Ya estoy aquí de nuevo (y renovado). Los días de playa y sol se prolongaron más de lo que teníamos previsto, aunque la temperatura atmosférica no me facilitó practicar mi deporte favorito: sentarme, con los piés sobre la arena y cubierto con mi sombrero panameño, a leer junto a “la mer toujours récomancée”, que dijo Verlaine. Pero me contenté con quedarme leyendo en la terraza de nuestro apartamento de Costa Lago, sobre tumbona de cojines amarillos, dentro de un bosque de palmeras, tuyas, ficus, plataneras salvajes…, enfrente del mar que, a partir del miércoles, era ya todo fulgor de perlas, entre reflejos azules y plateados.

              El libro que estuve leyendo era “París no se acaba nunca” de Enrique Vila-Matas, que entrelaza con exquisita ironía recuerdos de los años que vivió en París, allá por los 70, coincidentes con el año que yo también viví allí, en el mismo Barrio Latino (como él), cuando yo también era (igual que él) sólo proyectos y esperanzas. Leyendo uno de los pasajes del libro me dio por pensar, consoldoramente, en mi futuro… Cuando se acumula a las espaldas un pasado de 73 años, tengo que aceptar que los años de mi futuro se pueden contar con los dedos de las manos. Por eso me consolé con lo de Vila-Matas, con una frase que le dice un mecánico de coches del Barrio Latino, a quien le había rogado que le arreglase con presteza una avería del suyo. Le había preguntado al mecánico “si estaría para mañana”, y éste le contestó: “¿Para qué esperar a mañana? El mañana es hoy”.Y entonces yo me dije: ¿para qué estoy pensando en mi futuro, si mi futuro está conmigo aquí hoy, a la luz de esta primavera ya madura y frutal? Porque el futuro no es más que un contenido mental de expectativas, esperanzas y temores, que pone a prueba el “tempus” de mi paciencia, pero que sólo existe  hic et nunc en mi mente presente,  . Y cuando se alcanza eso que estoy esperando, o cuando me sobreviene lo que temo, tampoco es ya futuro, sino presente, y recuerdo –que me los hace presentes- de mis pasadas esperanzas y de mis antiguos miedos.

         En estos días cumplió mi hija 20 años. Lo celebramos abundantemente, y yo le escribí unos versos que no se los he enseñado. Ya tendrá tiempo de leerlos, si quiere:

          Volví a nacer contigo

          un día de abril (el 3 por ser preciso)

          Fuiste sueño cumplido,

          palabra consumada,

          viento pausado (y brisa),

          anhelo complacido…

         Hoy, un día de primavera (como siempre),

          volví a nacer, contigo…

En resumen: que todo se cumple y se consuma en el presente, en el hoy  en el que cada amanecer renacemos…

            Y esto ha sido también la Semana Santa: una nueva vuelta del tornillo en la tuerca del tiempo. Otra vez presentes a nuestros ojos las mismas imágenes de Jesús y de María, procesionando  por los mismos lugares, con la misma gente abarrotando las mismas calles, en los mismos sitios donde la vieron, quizás, el año anterior, y en donde tal vez estuvieron con sus padres cuando eran niños…Es la ley mítica del filosófico “eterno retorno”, un desafío al implacable  paso del tiempo,  una muestra insobornable de fidelidad a lo que fue y ya no es,  pero que hoy vuelve a ser de nuevo… El presente interminable. Y, como digo, vuelvo muy consolado.

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15 Responses to “”

  1. vila-matas Says:

    Curiosamente el 3 de abril es el día en que nació Marguerite Duras. Buena señal.

    Vila-Matas, desde Barcelona, mandándole un saludo.

  2. Fernando Pinzon Says:

    Me quedo estupefacto. ¿Eres de verdad Enrique Vila-Matas o es una broma? Si eres tú, te digo que he pasado unos días deliciosos con tu libro, que hacía presente también para mí ese París que “nunca se nos acaba”, riéndome con tus ironías y también impregnándome de tu sutíl ternura…Pero ahora temo que, si eres tú, ironices con esto que te escribo… Te digo también que te vi hace pocos meses por televisión, si es que eres tú… Un fuerte abrazo, Fernando.

