Durante estos días de ausencia envuelto por la deslumbrante luminosidad mediaterránea, quise entrar en el blog, añorando quizás la compañía acostumbrada de alguno de vosotros, y…¡estaba vacío! Sólo quedaban, flotando en el aire, junto a las golondrinasde la tarde, mis útimas palabras… “Está desierto el jardín, / las avenidas se alargan…” (melancolicé con Juan Ramón). Como quien baja a la plaza del pueblo a acompañarse de los amigos y sólo encuentra, en el lugar vacío, el revuelo de las golondrinas del verano…
Pero también es verdad que al llegar hoy, nada más acercarme al ágora, encontré esperándonos, junto a las golondrinas, a mi fiel amigo José María, que se lamenta de la caducidad de los amores y de las ilusiones con que se alumbraron. “Estaba escrito / que el amor tuviera / como fruto primero / el desengaño…”. Esto lo escribió un poeta, amigo nuestro de juventud (de José Mª y mío).
Yo pienso que el amor es como el fuego, o como una planta, y necesita de una mano inteligente y generosa que lo alimente y lo cultive. O como tan magistralmente escribió Eric Fromm en “El Arte de amar”, el amor es un Arte y, al igual que todo ejercicio artístico, se aprende, se ejercita, y se mantiene y acrecienta, con el cumplimiento de cuatro condiciones: concentración, esfuerzo, disciplina y paciencia… Esto lo explica y desarrolla Eric Fromm en su libro, y yo deduzco que no se muere el amor sino que lo matamos, o lo dejamos morir de inanición y de hambre. Muchas veces lo hemos oído en la televisión como argumento justificador de rupturas: ¡Qué le vamos a hacer¡, se nos murió el amor …¡, o como cantó la inafable Rocío: “Se nos gastó el amor de tanto usarlo…” Más bien podría decir que se apagó igual que el fuego, o se marchitó como una planta, porque no hubo una mano inteligente, generosa y responsable para alimentarlo y cuidarlo…O que lo que murió no fue el amor, que no existía, sino una unión fundamentada en la simple atracción o en el capricho…
Bueno, tenía ganas de contaros que estos días he logrador practicar mi deporte favorito (o mi deleite): estar leyendo (esta vez a la mitómana Anaïs Nin) frente al mar, sentado en silla baja al amparo de una palmara, con los pies descalzos sobre la arena, cosquilleado por los infinitos dedos de la brisa…

























Mayo 2nd, 2007 at 11:28 am
Ya hay alguien en la plaza, ¡qué bien!. Me has hecho revivir, Fernando, ese sentimiento ¿infantil? de profundo desasosiego, mezcla de desilusión, impotencia, tristeza, vacío… no están los que buscamos, se bloquean nuestras ilusiones,… y no nos entendemos con las golondrinas.
Volviendo al Tema ¿cómo no? y en relación con las preguntas de José Mª, se me ocurre que es mucho más un problema de “odres” que de “vinos”. Creo que los sentimientos y las necesidades básicas del ser humano han cambiado poco, de eso entiende mucho Fernando, que le toma el pulso a la intimidad profunda de las personas. Sin embargo, los modelos, las formas, las expectativas, el entorno… eso sí, ahí no está quedando títere con cabeza.
Si os fijais, las cualidades que indica Fernando para el mantenimiento del amor: concentración, esfuerzo, disciplina, paciencia…¿Os suenan? ¿No son justamente las virtudes que nuestra sociedad y sus miembros, más han perdido? Y si es necesario ser inteligente, generoso y responsable…
Da toda la impresion que el amor es algo milagroso que se produce entre parejas de sabios… No, no puede ser tan dificil
Si al final, lo que cada uno queremos es que haya alguien en la plaza, que nos reconozca, que se alegre de vernos y que esté dispuesto a jugar con nosotros…
Mayo 3rd, 2007 at 1:19 pm
Hoy llueve en nuestra “plaza”. (No es poético. Verdaderamente está lloviendo). No hay golondrinas que alegren la mañana. El canto de los niños no se escucha. Todo es un poco gris. Sólo, tierra mojada tras la lluvia. En este marco, la palabra suena un poco más oscura. Queda, eso sí, la presencia de los amigos que frecuentan la plaza. Cuando hay nubes en el horizonte, quizás, sea lo mejor no mirar a lo lejos, sino perderse en la cercana intimidad de lo amigable. Es bonito llamar al amigo y decirle, como lo hace Gabriel Marcel, “sé conmigo”. Invocar al otro para ensanchar nuestro exiguo horizonte, para acrecentar su subjetividad participando en ella, ampliando en él la nuestra.
