Acabo de leer un pensamiento de Ricardo Reis (heterónimo de Pessoa), bellísimamente literalizado y traducido. Aquí lo dejo:
"Todo al final será silencio, salvo donde el mar bañe la nada"…
Acabo de leer un pensamiento de Ricardo Reis (heterónimo de Pessoa), bellísimamente literalizado y traducido. Aquí lo dejo:
"Todo al final será silencio, salvo donde el mar bañe la nada"…
Abril 20th, 2007 at 10:34 am
El mar es de las obras más maravillosas que creo Dios, nos envuelve en un estado muy particular. Añoro al mar.
Abril 20th, 2007 at 10:50 am
Carl Gustav Jüng escribió: “El mar, lo mismo que la música, contiene y suscita todos los sueños del alma”… Por eso te comprendo, Mariana.
Abril 21st, 2007 at 5:57 am
El mar… siempre el mar tan cercano… y tan lejano en su indefinición. Para rimar con este mar de Fernando, de Pessoa, de Jüng y ahora también de Mariana, os cuento algún recuerdo de un mar, antiguo en mi vivencia y ahora evocado desde éste mi terruño de secano. Así, además no os canso con estos apelmazamientos de ideas con los que, a menudo os “divierto”. Los que ahora os comento, son dos momentos diferentes de mis antiguos mares: Celorio (Asturias) y Caracas:
…Fueron aquellas vacaciones, en Celorio, días de baños alegres, de paseos en solitario a los riscos que se alzaban sobre el mar. Había un saliente al que iba casi todas las tardes. Era una especie de asiento natural al borde de un acantilado. Pasaba varias horas allí leyendo y mirando a lo lejos. Era un gozo pasar allí las azuladas horas… Tapizando la roca, el musgo invitaba a descansar en él. A mi alrededor volaban gaviotas. Abajo se escuchaba el chocar de las olas. El mar –siempre es azul y blanco- me fascinaba en su solitaria y densa inmensidad. Se me perdía la vista -y también la vida- contemplándolo. La paz y el descanso interior de aquellas soledades me hacia encontrar con más profundidad el mar y su mensaje…
…Era 12 de octubre. En Maiquetía (Caracas), la noche era estrellada. El vientecillo, cálido. La luna se deshacía en el agua. Y las olas, mansas olas monótonas de aquel mar apacible, casi lamían una pequeña hoguera que había encendido al borde de la playa. Todo invitaba al juego, al pensamiento, a la aventura íntima. Caminé por solitarias playas. A las dos o las tres de la madrugada decidí nadar, darme un baño en aquel mar iluminado solo por las estrellas y la luz de la luna. La experiencia era inenarrable: agua templada, pequeñas olas lentas, brisa acariciadora. Todo un conjunto armónico que se metía en el alma. Nadaba despacio, jugaba con el agua. La luna y las estrellas, los testigos. Chapoteaba un agua cálida y hermosa… (La verdad es que ahora, cuando lo recuerdo, siento escalofríos. En esas playas del Caribe es frecuente que haya tiburones. “Marrajos” pequeñitos capaces de atacar en el silencio. Afortunadamente, la magia del momento y el susurro del mar propiciaron que todo fuera un juego de una noche encantada y, ahora, recordada…
Bien, amigos. Os dejo. Ahora, muy lejos de mis mares. Adiós.
Abril 21st, 2007 at 6:23 am
Para ponerme a vuestro nivel lírico -qué alto lo habéis puesto-, voy a copiar aquí dos poemitas de los que yo he escrito, mirando al mr, en diversas épocas de mi vida. Uno es ilusionado y luminoso. El otro, oscuro y desesperado.
El primero está dedicado a Julia. Después de haber pasado un día con ella a orillas del Atlántico, en Matalascañas, volví a las pocas semanas, sin ella…
“Este mar te conoce y te remeda:
tiene dulce la sal (como tus ojos);
los reflejos del sol -dorados, rojos…-
me recuerdan de ti. Y en tu paz queda
la estela blanca, espuma verberada,
de un velero que pasa… Y es tu risa
el canto de las olas;y es la brisa
la caricia en mi piel de tu mirada…”
Ahora viene el poema melancólico y desesperanzado:
“Para qué revivir la lejanía,
azul y plata, del mar de mi nostalgia,
cuando ya el mar sólo es rumor de letanía
de todo lo que fué…Ni sabe a magia
el gusto de la sal, ni ya es poesía
la brisa que me arrulla transparente,
cuando me endoro al sol en pleno día
y se encolora el yodo por mi frente.