  3. vila-matas Says:

    Mañana publico en El País-Cataluña (se puede ver en la versión digital del periódico entrando por España y luego por Cataluña) mi artículo semanal, titulado mañana Desayuno con tucanes.
    Le agradezco mucho sus palabras y, por supuesto, no me río en absoluto. Leí su texto y me animó. Un abrazo.
    V-M

  4. carmen Says:

    Nopuedo creerlo.No secomo llegue aqui,perome alegro.Que podria decir? Solamente que leere con atencion.De seguro se trata de una buena oportunidad de conocer lo que piensa y siente un terapeuta que,ademas,escribe maravillosamente. Saludos .Carmen

  5. Fernando Pinzon Says:

    Carmen: En esta “aldea global” que nos engloba, que yo creí desierto silencioso, me encontré ayer, a mi regreso del mar de inmensidades, con un escritor admirado desde hace años, Enrique Vila-Matas (que es como si él se hubiera encontrado con Hemingway…) y hoy me encuentro contigo, que me conoces, pero que yo no logro identificarte. Cubierta con el “burka” digital, igual que Violeta, me has dicho palabras afectuosas y estimulantes. Pero no logro descubriros…

  6. Marina Segura Says:

    Hola Fernando:
    Te he echado de menos. Y me alegro muchísimo de que vuelvas tan estimulado y estimulante.
    En tu ausencia, estuve tentada a escribir algo sobre el último blog, donde había temas interesantes aportados por ti y aumentados por Jose María (que espero que más adelante los retomemos), pero un cierto sentimiento de allanamiento de morada me hizo desistir. Sin duda estos pseudos lugares nos dejan algo inseguros sobre como comportarnos.
    Mi Semana Santa ha sido más sobria y agreste. Aquí, en las montañas, el invierno ha querido hacer una amplia exhibición de sus capacidades antes de darse por vencido ante la impaciente primavera. Nieve, viento, frío, lluvia, nieblas… todo eso bello también, y hasta queda un punto de nostalgia de esos placeres, que hace perdonarle sus aspectos menos gratos.
    ¿Qué me dices de la edad? ¿No quedamos que siempre tendrías 39 años? Que me imagino que sería tu edad parisina…. Sin duda hay que cumplir bastantes años para darse cuenta de la relatividad de la edad. Para disfrutar de tantas “resurrecciones”. Y también para aprender a vivir en “presente continuo”.
    Es verdad que las estaciones y las tradiciones ayudan a darle al tiempo un sentido circular que de alguna manera nos sujetan más a la vida como una segunda atmósfera.
    Interesante la aparición del escritor. Es tan especial esa relación de lector/escritor. Esa intimidad tan profunda con alguien que normalmente nunca nos relacionamos en la vida real… entiendo perfectamente tu sorpresa y entusiasmo.
    Un abrazo

  7. José María Carrascosa Says:

    Durante estos días de Semana Santa me he asomado varias veces a nuestra “ventana”, la de nuestra “jaima”, a ver si veía a algún nómada en lontananza. Encontrarlos, verlos en silencio, a lo lejos, se va convirtiendo para mí en grata costumbre, en familiar unión, a pesar, como dice Marina Segura, de que “estos allanamientos de morada… nos dejan algo inseguros sobre cómo comportarnos…” Al abrir el blog cada mañana buscaba los habitantes de nuestra pequeña casa de papel. Hoy, por fin, los he vuelto a encontrar con familiar alegría.

    Nuestra “aldea global” es pequeña. Desconocida, pero coincidente. Recuerdo, a propósito de tu encuentro epistolar, Fernando, con Vila-Planas, aquella cita clásica de Cicerón en el “De amititia”: “Pares cum paribus facillime congregantur” (los iguales fácilmente se unen, se encuentran, con los iguales). En ese encuentro tuyo, “casual” y “fortuito”, las rutas de esta pequeña aldea han confluido para unir “iguales” que difícilmente se encontrarían fuera de esta “jaima” artificial. En medio de estas palabras de papel, los caminos dispares se fusionan en diálogo accidental, pero convergente y único. Cosas de nuestra aldea y de nuestras posibilidades técnicas de diálogo.

