le permitan cumplir el programa ofertado al pueblo en la campaña electoral. Este, creo, es el segundo momento importante de la democracia: dialogar, unir ideas, pactar con grupos afines para que la gobernabilidad se consiga. Los pactos post-electorales no sólo son buenos, sino que forman parte de los medios necesarios para conseguir gobiernos genuinos.

    Si “gobernar” (del griego “kubernao” = pilotar un navío) es llevar a buen puerto la nave, sería suicida, en tiempos de mar gruesa, no hacer caso a los prácticos del puerto, no unir esfuerzos y estrategias, y confiar la complicada y casi imposible maniobra de atraque solo en la autoridad de un capitán incapaz de realizar una buena “gobernación” en solitario. Hacer pactos supone dialogar, ser humilde para reconocer el valor del contrario, recoger el sentir mayoritario, saber integrar la voluntad popular.

    Lo que resulta triste, al menos para mi “utopía democrática”, es que la agrupación de unos hombres que se unieron para presentar al pueblo un programa de gobierno con vistas al bien común, se haya convertido, por afanes egoístas exclusivamente personales, en una fuente de discordia y de tiranía encubierta que da al traste con el ideal democrático. La genuina voluntad del pueblo se resiste a ser “manipulada, secuestrada, encadenada por una tiranía dogmática e intolerante”. En nuestro caso concreto, dejemos ya como vieja y caduca la manida división del poeta: ni charanga y pandereta, ni Frascuelo o sacristía…

  3. Fernando Pinzon Says:

    José Mª: Me gustan, como siempre, tus consideraciones, precisas y bien trabadas. Y…, todavía bajo el pesado clima postelecciones, entre los fuegos cruzados y repartos del botín, elijo pasar de la “anécdota” a la “categoría”, y del limo a la estrella, porque entiendo mejor la Democracia como un sistema o código de valores y de utopías regeneradores, que como una simple forma ocasional de gobierno, necesariamente perecedera, frustrante y alternante. Y recomiendo a nuestros amigos el libro “Ideología y Utopía” de Karl Mannheim, al que ya he hecho alusión, que fue texto de referencia y de consulta para nosotros, para ti y para mí, en aquellos lejanos años de nuestros estudios filosóficos, en los que tú tanto sobresalías.
    Recordarás que, en esta obra maestra de la sociología del conocimiento, se analizan las ideologías y las utopías como conceptos socio-psicológicos colectivos que subyacen a cualquier acción social y política.
    Demuestra Mannheim que las ideologías son construcciones interpretativas que (inconscientemente, muchas veces) buscan justificar y estabilizar un determinado orden social en beneficio de un grupo particular. Las utopías son, en cambio, construcciones ideales que inspiran a la acción colectiva dirigida a alcanzar transformaciones renovadoras, ilusionantes y progresivas, y beneficiosas para toda la humanidad. Las “ideologías incondicionales” no permiten ni toleran el cuestionamiento ni la crítica: cierran, en consecuencia, los caminos del pensamiento renovador y encierran en posicionamientos blindados a los adictos.
    Las utopias, por el contrario, son abiertas y claras, como las estrellas: que nunca podemos alcanzarlas pero nos guían en el camino…

  4. José María Carrascosa Says:

    A propósito de los temas que hemos estado tratando estos días, esta mañana, hojeando unos escritos de María Zambrano, he encontrado una frase que me ha gustado y os la propongo: “Si se hubiera que definir la democracia podria hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no sólo es permitido, sino exigido, el ser persona”.
    ¿Qué os parece? Sería tema de variados comentarios. Reflexionaremos, con el tiempo, sobre ella.

  5. Marina Segura Says:

    Jose Mª:
    ¿Me puedes decir qué entiende María Zambrano por “ser persona”?
    Gracias

  6. José María Carrascosa Says:

    Marina, gracias por la pregunta. Me permite establecer este contacto cercano y afectuoso contigo, creo que desde nuestra cercana tierra “giennense”.

    Escribe María Zambrano en “Persona y Democracia”:

    “Que la sociedad está compuesta de individuos parece verdad evidente. Mas esta verdad evidente se encuentra en situación sumamente ambigua, porque es la verdad que llegará a ser…”

    “La persona es algo más que el individuo; es el individuo dotado de conciencia, que se sabe a sí mismo como valor supremo, como última finalidad terrestre y en este sentido era así desde el principio, mas como futuro a descubrir, no como realidad presente en forma explícita”.

    “Que el individuo en su plenitud de ser persona sea la finalidad de la historia indica que sólo muy tardiamente el individuo ha sido visible, teniendo en cuenta que sólo en época relativamente moderna ha comenzado a actuar como tal”.

    “…En la expresión individuo se insinua siempre una oposición a la sociedad, un antagonismo. La palabra individuo sugiere lo que hay de irreductible en el hombre concreto individual, mas en sentido un tanto negativo. En cambio, persona incluye al individuo y además insinua en la mente algo de positivo, algo irreductible por positivo, por ser un “más”; no una diferencia, simplemente”.

