Archive for Abril, 2007

Viernes, Abril 27th, 2007

                      A propósito de las palabras de Mariana (las que he resaltado en mi respuesta de esta mañana a su comentario), definiendo el “ceremonial” del matrimonio como el sencillo “festejo del inicio de una nueva forma de convivencia”, he encontrado una carta de Freud, escrita en 1883 a la que entonces era todavía su novia, Marta. Y hablándole sobre su cercano enlace matrimonial, le manifiesta estar seguro de lograr sus mejores deseos. Los enumera así: “Una casita en la que quizás entren las penas, pero nunca las penurias; mutua compañía para sobrellevar juntos las vicisitudes de la vida; y una alegría que nos impida preguntarnos jamás para qué sirve vivir”.

            ¿Qué tal? Pienso que no está mal el programa de nuestro viejo Maestro. Después añade que “además de todo esto, como conozco tu dulzura sé que puedes convertir la casa en un Paraíso”. Es bonito, pero quizás algo injusto al hacer recaer sobre Marta toda la responsabilidad del Paraíso…

            Voy a copiar otros párrafos de la misma carta que completan el programa para una feliz convivencia de pareja (sin distinción de sexos): “Leeremos juntos lo que nos interese aprender”. Esto es espléndido. “Todo lo que ha acontecido o lo que en el futuro pueda acontecer, adquirirá un nuevo interés para nosotros  a través de nuestro afecto” “ Podrás leer en mí como en un libro abierto y, al saber que nos comprendemos y sobrellevamos juntos la tristeza y la alegría, nos volveremos felices”…Tú impedirás que yo pueda realizar nada mezquino, que caiga en la ira, la envidia y el deseo de acometer empresas triviales”…”Hay gente que sólo sabe seguir su senda en circunstancias favorables. Nosotros, tú y yo, miraremos hacia delante cuando no nos acompañe la suerte”…

            Insuperable, Maestro (le he dicho). Excelente programa de vida compartida, que le voy a trasmitir a mis amigos del blog …

Y así lo he hecho.

 

…Y ahora me marcho con Julia y Julia Victoria (a quien acabo de recoger en el AVE, desde Madrid) para pasar el “puente” bajo del sol de la costa, a la luz mediterránea, turquesa y oro, de Torremolinos.

Lunes, Abril 23rd, 2007

          En la entrega del “Micrófono de oro” el pasado sábado, en Acto celebrado en Ponferrada, a Boris Eizaguirre, ese showman que tantas simpatías recoge por su voz acariciadora, su pícara sonrisa y su delicado descaro, se lo dedicó con un guiño coqueto…”a mi marido”.     

           Lo que quiero comentar es que este supuesto, el de poder afirmar  con toda libertad y derecho que está casado, en matrimonio oficial, con otra persona de su mismo sexo, se viene considerando –y así se presenta triunfalmente- como una conquista del progreso y un reflorecimiento de las libertades. Sin embargo, yo no consigo verlo sino como un paso atrás, un movimiento regresivo en el esperanzado proceso humano, social y político que alienta todo progreso filogenético y cultural.     

        Consciente de que debo de estar decepcionando y poniendo en guardia a alguien de quienes me estén leyendo, voy a ofrecer mi argumentación  como ya lo he hecho en otros de mis libros:Está milenariamente constatado   que el matrimonio “tradicional” es un viejo sistema  originalmente pensado, diseñado, organizado y dispuesto para la unión de la pareja heterosexual,  y como soporte de la familia. Ha venido constituyendo el ”matrimonio tradicional” -con todas sus limitaciones y fehacientes fracasos- un espacio de participación y convivencia, a todos los niveles del comportamiento humano, que garantizaba el necesario flujo procreativo, al mismo tiempo que la educación, la protección, el cuidado y la formación continuada de los hijos. Era hasta el momento el único modo permitido legal, social y moralmente, para la unión estable y permanente de dos personas, y para su participación "autorizada" en los niveles de intimidad sexual. 

        La demanda justa, y humanamente “progresista” del derecho a establecer y legalizar una posible unión homosexual aportaba, en principio, un enriquecimiento de los modos legales de posible convivencia, que hace a nuestra sociedad más plural, más libre, más original, más creativa…Nuestra sociedad, y nuestra civilización, podría contar con nuevos modos de convivencia, socialmente aceptados y reconocidos en sus derechos, para la expresión libre y creativa de los deseos, los intereses y los proyectos singulares de las personas….Esto es progreso. 