    La frase del mecánico de “París no se acaba nunca” –“el mañana es hoy”-, y tu reflexión sobre ella -“¿para qué pensar en mi futuro, si mi futuro está conmigo aquí hoy”-, me sugieren que, quizás, estas afirmaciones son posibles cuando ya el frío opaca los cristales y cuando nuestras tardes comienzan a poblarse de oscurecidos tonos amarillos. Cuestión de perspectiva. Cuando todo comienza a ser penumbra, las únicas huellas que tienen consistencia son nuestros pasos próximos. Ese es nuestro presente. Y, quizás, también, nuestro mañana. La huella más cercana, al perderse el sendero entre los largos árboles, se convierte en nuestro único y próximo horizonte. ¿Es lícito nominar a ésto un futuro-presente?

    El futuro, igual que fue el pasado, es sólo una ficción categorial inexistente. Es sólo un arquetipo para medir lo nuestro. El futuro, “ese contenido mental de expectativas, esperanzas y temores”, tiene sentido porque es proyecto ideado que espero se convierta en posibilidad para mí en el presente. De lo contrario, sería una mera posibilidad que viviría en el terreno ideado de los “futuribles”. El mañana, no es mañana porque agote el tiempo de nuestro hoy, sino porque ya es parte, como proyecto vital ineludible, de lo que ya habita hoy entre nosotros.

    La vida, como paso de un tiempo inexistente, consiste, sencillamente, en ir construyendo un gran rompecabezas de proyectos futuros, en presente. Nuestro hoy sólo tiene sentido cuando el proyecto que forjamos ayer se convierte en vida. Ese es nuestro presente y nuestro mañana único. No hay otro horizonte de quehaceres. Sí, de nuevos proyectos. El futuro, como ficción del tiempo, sólo coexiste en nosotros como horizonte de posibilidades. Y, como tal, ya se muda en presente.

    Vila-Planas, el amigo-escritor inesperado en tu blog de día 7 de Abril, escribió que “también un relato autobiográfico es una ficción entre muchas posibles”. Toda nuestra vida, en el tiempo, es ficción de proyectos. Sólo vivimos, cuando el relato, la ficción posible, “se hace presente en nuestras antiguas esperanzas y en nuestros pasados miedos”. Entonces, ya es nuestra autobiografía.

  8. José María Carrascosa Says:

    Acabo de enviarte un comentario para tu blog y me doy cuenta de que he escrito Vila-Planas en lugar de Vila-Matas. Gages de la velocidad y del alzheimer. Al releerlo, he visto el error, pero no tengo otra forma de subsanarlo que con este envio. Supongo que el Sr. Vila-Matas no se habrá sentido ofendido por mi confusión.

  9. violeta Says:

    Decía Fernando más arriba que no pudo practicar en todo su esplendor uno de sus deportes favoritos en tiempo de vacaciones. Mientras lo leía pensaba en el extraordinario gozo que me produce a mi “perder el tiempo”, mi personal manera de llamar a ese “no hacer nada”, no planificar ninguna actividad, permitirte el lujo de prescindir del reloj, olvidarte de plazos, citas, horarios, sólo vivir el tiempo, el tiempo presente. Es la forma más intensa de vivir el hoy, el ahora, que se me ocurre.

  10. Mariana Says:

    ¡Feliz regreso a todos!

    Les cuento que la ciudad de México estuvo bellísima en estas fiestas de resurrección, un cielo azul claro despejado, el viento suave, un clima perfecto, ni frío ni calor, de noche lindas, un manto de estrellas; todo esto gracias a que los citadinos prefieren salir al encuentro del maravilloso mar.