    El párrafo segundo es el que creo responde a tu pregunta. He entresacado los restantes porque en ellos establece M.Z. la diferencia entre individuo y persona, ambos dentro de la historia. La persona es la maduración y cumbre de la individualidad.

  7. Marina Segura Says:

    José Mª:
    La respuesta es la que me imaginaba: la “persona” es el individuo consciente de su individualidad y que se sitúa de una manera crítica y razonada ante la sociedad de la que es miembro. En definitiva: un ser consciente, pensante, crítico, informado, solidario… Una sociedad así sería el resultado de haber alcanzado la Utopía Democrática a la que aludía Fernando. Desgraciadamente, las utopías, como las estrellas, no se alcanzan, aunque nos iluminen el camino.
    ¿Cómo se le puede “exigir” a alguien ser lo que no es? ¿O nos creemos pertenecer a una sociedad así? Y me refiero a cualquier parte del mundo.
    Al ciudadano de una democracia se le supone la excelencia, como al soldado el valor; pura hipocresía o voluntarismo.
    Ortega, maestro de María Zambrano, trataba el tema con más crudeza y realismo. A mí me parece que una buena dosis de realismo ayuda mucho en la marcha hacia las utopías.
    Un saludo

  8. Charo Vera Says:

    Al hablar de democracia siempre ponemos nuestra atención en su estructura politica, que tanto en su pasado griego como en su desarrollo en los dos últimos siglos la podemos denominar como imperfecta. ¿ Qué le falta para que deje de serlo? Ago esencial y que no se hace hincapié :la democracia es ante todo una forma de vivir, empieza a conformarse desde la persona que se va construyendo con los pilares del respeto individual y colectivo, libertad y la capacidad creativa que le permite desarrollar la categoria de ciudadano solidario, responsable y cooperante en la creación de una sociedad democratica en marcha hacía la utopía de la perfección

  9. Fernando Says:

    Me he quedado “fascinado” con las aportaciones y puntualizaciones tan profundas, tan sugerentes y reales, tan bien matizadas y expuestas, de Marina Segura y de Charo…

    … Y he encontrado un pensamiento de Vargas Llosa, expresada en un intercambio de reflexiones con el escritor japonés Kenzaburo Oé (algo muy semejante a lo que nosotros hacemos en este blog). Sostiene Vargas Llosa que la democracia es necesariamente un sistema que “renuncia a la pefección y hace de la mediocridad un ideal social”. “Los consensos y las transacciones que garantizan la coexistencia en la diversidad, condenan a la sociedad a la imperfección, a la moral del mal menor”. Es, creo yo, como se entiende ese dicho universal de que la política es “el arte de lo posible”, donde lo “posible” se opone a lo “ideal”, por lo que se considera pragmático y realista resignarse a los lentos y aburridos progresos de lo “posible”, renunciando a la consecución de un “ideal” inaccesible… Añade Vargas Llosa que “el empeño en transponer a la realidad política el ideal estético de la perfección (representado en nuestra época por los integrismos religiosos y los nacionalismos) ha hecho correr ríos de sangre a lo largo de los siglos…”. Afirma también que la ambición de de lo perfecto ha dado origen a los grandes hallazgos científicos, a las más importantes realizaciones estéticas y a la existencia de individuos ejemplares, que no es bueno ni deseable renunciar al cielo y las estrellas. “Pero a sabiendas de que un mundo coherente, bello, racional, justo, ideal, sin mácula, a la medida de nuestros sueños, sólo existe en la literatura, en el arte y en la fantasía, y es incompatible con la trama de aspiraciones contradictorias y diversidades de la vida colectiva, que, para no sucumbir a la violencia, y a la alternancia del poder por golpes de estado y guerras civiles, acepta unas reglas de juego que nos condenan resignadamente a una rebaja continua de nuestras aspiraciones a los ideales de perfección…” Y termina afirmando que es mejor conformarse con los lentos avances y con los retrocesos desesperantes de la cultura democracia, que “buscar una inalcanzable perfección que genera hecatombes…
    Todo esto es lo que dice Vargas Llosa, y a nosotros nos puede hacer pensar, seguir pensando…

  10. Fernando Says:

    Isabel Agüera ha hecho un comentario en la “entrada” del día 18 de abril que probablemente, por quedar retrasado, ya muchos no lo vais a leer. Lo voy a copiar aquí por ser de ella (que es ecritora prolífica, novelista, columnista, poeta, pedadgoga, académica, con más de 50 libros publicados, galardonada en varios concursos…) Pero debería darme vergüenza por los elogios que me hace, explicables sobretodo por la amistad que nos une desde hace más de trenta años, en un intercambio ininterrumpido de pensamientos y de afectos… Bueno, pues me pongo colorado y ahí va el comentario de Isabel….(También elogia vuestros comentarios):