¿No habrá otro mar? ¿Será que todavía
el mar de mi añoranza, su oleaje,
este altamar de mi melancolía
va anaranjando el cielo de la tarde?
¿Será que todavía…?”
Abril 21st, 2007 at 11:09 am
Ahora sí me hicieron llorar y recordar mis mares, mi pasado, las vacaciones de niña con mis padres, de adolescente con mis hermanos, de adulta en soledad o acompañada.
¡Que bendición la mía, tantos mares recorridos, tantas playas caminadas, de donde me traje tantos recuerdos, tanta melancolía, tanta añoranza.
Gracias por el recuerdo.
Abril 21st, 2007 at 4:44 pm
Hola amigos:
He estado unos días fuera de casa. Os encuentro al volver inmersos en poética agua salada, no está nada mal. Me ha recordado a Aurora, un teórico personaje mío de una teórica novela que nunca salió de ese estado, y una experiencia suya (mía) con el mar:
“Aurora recibió el día sentada en una tumbona de madera pintada en blanco y algo desportillada…frente al mar. Atrás había quedado la noche terrible en la solitaria habitación del hotel. Noche en blanco, noche negra: no sabría que color ponerle. Allí había tocado las profundidades más abisales. Quizás fue una fugaz intuición, en plena oscuridad, de la realidad que ahora tenía delante, que rozando algún profundo resorte provocó un tímido impulso liberador que la proyectó hacia arriba, como un tenue hilo salvador que empezó a sacarla. El hilo, cuerda, soga, que Aurora, profunda amante de la vida, había ido cogiendo cada vez con más fuerza, saliendo angustiada de aquel infierno lleno de vacío. El hilo era algo, un asomo de tacto, de contacto de relación, de comunicación. La imagen y la idea se fueron fundiendo aumentando la consistencia del agarre y concretándose en un proyecto: “Cuando finalmente amanezca, iré a ver salir el sol en el mar”. Aquello ya lo sintió como una recia, resistente y salvadora soga, de las que le echan a los náufragos desde los grandes y seguros barcos, la apretaba entre sus manos con desesperado agradecimiento. La noche todavía duraría mucho, pero Aurora no se permitió la debilidad de un sueño: El sueño podría anular el proyecto, y ese era su único vinculo con el futuro. Le horrorizaba dormirse y no encontrarlo al despertar. Y ahora aquí estaba, junto al mar, el mar más calmo que jamas había visto El agua avanzaba y retrocedía de puntillas, apenas acariciando la arena que contestaba también bajito a su murmullo chupándosela toda mientras las suaves olas retrocedían, y abandonándose a su mojado abrazo cuando volvían. El agua y la arena también habían acompasado su eterna conversación a la atmósfera de expectación gozosa que lo impregnaba todo, incluyendo Aurora, que, sentada en el centro de la primera fila, asistía como única y perfecta invitada de honor ante aquel grandioso escenario hecho para el mayor espectáculo del mundo, para el gran milagro. Sentada sobre su cuaderno de notas que a modo de cojín había colocado sobre el estrado de listones de madera, Aurora hacía parte de la perfección ¿Quién dijo noche? ¿Quién dijo oscuridad? La luz, los tonos, los sonidos, los olores… Aurora se pasó la lengua por los labios sintiendo el suave salado marino… su piel se fue deshaciendo de su rol fronterizo y entonces, fue apareciendo Él, el gran circulo rojo emergiendo de las aguas, sobre las ondulaciones del suave oleaje saludando a cada átomo, Aurora, toda esponja, lo sintió como al mismo Dios bendiciendola.
Abril 22nd, 2007 at 7:26 am
Hola, amigos:
Como hoy es el día de la Tierra, y para no perder el estilo poético que nos invade estos días, os envío unas líneas de celebración y de agasajo a nuestra Tierra.
Sucede que los ríos
Son sangre de la Tierra,
Y que esta sangre
Canta entre sus venas,
Mientras le andan en su seno
Ojos de mil estrellas
Y ramas fugitivas del tiempo y del silencio…
Y junto al río…,
El hombre, intentando beber:
Sus manos, estrechando el contorno del agua,
Con sus labios, saciando su sed de lo terrestre.
Pero al beber la sangre de la Tierra,
El hombre recogió,
Y albergó en su seno,
Cantos de vida y muerte.
Desde entonces, el hombre,
Sólo canta la canción de la Tierra:
Es su canción de siempre.