    Así, me propuse unos cuantos días de descanso, admirando lentamente mi hermosa ciudad y leyendo algo nuevo, a una escritora maravillosa, la cual recomiendo para esos momento de dejar pasar el tiempo suavemente: Zoé Valdés.

    Por otra parte, leyendo el comentario de José María me preguntaba que opinión tienen sobre planear el futuro, ¿en verdad vale la pena, al paso del tiempo no se siente nostalgia de no haber llegado a las metas propuestas? ¿es mejor disfrutar el instante, olvidarse del reloj?

    Me acuerdo que de niña me gustaba imaginarme sentada al lado del diván escuchando atentamente el discurso de alguna paciente anciana, de la cual aprendía tanto a través de sus historias, que el tiempo era inexistente y al término del relato, mi voz era distinta, mi caminar era lento, mi cuerpo no lograba enderezarse y al mirarme en el espejo ya era una anciana con mirada de deleite. Lindo sueño despierta no?

    Saludos afectuosos.

  11. violeta Says:

    Leyendo vuestros comentarios me di cuenta de como en cada fase de nuestra vida percibimos el tiempo de un modo; quizás en la infancia el tiempo no existe, todo es un presente que se prolonga a través de los días, del que poco a poco van emergiendo el pasado, con sus recuerdos y el futuro, con sus proyectos. Pero se trataría de una vivencia “inconsciente”. No es hasta mucho más tarde que aprendemos de la relatividad del tiempo, como decía Marina. Y en ese aprendizaje tiene mucho que ver el relato de nuestra existencia, al que aludía José María, de esos pasados-presentes-futuros sucesivos, que vamos tejiendo con el curso del tiempo, al ritmo que este pasa, para explicarlo, para comprendernos, una narración de nosotros mismos, autonarración, muchas veces ficticia.
    Hasta pronto

  12. José María Carrascosa Says:

    Me han llamado la atención las múltiples entradas al blog, después de pasada la Semana Santa. Conceptos como “paso del tiempo”, “edad”, “proyectos de futuro”, “el mañana”, el “eterno retorno”, despiertan en nosotros inquietudes e interrogantes. Así lo daba a entender Mariana. Y, sin pretenderlo, he llegado a Horacio. A sus Odas. Concretamente, a su célebre: “Carpe diem” (Oda 11.8): disfruta el día, vive el momento. “Carpe diem quam minimum credula postero” (aprovecha el día; no confíes en el mañana). Es la idea tan repetida en el Barroco y, sobre todo, en el Romanticismo: Vive al día; no mires el mañana…

    Somos tan “de presente” que nos incomoda y asusta el ayer, -que ya se fue- y el mañana, -que aún no es-. Y, sin embargo, y, a pesar de ello, el hombre sigue abriéndose a proyectos, se sigue preguntando, quiere seguir “viviendo”. Indaga, tratando de encontrar ultimidades. Su meta pareciera ser siempre trascendente. Su sed de cosas últimas nunca se sacia sólo en lo inmediato. Aspira a eternidades. Necesita el proyecto. Ese es su gran mañana. Por eso, su camino adelante significa marcarse siempre una meta más lejana que todas, indagar en horizontes últimos. Sólo así va construyendo -o, al menos, creyendo que lo hace- su ser de hombre.

    El problema radica en que la indagación no siempre obtiene la respuesta. Quizás, esto sea así porque el hombre busca respuestas imposibles… Utópicos proyectos… Es su naturaleza trascendente y última la que lo lanza a ello. Y sucede, a veces, que la tardanza o la no-respuesta, originan el abandono y el esfuerzo de seguir preguntando. Pareciera, en estas ocasiones, que las preguntas sobran. ¿No tenemos mañana? ¿No hay respuesta posible? Quizás lleguemos al cabo de la calle sin saber cuáles son los secretos del amor y la lágrima… ¿Quién nos lo dice…?

    En estas ocasiones, si la cosa es así, lo lógico sería no preguntarse más. Sólo apretar el agua que nos queda en las manos… Aferrarnos al día. Pero aquí la tragedia: renunciar al mañana no sólo es renunciar a un proyecto. Es también renunciar al presente, que vive en el proyecto de ayer y que es mañana. Es renunciar a amanecer al alba cada día.

