He vuelto, otra vez, de junto al mar…, de andar bordeando la franja de oro y plata de esa inmensidad fruncida, azul y rumorosa: “Fruce su rumor el mar”, escribió Federico el cárdeno poeta granadí (que así lo llamó Juan Ramón). Precisamente, entre mis lecturas playeras, encontré una confesión de Juan Ramón, que hago mías literalmente: “La vida sin el mar no se comprende; yo, por lo menos, no la comprendo, y todas mis eternidades se las debo a él…”
Acaba de salir a luz un libro mío que he titulado “Un porqué para vivir”. Lo publica una editorial argentina El Aleph en doble edición: digital y en soporte de papel. No se presenta en librerías (a no ser que yo lo gestione, que no lo pienso hacer) sino en la red, en la portada www.elaleph.com. El resumen de contraportada, que compone el editor seleccionando varios textos del libro, dice así:
“UN PORQUÉ PARA VIVIR” contiene y desgrana las experiencias cotidianas de un Psicoterapeuta, que ayudan a renovar cada día la mirada interior, para vivir la vida con mayor ilusión, con mayor plenitud y con una más sabia serenidad… “Quien tenga un porqué para vivir siempre sabrá encontrar el cómo”, pensó Nietzsche. Un cómo vivir inspirado y orientado por los propios valores, los proyectos, las ilusiones (aún en medio de los reveses, de las inevitables “desgracias”, de los contratiempos)… El “carpe diem” del viejo vate Catulo (y después de Horacio), ese saber y querer libar la perecedera flor de cada día, sacándole toda su miel y su fruto (y sabiendo también soportar sus amarguras), quizás sea lo que de verdad le da sentido pleno a vivir y a pervivir.”
La sentencia de Nietzsche tiene otra versión: “Quien tenga un porqué para vivir, soportará cualquier cómo”. Completa y enriquece la idea.
Va escrito en formato de diario, que es un artificio mío repetido en otros de mis libros: a mí me es más fácil hacerlo concentrándome cada día en una idea o una experiencia, y creo que al lector le resulta también cómodo este modo de lectura parcelada día a día. Por otra parte, deja una sensación de intimidad y de confianza por el tono cálido de confidencia y de susurro al oído. En mi libro Animal de deseos (que es un sintagma también de Nietzsche) digo en la última página que escribir un diario conlleva siempre una intencionalidad relacional, un deseo de compartir la intimidad: es en definitiva el diario como una relación de pareja –yo y la otra persona que me lea-, igual que la psicoterapia a la que he dedicado la mayor parte de mi vida, y su mayor intensidad. Y no se me oculta que en toda relación de pareja se pone en juego la propia identidad, la afirmación anhelante del propio Yo en la existencia, a través de la intimidad, la acogida, la confianza y el amor…
¿No es esto lo que estamos haciendo entre todos nosotros cuando nos encontramos en este blog?
Por eso me hace muchísima ilusión presentaros mi “nueva criatura”, antes que a nadie, a vosotros…

























Mayo 14th, 2007 at 11:03 am
¡Muchas felicidades!
Gracias por compartir.
Gracias por este espacio.
Gracias por tus logros, por tus metas, por tu gran deseo de vivir.
Mayo 14th, 2007 at 2:14 pm
Un libro es la mejor parte de uno mismo que se puede ofrecer a los demás: es la donación de la vida, guardada durante largos años en gestación prolongada y profunda. Tu nuevo libro será más de ti, más de tu intimidad. Felicidades, Fernando por esta “nueva criatura” fresca aún, pero, sin duda, como las anteriores, vitalmente interesante. Tu complicidad con el lector funcionará, como funcionó siempre en tus anteriores publicaciones. En cada línea se asomará, traslúcido, todo el rico candor y la experiencia ya prolongada de tu vida, junto a una hermosa e inteligente visión de nuestro mundo.
En estos días de prolongado silencio entre nosotros, he releído a orillas de la tarde, no del mar, con detenimiento y con especial interés algunos de los comentarios de nuestro blog. “Nuestro”… y de Fernando, que hay que decirlo bien… En casi todos, alienta una inquietud profundamente humana, objetivada de múltiples maneras, enmarcadas siempre en la visión poética de lo cotidiano. Hemos hablado de la libertad, del amor, del acontecer de los hombres y lo humano…, de la importancia de ser hombre. Me llama la atención lo mucho de vivencia y de buen sentimiento -junto a ideas muy válidas-, que hemos condensando en tan cortos ratos de entrecruce de vidas y vivencias.
Los nómadas de aquella primitiva “jaima” se han convertido en amigos “sedentarios” que al calor de una hoguera, en fría noche de desierto, han ido conversando de sus cosas, tendiendo la mano amiga al “nómada” que llegó de lejos en silencio. Hoy quiero, por última vez, porque creo que el asunto está suficientemente tratado, plantear una cuestión importante, movido por algunas ideas de nuestras comunicaciones.
