A propósito de las palabras de Mariana (las que he resaltado en mi respuesta de esta mañana a su comentario), definiendo el “ceremonial” del matrimonio como el sencillo “festejo del inicio de una nueva forma de convivencia”, he encontrado una carta de Freud, escrita en 1883 a la que entonces era todavía su novia, Marta. Y hablándole sobre su cercano enlace matrimonial, le manifiesta estar seguro de lograr sus mejores deseos. Los enumera así: “Una casita en la que quizás entren las penas, pero nunca las penurias; mutua compañía para sobrellevar juntos las vicisitudes de la vida; y una alegría que nos impida preguntarnos jamás para qué sirve vivir”.

            ¿Qué tal? Pienso que no está mal el programa de nuestro viejo Maestro. Después añade que “además de todo esto, como conozco tu dulzura sé que puedes convertir la casa en un Paraíso”. Es bonito, pero quizás algo injusto al hacer recaer sobre Marta toda la responsabilidad del Paraíso…

            Voy a copiar otros párrafos de la misma carta que completan el programa para una feliz convivencia de pareja (sin distinción de sexos): “Leeremos juntos lo que nos interese aprender”. Esto es espléndido. “Todo lo que ha acontecido o lo que en el futuro pueda acontecer, adquirirá un nuevo interés para nosotros  a través de nuestro afecto” “ Podrás leer en mí como en un libro abierto y, al saber que nos comprendemos y sobrellevamos juntos la tristeza y la alegría, nos volveremos felices”…Tú impedirás que yo pueda realizar nada mezquino, que caiga en la ira, la envidia y el deseo de acometer empresas triviales”…”Hay gente que sólo sabe seguir su senda en circunstancias favorables. Nosotros, tú y yo, miraremos hacia delante cuando no nos acompañe la suerte”…

            Insuperable, Maestro (le he dicho). Excelente programa de vida compartida, que le voy a trasmitir a mis amigos del blog …

Y así lo he hecho.

 

…Y ahora me marcho con Julia y Julia Victoria (a quien acabo de recoger en el AVE, desde Madrid) para pasar el “puente” bajo del sol de la costa, a la luz mediterránea, turquesa y oro, de Torremolinos.

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2 Responses to “”

  1. José María Carrascosa Says:

    Buen colofón para el tema que hemos estado tratando estos días. La carta de Freud a su novia Marta es un hermoso canto al amor, a la vida y al proyecto de aquella nueva pareja de 1883. “Vino nuevo”, escanciado de “odres viejos”. Felicidades, Fernando, al escoger estas palabras tan bellas y auténticas para iluminar el “…inicio de una nueva forma de convivencia”, de que hablaba Mariana.

    Y la verdad es que aquí tendría que terminarse todo. Así lo había pensado y entendía que el tema del amor, del matrimonio, de la palabra justa para designar las uniones de hecho, había llegado a término. Sin embargo, un nuevo programa de televisión, de hace unos días, me reabrió las preguntas. Y me hizo pensar en otras realidades diferentes a las expresadas tan ilusionadamente por los que aman. El debate televisivo trataba sobre la infidelidad, sobre el frecuente rompimiento de las parejas. Se admitían, de hecho, tales situaciones. Y, la verdad, es que no dejo de sentir un sabor agridulce ante lo que cada día se repite con más frecuencia. Pareciera que hoy las uniones se proyectan casi “con fecha de caducidad”.

    Ante esto, la pregunta surge: ¿Cuánto dura el amor? ¿Se desvanece su “química” al cabo de los años? ¿Dependen los modelos -amor eterno, sacralidad de la unión, etc.- del “signo de los tiempos”? ¿Se asienta el ser del hombre sobre bases susceptibles de mutación y cambio? ¿Dónde quedan aquellos imprescindibles esencialismos que parecían eternos? ¿Qué pedagogía es necesario aplicar para que el proyecto común se estabilice cuando el amor-pasión desaparece?

    Aquí quedan las preguntas, amigos. Hasta pronto.

  2. Fernando Pinzon Says:

    He recibido un e-mail de una amiga muy especial. Como en parte habla del blog, creo que no le importará que reproduzca aquí esa parte. Diré que ella se lla Le. Me dice esto:

    “Muchas gracias por subirte al carro de las tecnologias del siglo XXI y compartir este blog que tan interesante me parece.Me siento muy cerca de ti a pesar de llevar sin verte casi tres años.

    ES curioso, al igual que en las pocas sesiones que tuve contigo, recibo tus oensamientos sin cuestionarmelos demasiado, pues siento que tienen la base fuerte y segura del hombre que sabe, y que antes ha sabido reflexionar sobre lo que dice, esto es tan dificil de encontrar, normalmente se habla tanto y se dice tan poco.

    Veo que tienes una gran cantidad de lectores amigos que intervienen en tu blog, te tratan con mucho cariño y tambien percibo el agradecimento que quizas siento yo por ti”.

    Y, a propósito de este tema del amor, dice ella: “Por mi vida todo va bien, D. es un hombre maravilloso, al final el principe azul existia, je, je…”

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