Había prometido completar la reflexión del pasado domingo explicando por qué considero que programas televisivos como “Cambio Radical”, además de todo lo que tienen de estafa psicológica y del peligro de desencadenar profundas frustraciones y redobladas insatisfacciones, inducen también a una falsificación de la personalidad y contribuyen –en un sentido analógico- a practicar una especie de prostitución. El profundo comentario de José Mª con su referencia a las “máscaras”, dentro del escenario socio-cultural en el que estamos existencialmente inmersos, facilita mi reflexión.
Por supuesto que considero totalmente lícito, normal y positivo, como manifestación de nuestra autoestima y del respeto a nosotros mismos, el deseo de mejorar algún aspecto de nuestra imagen corporal, igual que el de superar alguna deficiencia del carácter, o de la salud utilizando los medios adecuados, incluso los quirúrgicos, que el desarrollo técnico-científico de nuestra civilización nos facilita, siempre compensando el riesgo que indispensablemente asumimos, con los beneficios que esperamos y hacia los que canalizamos el dinamismo positivo de nuestra insatisfacción, tal como lo comentábamos en el blog del domingo.
Pero considero un riesgo de falsificación cuando el logro que se nos promete y hacia el que tendemos se expresa con los términos de “CambioRadical”. Porque un cambio radical o total, si se lograra, vendría a ser una convicta falsificación de la personalidad. Entendemos por Personalidad la unión interactuante de los componentes físicos y psíquicos que conforman la totalidad única, singular, original y diferencial que constituye a cada persona frente a las demás. Si se opera artificialmente un “cambio radical” de uno de esos componentes, y sobretodo si se hace en referencia a algunos modelos estereotipados, previamente establecidos y artificialmente manipulados, lo que se estaría operando sería una falsificación inequívoca y fehaciente de su auténtica personalidad.
Y lo que entiendo por prostitución lo digo en relación al derecho fundamental e inalienable de la privacidad. Pienso que el deseo y la decisión de reparar o modificar algún aspecto de nuestra imagen corporal, está tan enraizado en la intimidad de nuestras experiencias, de nuestros sufrimientos, de nuestros complejos psíquicos y de nuestros proyectos singularísimos, que pertenecen al ámbito de la privacidad y no al del espectáculo. Es verdad que una de las características de esto que se ha venido llamando la postmodernidad es, y lo estamos viendo cada día, y en casi cada programa de las diferentes cadenas de televisión, hacer de la privacidad un espectáculo. Pero siempre el derecho a la privacidad será una emanación de la propia dignidad, y venderla como espectáculo pienso que es, analógicamente, un modo de prostitución. Que cada uno es libre para ejercerla, si es su deseo o su conveniencia, pero no lo podré considerar como un ideal desde mi punto de vista psicológico.
Me preguntó el entrevistador si quería decirles algo a las personas que están dispuestos a someterse a alguna intervención estético-quirúrgica. Y contesté que tenía para ellos dos “eslóganes” (palabra admitida por la Academia):
El primer eslogan es el título de un libro, que leí en mi adolescencia, y que lo he visto repetido como título de otro libro actual de autoayuda: “Sé amigo de ti mismo”… Y procúrate lo mejor que puedas para tu superación, para tu razonable satisfacción y para tu propia perfección y felicidad, pero siempre desde la amistad contigo mismo y nunca, por favor, desde el propio rechazo o desde el desprecio o menosprecio a tu propia persona.
El segundo eslogan es aquel que acuñó publicitariamente Adolfo Domínguez y que considero genial: “La arruga es bella”. Aceptemos humilde y razonablemente que no nos es posible, por mucho que nos esforcemos, estar siempre, permanentemente, a la altura de un estereotipo de perfección. Además, porque terminaríamos ahogándonos, sin ranuras por donde nos llegara el oxígeno revivificante, como lo han testimoniado los trágicos finales de muchas personas célebres…Nuestro cuerpo, por mucho que lo cuidemos y lo reparemos, seguirá envejeciendo. Pero la arruga es bella, si a su través sabemos trasmitir la belleza de nuestra dignidad y de nuestra insobornable originalidad.
Este fue, más o menos, el contenido de mi entrevista, reconstruída por mí a posteriori. Lo que recorten de ella se emitirá dentro del programa "Los Reporteros" de Canal Sur, un viernes
-no sé todavía cuál- a las 9 de noche.