         Pero ejecutarlo ceremonialmente, nominalmente y oficialmente como “matrimonio”, como copia clonificada del milenario matrimonio “tradicional y convencional”, con los mismos rituales, los mismos parentescos ( marido y esposa, suegras, yernos y nueras, cuñados…),  con los trajes blancos, los ramos de flores, los anillos, los “vivan los novios”, los “que se besen”, el arroz…como ya hemos visto tantas veces, termina resultando un remedo esperpéntico y reaccionario, un aburguesamiento fehaciente y un paso atrás en la esperanza de pluralidad, de originalidad y de progreso que nos prometía el reconocimiento oficializado del derecho de la persona individual a elegir y crear nuevos modos y nuevos espacios progresivos, originales y creativos, de relación y de convivencia humana…

Jueves, Abril 19th, 2007

              Acabo de leer un pensamiento de Ricardo Reis (heterónimo de Pessoa), bellísimamente literalizado y traducido. Aquí lo dejo:

                                    "Todo al final será silencio, salvo donde el mar bañe la nada"…

Miércoles, Abril 18th, 2007

            Había prometido completar la reflexión del pasado domingo explicando por qué considero que programas televisivos como “Cambio Radical”, además de todo lo que tienen de estafa psicológica y del peligro de desencadenar profundas frustraciones y redobladas insatisfacciones, inducen también a una falsificación de la personalidad y contribuyen –en un sentido analógico- a practicar una especie de prostitución. El profundo comentario de José Mª con su referencia a las “máscaras”, dentro del escenario socio-cultural en el que estamos existencialmente inmersos, facilita mi reflexión.

 

            Por supuesto que considero totalmente lícito, normal y positivo, como manifestación de nuestra autoestima y del respeto a nosotros mismos, el deseo de mejorar algún aspecto de nuestra imagen corporal, igual que el de superar alguna deficiencia del carácter, o de la salud  utilizando los medios adecuados, incluso los quirúrgicos, que el desarrollo técnico-científico de nuestra civilización nos facilita, siempre compensando el riesgo que indispensablemente asumimos, con los beneficios que esperamos y hacia los que canalizamos el dinamismo positivo de nuestra insatisfacción, tal como lo comentábamos en el blog del domingo.

            Pero considero un riesgo de falsificación cuando el logro que se nos promete y hacia el que tendemos se expresa con los términos de “CambioRadical”. Porque un cambio radical o total, si se lograra, vendría a ser una convicta falsificación de la personalidad. Entendemos por Personalidad la unión interactuante de los componentes físicos y psíquicos que conforman la totalidad única, singular, original y diferencial que constituye a cada persona frente a las demás. Si se opera artificialmente un “cambio radical”  de uno de esos componentes, y sobretodo si se hace en referencia a algunos modelos estereotipados, previamente establecidos y artificialmente manipulados, lo que se estaría operando sería una falsificación inequívoca y fehaciente de su auténtica personalidad.

 

            Y lo que entiendo por prostitución lo digo en relación al derecho fundamental e inalienable de la privacidad. Pienso que el deseo y la decisión de reparar o modificar algún aspecto de nuestra imagen corporal, está tan enraizado en la intimidad de nuestras experiencias, de nuestros sufrimientos, de nuestros complejos psíquicos y de nuestros proyectos singularísimos, que pertenecen al ámbito de la privacidad y no al del espectáculo. Es verdad que una de las características de esto que se ha venido llamando la  postmodernidad es, y lo estamos viendo cada día, y en casi cada programa de las diferentes cadenas de televisión, hacer de la privacidad un espectáculo. Pero siempre el  derecho a la privacidad será una emanación de la propia dignidad, y venderla como espectáculo pienso que es, analógicamente, un modo de prostitución. Que cada uno es libre para ejercerla, si es su deseo o su conveniencia, pero no lo podré considerar como un ideal desde mi punto de vista psicológico.

 

            Me preguntó el entrevistador si quería decirles algo a las personas que están dispuestos a someterse a alguna intervención estético-quirúrgica. Y contesté que tenía para ellos dos “eslóganes” (palabra admitida por la Academia):

 

            El primer eslogan es el título de un libro, que leí en mi adolescencia, y que lo he visto repetido como título de otro libro actual de autoayuda: “Sé amigo de ti mismo”… Y procúrate lo mejor que puedas para tu superación, para tu razonable satisfacción y para tu propia perfección y felicidad,  pero siempre desde la amistad contigo mismo y nunca, por favor, desde el propio rechazo o desde el desprecio o menosprecio a tu propia persona.