Como escribió Ortega y repitió Julián Marías, incansablemente, el acontecer de lo humano es obra que hay que “que-hacer”. Así lo hemos expresado varias veces. Aranguren lo decía con otras palabras: las cosas, con excepción del hombre, se hacen realizando en su “facere” un simple “ajustamiento”, un plan cósmico previamente trazado. El hombre, por el contrario, debe realizar en su “hacerse” una autentica “justificación” (iustum facere = hacerse justo). Es su destino ineludible: la grandeza de nuestra liberta. Y nos “quehacemos” con la circunstancia de cada día, con lo cotidiano: lo cotidiano rutinario, nos rodea, nos “circunstancia”, nos hace.
En este hacer rutinario probablemente, seamos, como decía Marina, más hijos del carácter que del tipo de vida. Si esto es así, resultaríamos vinculados a un proceso no íntegramente controlado por nuestra capacidad voluntaria y libre. Seriamos un simple resultado de nuestro “carácter” con escasa capacidad de autodeterminación. Los múltiples elementos de lo cotidiano, junto a nuestra “manera de ser”, irían configurando un laberinto obligado, alejado de nuestros proyectos originales, en el que tendríamos que encontrar una salida fijada ya de antemano, quizás alejada de nuestros deseos.
En todos estos asuntos, quizás, la confusión provenga de una larga y equivoca concepción de la libertad que ha dominado en nuestra cultura de occidente: hemos pretendido ser “libres para” poder elegir con plena autonomía algunas de las múltiples posibilidades “cotidianas” que se nos ofrecían en nuestro horizonte. Pero los condicionamientos sociales y psicológicos han cortado casi siempre este nuestro pretendido sentido despótico de libertad. Por ello, habría que hablar mejor de “libertad de”, expresando en ello la indiferencia y la no esclavitud que, casi diariamente sentimos en lo “rutinario-cotidiano”. Es necesario liberar el corazón de las ataduras de lo que nos rodea para así poder volar alto, sin barreras. Esta fue visión adelantada, aunque en otro contexto, del platónico San Agustín.
Mayo 14th, 2007 at 5:16 pm
José Mª:
Tus reflexiones me han hecho recordar a mi padre, que fue un hombre con un profundo sentido de la libertad, una libertad que abarcaba la de los demás. Fue también un hombre justo. Una frase suya (que hice gravar en su lápida) expresaba también lo que estás diciendo “Lo bueno hay que hacerlo bueno”.
Gracias por recordármelo.
Mayo 15th, 2007 at 7:27 pm
Querido Fernando:
“Enhorabuena por el “alumbramiento”, espero conocer en breve a la “criatura” y quizás me enseñe algunos porqués que no acierto a ver por mí misma. Me parece más fácil saber el cómo vivir, o al menos, el cómo le gustaría a uno vivir, y que la búsqueda de ese cómo se convierta en sí misma en un porqué. Pero mejor dejarlo y ver que nos sugieres en tu libro…
Me ha gustado el tema del diario. Creo que fuiste tú quien me incitó especialmente a esa… ¿Cómo llamarle? afición, por ejemplo. Es algo que recomiendo a todos. En él vamos esparciendo nuestros “yoes” y sus “sentires” que en el conjunto resultan mucho más coherentes de lo que creemos, naturalmente estoy hablando de mi experiencia personal. Un lugar de reencuentro con uno mismo, una catarsis siempre a mano… No estaría mal una “Oda al diario”.
Mayo 17th, 2007 at 2:29 pm
A propósito de lo que decía Marina, quería comentaros, que hay algunas investigaciones psicológicas que demuestran, como los sujetos, que son instruidos para escribir sobre experiencias personales significativas registran efectos importantes sobre medidas como, disminución en la tasa de visitas al médico, mejora del sistema inmunológico, reducción del absentismo y mejoría de la función enzimática, de la salud física general, del rendimiento escolar… Todo eso por dedicar unos minutos cada día a escribir!
Os preguntareis que cuál es el fundamento de esa especie de milagro. Pues según la terapia cognitiva narrativa los seres humanos somos constructores de significados, a través del lenguaje construimos nuestra experiencia, tratamos de comprender los episodios de nuestra vida cotidiana, a nosotros mismo… De hecho el desarrollo psicológico se relaciona con una capacidad cada vez más compleja de elaboración narrativa y la psicopatología puede entenderse en muchos casos como una dificultad de elaboración narrativa.
Esos son los datos científicos, pero yo descubrí hace ya tiempo que escribir es terapéutico; escribir es una forma de conocer más profunda, más reveladora, más auténtica, por eso, aunque no lo hago con la frecuencia que me gustaría, siempre que lo necesito recurro a la escritura, para pensar mejor.
Un saludo para todos
Violeta