    La ambivalencia es nuestra gran tragedia. Frente al “carpe diem” de Horacio, acariciado y vivido a veces, está nuestra radical y continua inquietud: seguirnos preguntando. Seguir marcando nuevos horizontes, aunque muchas veces la respuesta sea larga o imposible. Seguir con la pregunta y amanecer cada mañana como si ese fuera nuestro día más esplendoroso, es nuestro ser de hombres: nacer en cada día, pedir el pan y seguir avanzando nuestra tierra.

  13. falela Says:

    Yo hoy gracias a Fernando he descubierto el blog, y me ha parecido algo maravilloso, pero yo despues de todo lo que he leido ya no se puede escribir mas, solo quiero decir a todos los que lo lean que para mi lo mas importante de todo en la vida es ir echando siembra de alegria mucha alegria y procurar que todo el mundo sonria con nosotros, y tal como lei un dia en casa de Fernando la sonrisa vale muy poco para el que la da pero mucho para el que la recibe,muchas gracias por leer mi humilde texto

  14. Isabel Says:

    Fernando, te agradezco un montón que me enviaras la referencia al blog del 7 de abril. Ha sido una lectura preciosa: la de tu texto y la de los comentarios, y sumamente enriquecedora. Me gusta especialmente la reflexión sobre el tiempo que hce José Mª Carrascosa. Una frase suya, muy bella, se me ha quedado grabada: “Cuando todo comienza a ser penumbra, las únicas huellas que tienen consistencia son nuestros pasos próximos”. Creo que es muy verdadera, pero en mi caso, camino ya de unos 69 años llenos de vitalidad y energía, pero también consciente de que empiezo a estar en el último recodo del camino, cobran cada vez más consistencia los pasos antiguos; el pasado, con sus logros y sus quiebras, tiene un peso específico en mi presente, lo siento como la senda recorrida, una senda que, en general, me parece estimable. Y si bien hay un poso inevitable de melancolía, no me produce tristeza, en absoluto. Miro mi vida y, en general, me siento conforme con ella, me parece que ha valido la pena, que la vale. De todos modos, tú ya sabes que la melancolía es para mí un sentimiento estimulante. Y el mañana es ese proyecto inalienable del que habla José María, y que se cumplirá en todo o en parte o no llegará a cumplirse, pero que siempre nos aporta esperanza y afán de vivir.

    Seguiré entrando al blog. He disfrutado muchísimo. Gracias a todos.

  15. Isabel Says:

    Fernando, te agradezco un montón que me enviaras la referencia al blog del 7 de abril. Ha sido una lectura preciosa: la de tu texto y la de los comentarios, y sumamente enriquecedora. Me gusta especialmente la reflexión sobre el tiempo que hace José Mª Carrascosa. Una frase suya, muy bella, se me ha quedado grabada: “Cuando todo comienza a ser penumbra, las únicas huellas que tienen consistencia son nuestros pasos próximos”. Creo que es muy verdadera, pero en mi caso, camino ya de unos 69 años llenos de vitalidad y energía, pero también consciente de que empiezo a estar en el último recodo del camino, cobran cada vez más consistencia los pasos antiguos; el pasado, con sus logros y sus quiebras, tiene un peso específico en mi presente, lo siento como la senda recorrida, una senda que, en general, me parece estimable. Y si bien hay un poso inevitable de melancolía, no me produce tristeza, en absoluto. Miro mi vida y, en general, me siento conforme con ella, me parece que ha valido la pena, que la vale. De todos modos, tú ya sabes que la melancolía es para mí un sentimiento estimulante. Y el mañana es ese proyecto inalienable del que habla José María, y que se cumplirá en todo o en parte o no llegará a cumplirse, pero que siempre nos aporta esperanza y afán de vivir.

    Seguiré entrando al blog. He disfrutado muchísimo. Gracias a todos.

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