    Queridísimo Fernando: Esta madrugada de cielos espléndidos en nuestra ciudad encuentro al fin tu blog que me he leido de un tirón, si bien volveré despacio a leer y reflexionar en todas y cada una de tan sabias y maravillosas palabras. Sin duda sigues siendo el gran maestro que, entre poesía, filosofía, psicología… sabes cómo encontrar palabras que nos llegan a todos y nos hacen reflexionar en profundidad. Tus obras, y ahora este blog que navega entre millones por el universo de la Red, son sin duda un festín para compartir en la seguridad de que siempre es alimento fresco que nos hace crecer a cuantos te leemos.
    En uno de mis últimos artículos, también titulado Cambio Radical, terminaba con estas palabras: Los cambios radicales a golpe de bisturí nos podrán convertir, aparentemente, en nueva rosa, pero en rosa disecada, careta que puede ocultar nuestras arrugas, pero siguen ahí, insultantes y reivindicativas de sus derechos. Aprendamos a envejecer con dignidad, porque, parafraseando a Tagore, digo: Aunque el tiempo arranque los pétalos de nuestra “rosa”, no logrará quitar la belleza a nuestra flor.
    Creo que en ello andamos, y tu escrito/os, así como los comentarios todos son prueba de sensatez para un mundo desquiciado que camina a golpes de absurdas modas.
    Ya empieza a clarear el día, hora maga ésta: Salgo a mi terraza, miro al cielo y exclamo: Gracias a la vida que me da tanto. Y en ese tanto tú cuentas. Un abrazo. Isabel

  11. Isabel Agüera Says:

    Queridos amigos: Esta madrugada la noria imparable de los recuerdos me trae a la memoria con absoluta nitidez aquel otro día muy lejano de mi… Blanca y radiante ante el altar. Sí, es aniversario de mi sí quiero, hasta que la muerte nos separe, y la muerte nos separó hace ya casi veinte años. No obstante, me permito compartir con vosotros mis recuerdos y mis palabras para el hombre bueno, sencillo, honesto y divertido que fue mi marido.

    Tú y yo
    A la memoria de mi marido
    Llueve algo esta madrugada. Mis ojos, nubes preñadas de lágrimas que tatos caminos regaron, vuelven a ser borrasca hoy de nostalgias y recuerdos. Aquel pueblo de nuestro encuentro, las tormentas, los paraguas, los charcos, las goteras…
    Tú y yo, pobres de todo; tú y yo, ricos en amor; tú y yo, dichosos con nuestra nada, vivíamos en plenitud la lluvia en los otoños, y los trigueros en las primaveras, y las espigas y las eras en los veranos… Y las lunas, ¡cuántas estrellas y lunas, siempre!
    Tú y yo hicimos de nuestras vidas tal aleluya que, tras veinte años ya de aquel adiós sin retorno, puedo escucharte, puedo verte superpuesto en el cuadro vivo de los días.
    Sí, yo sé que eres tú, boca grande en sonrisas que me mira. Sí, eres tú, lluvia limpia que cala mi alma esta madrugada. Sí, eres tú, nostalgia en las flores marchitas de un ayer que es hoy en el almanaque de mi alma.
    Y tú eres yo, poema de amor escrito en el cálido aliento de los instantes que me nacen, que me palpitan, que me llevan… no sé a dónde, pero es tu amor lo que respiro, y es tu amor lo que me inflama, y es amor… ¡si, si, amor! lo que me ríe lo que me llora…
    Amor palabra izada de bandera en el cuadro vivo de cada día, donde superpuesto, yo te descubro. Tu recuerdo, sigue siendo flujo y reflujo en lugares, palabras, silencios… amores. Tu recuerdo no es un ayer muerto en la precoz hora de azahares y jazmines. Tu recuerdo no es aquel beso postrero que dibujó en mis mejillas el blanco pañuelo de tus labios en el terminal suspiro que exhaló tu alma. Tu recuerdo es… sí, realidad de unos hijos buenos que te siguen recordando.. amando, en tanto que en sus ojos rutila ingenua una interrogante:¿por qué papá? Y tu recuerdo son nuestros nietos, que no conociste pero que saben tu nombre y piden que caigas en su terraza como cae la lluvia o como descienden los pájaros.
    Y tu recuerdo es la hoja que vuela, y es el arrullo eterno de nuestra tórtola, y es el viento que agita mi cortina, cuando sola te presiento en este aliento de vida que palpita cálido junto a mí, y es el rugido del mar que me reverbera en el alma en aleteo de gaviotas que fueron ayer, que soy hoy…
    ¿Verdad que eres tú, amor? Arrúyame una vez más que sigo siendo niña de un día que me ahogo en lágrimas de soledad y abandono. Mi corazón es la senda, ¿no oyes cómo me galopa el resplandor de la aurora? Vuelve con la mañana; te estoy esperando porque me faltan besos en las madrugadas, y el verde claro de una mano, en el camino, me falta la canción de una palabra, ¡Huye con la llave otra vez de la vida, que todo está punto y se acaba mi día! Te estoy esperando, amor.

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