Y, bien, amigos, dejemos esta prosa cercana a la poesía y “aterricemos” en tierras más hostiles. Las respuestas de Fernando y Marina a las interrogantes de mi última comunicación me han parecido lógicas. Cada una, en su estilo, dentro de unos márgenes lógicos y esperados. Fernando, como buen pedagogo y psicoterapeuta, establece la pedagogía de la superación, del esfuerzo, de la disciplina necesaria, para mantener a flote la existencia de un amor que se estabiliza y aumenta en la pareja. Apoyo su buen razonamiento. “Concentración”, “esfuerzo”, “disciplina”, “paciencia”, son las claves del éxito en ésta no siempre exitosa empresa.
La opinión de Marina, rápida en su percepción y profunda en su análisis, da por supuesto que los odres se están deteriorando, pero entiende que la calidad del vino permanece incólume. O, al menos, que debe permanecer así. Quizás lleve razón. Sin duda, es preciso diferenciar, hoy más que nunca, el continente del contenido, los viejos odres del buen vino.
Mis preguntas, de antes, que también son de ahora, se refieren al vino, no a los odres. Me preocupa la esencia del asunto, no las circunstancias que lo envuelven. Percibo que en la sociedad actual aparecen formas de vida y convivencia que no es posible encasillar simplemente en el apartado de los “continentes”. Creo que son algo más. Con mucho más calado…
En la historia de nuestra cultura occidental ha habido épocas similares, creo, a la de hoy: Épocas en las que se formularon fuertes reacciones y oposición a “credos”, “dogmas” y filosofías ya caducas, pero instauradas como última palabra del comportamiento y del ser del hombre. En esos momentos, siempre se restauró la confianza en la razón y se ahondó, en consecuencia, en el conocimiento científico de la naturaleza y de todo lo humano. Se creó un ambiente crítico en el que la razón humana analizaba la realidad, libre de errores y prejuicios. Generaciones de hombres, sin duda, que abrazaron el cambio y la transición, como sucedió, por ejemplo, en el Renacimiento, la Ilustración, Luteranismo, Revolución Industrial, etc.
Hoy asistimos al final de una época histórica. Va quedando lejos, la postmodernidad. El hombre busca ahora valores nuevos que sustituyan a los que ya no sirven. Se ha afianzado la libertad, la autonomía del hombre. Se llega a la conciencia de sentirse generación “puente” entre dos orillas. Nos toca analizar valores hasta ayer esenciales. Hay que encontrar esquemas nuevos, sustitutos de los que se fueron. Hablar, ayer, de aborto, matrimonios civiles, parejas de hecho, anticonceptivos, trasplantes de órganos, clonaciones, evolución de especies, papel de las neuronas en la respuesta orgánica y psíquica, laicidad, etc. hubiera supuesto automarginarse de lo socialmente adecuado, de lo aceptado por todos como correcto. Hoy, sin embargo, no sólo se puede, sino que se debe hablar de todo esto. Se busca el cambio, el parámetro nuevo. Y es urgente.
No sé si soy simplista en todo esto. Lo que sí creo es que vivimos en una época de cambios históricos. Y, por ello, es necesario abrirse a ideas y a comportamientos nuevos. La vida y lo que la conforma va cambiando aprisa y nosotros, también.
Mayo 3rd, 2007 at 3:36 pm
Quizás José Mª se acuerde de quién era aquel aquel autor, filósofo de la Historia, que interpretaba el transcurso de los procesos históricos como una alternancia ininterrumpida de “etapas orgánicas” y “etapas críticas”. Lo comenté en mi libro “Viajes hacia uno mismo”, y decía allí que las “etapas criticas” son esencialmente disolutorias, desintegradoras de los esquemas, los sistemas y las estructuras, prefabricadas y ordenadas previamente en la etapa orgánica anterior.
“Caminante, no hay camino”, cantó nuestro Machado. Es urgente construirlos si se quiere avanzar: ahí están esperándonos, reclamándonos, esperanzadores y sugerentes, los renovados horizontes que nos descubre la mirada crítica. Pero según como se miren -o como se nos presenten en los medios de información- las diarias peripecias de las revoluciones críticas, estimularán dos posibles reacciones mentales y afectivas: La “optimista”, que será desencadenadora de dinamismos motivadores, ilusionados y constructivos, en marcha esperanzada hacia los nuevos horizontes. O la “pesimista”, que anegará el espíritu en las crecientes aguas negras de la decepción, el desencanto, la angustia paralizante, el bostezo, o el asco. Es cuestión de óptica, de angulación cinematográfica, de perspectivas vitales.
Ojalá seamos capaces de ir labrando en este blog, con humildad y con paciencia, aunque sea una pequeña parcelita, acotada y bien cultivada en el terreno del optimismo existencial, dentro de esta desconcertante, y también ilusionante, etapa crítica en la que le ha tocado nacer y vivir.
Cuando recibo, en mi pequeño recodo de intimidades, a profesionales de distintas instituciones -la sanitaria, la docente, la universitaria, la militar, la eclesiástica, etc. – con mucha frecuencia llegamos a esa estancia interior donde habita el desencanto. No dejemos que el desencanto inunde nuestro espacio espiritual. Es bueno que encendamos una luz, donde sea, para que el brillo de alguna ilusión se asome por nuestros ojos. (Esa palabra me recuerda siempre la famosa película, “El desencanto”, filmada con la viuda y los hijos del poeta Leopoldo Panero, y de la autobiografía de ella, “Espejo de sombras”, que tanto me interesó hace años…)
Esto es lo que comenté en mi libro, y he visto oportuno recordarlo ahora a propósito de las reflexiones de José Mª. y de los “odres” y los “vino” de Marina…
Mayo 3rd, 2007 at 4:38 pm
Perdona, mi amigo Fernando, que me diriga a ti desde esta ventana tuya. Pero tenemos algún estraño sortilegio poniendo zancadillas en nuestros e-mails y no tengo forma de llegar a ti. Me devuelven todas “las cartas” sin abrir. Pero yo insisto, con paciencia, con amor.
Me agrada leerte, a ti y a tus amigos. Y sobre el amor, qué decir, si lo llevo en el vientre.
Mayo 4th, 2007 at 4:09 am
Es un deleite, amiga y colega Esther, verte aparecer por esta ventana con palabras tan gratas y estimuladoras, desde ese “dulce pondus” de tu vientre, que es promesa de amor y de esperanzas… Ya que te has decidido, podrías dejar aquí alguno de tus poemas o de esos escritos tuyos, líricos o jocosos, que tanto me gustan…
Mayo 4th, 2007 at 6:58 pm
El tema ha ido ampliandose tanto, que habrá que meterle mano a cachitos. Poco a poco y de forma lenta, como dice la canción. Yo me voy a empapar de realidad, mañana tengo una boda (civil) en esa “iglesia laica” en que se ha convertido el Salón de los Mosaicos del Alcazar de los Reyes Cristianos de Córdoba. Dos personas profundamente enamoradas, por cierto.
Buen fin de semana a todos.
Mayo 5th, 2007 at 7:41 am
“Estar en el mundo” no es simplemente “padecerlo” u “ocuparlo”. Es construirlo. Por eso, me gusta, Fernando, tu clara determinación de adoptar una actitud activa, en nuestro blog, para recrear “nuestra parcelita” de realidad conformando así un mundo más amable y acogedor en el que entremos todos. Es cierto que entre el “hombre ascético” de Walter Shubart y el “hombre rebelde” de Albert Camus, es más fácil hoy adscribirse a la rebeldía que a la ascética. Porque ante lo crítico hay que ser rebelde. Hay que saber decir “no”. “La rebelión, decía Camus, va acompañada de la sensación de tener uno mismo, de alguna manera y en alguna parte, razón”.
Hoy se nos empuja a la frustración. Se nos invita a vivir en una contradicción existencial que nos hace infelices. Perdemos el amor, nuestra seguridad, nuestra función vital. Pareciera que no sólo coexisten, sino que han entrado en conflicto, en nosotros, las
dos fuerzas antagónicas del espíritu griego: Apolo y Dionisos. La medida, el equilibrio, la serenidad, el optimismo, luchan contra la pasión, el pesimismo, la crueldad. Quizás estemos cercanos al “hombre neurótico”, del que hablas en tus “viajes hacia uno mismo”. Contra esto hay que rebelarse… La “catarsis” de la rebelión quizás produzca la serenidad y el equilibrio que hoy casi perdemos. Es necesario que la “capa de ozono” de nuestro pequeño cielo no nos impida ver la luz y respirar aire puro.
Como entiendo que el tema, como dice Marina, se ha alargado ya excesivamente, aquí lo dejo. Hasta otro rato, amigos.
Mayo 6th, 2007 at 11:43 am
Marina Segura me manda por e-mail -pienso que para todos- una preciosa fotografía de un lirio, que desgraciadamente, no he sabido trasladarlo a este espacio. Es un testimonio de esa reacción “catática” a la que tan bella y profundamente nos invita José Mª y que Marina concreta en este breve mensaje:
“Hola,
Ese es el brillo de una ilusion que se ha asomado por mis ojos en estos días lluviosos y tristes. Se dan salvajes, justo enfrente de nuestra casa.
Un abrazo”