 

            El segundo eslogan es aquel que acuñó publicitariamente Adolfo Domínguez y que considero genial: “La arruga es bella”.  Aceptemos humilde y razonablemente que no nos es posible, por mucho que nos esforcemos, estar siempre, permanentemente, a la altura de un estereotipo de perfección. Además, porque terminaríamos ahogándonos, sin ranuras por donde nos llegara el oxígeno revivificante, como lo han testimoniado los trágicos finales de muchas personas célebres…Nuestro cuerpo, por mucho que lo cuidemos y lo reparemos, seguirá envejeciendo. Pero la arruga es bella, si a su través sabemos trasmitir la belleza de nuestra dignidad y de nuestra insobornable originalidad.

        Este fue, más o menos, el contenido de mi entrevista, reconstruída por mí a posteriori. Lo que recorten de ella se emitirá dentro del programa "Los Reporteros" de Canal Sur, un viernes

-no sé todavía cuál- a las 9 de noche.

Domingo, Abril 15th, 2007

 Me visitó en pasado jueves un agradabilísimo equipo de reporteros de Canal Sur, venidos desde Sevilla a hacerme una entrevista para el programa “Los Reporteros”. El tema sobre el que requerían una valoración o explicación psicológica es el de, según me preguntaba el redactor (un muchacho joven y sensible), el boom de la Cirugía Estética en relación con el programa, actualmente en el candelero,  “Cambio Radical”. Por un como rechazo instintivo y de “vergüenza ajena”, yo no he visto nunca ese programa, sólo imágenes en barrido, cuando hago zapping. Pero intentando interpretar mi rechazo, manifesté que tenía 4 razones para no aceptarlo. Son estas, desde mi psicológico punto de mira, las razones que les expuse: por lo que tiene de estafa; por lo que puede acarrear de frustración, o de frustraciones encadenadas; por lo que supone de falsificación; y por lo que conlleva de prostitución…      

Me explico:

            Cuando hablo de estafa no quiero decir estafa técnica, sino psicológica y socio-cultural: no considero estafa en la intervención de los cirujanos, ni siquiera en la intención de los realizadores del programa. Lo que quiero decir es que el ser humano es, por esencia,  un ser insatisfecho (como lo describió José Mª, con tanta belleza expresiva, en su comentario del jueves pasado). También lo dijo Píndaro, dos siglos antes de los de nuestra contabilidad temporal: “Sed de algo tiene siempre el ser”. El ser humano es un animal sediento, y lo reconfirmó Nietzche describiéndolo como animal de deseos (también yo tengo publicado un libro que se titula así, “Animal de deseos”). Esta insatisfacción es un acicate para nuestro esfuerzo de superación. Y de la potencia de este dinamismo intrínseco han resultado muchas de las grandes conquistas y realizaciones de la historia. También vale para los pequeños o mayores esfuerzos de superación en la vida cotidiana, incluso para el que nos estimule y anime a reparar alguna deficiencia de nuestra imagen corporal, asumiendo el riesgo razonable de una intervención quirúrgica…

            Tenemos los humanos una facultad específica para procurar un canal a los deseos y para compensar las acuciantes insatisfacciones: es la Fantasía. Pero sucede que estamos actualmente inmersos en una cultura visual, permanentemente bombardeada por la imagen. Y nuestra fantasía va quedando subliminalmente moldeada y manipulada por modelos visuales (no conceptuales) de identificación, tan idealizados y tan falsos para su realización en la fehaciente realidad cotidiana, que al canalizar hacia ellos todo el furor de nuestro deseo, los condiciona a un encadenamientos de insatisfacciones y frustraciones acrecentadas. Cada vez que comparamos nuestra imagen real con los “estereotipos culturales” de identificación, más consciencia tomamos de nuestra distancia y más “pasión inútil” nos parecerá el impulso dinamizante de nuestra insatisfacción. O más vanamente creeremos que en su presunta consecución, alentada engañosamente por los medios visuales, estará nuestra ansiada felicidad… Por esto pienso que estos programas tienen mucho de estafa (quizás inintencionada) desencadenadora de frustraciones.

            La cultura actual, transmitida y configurada masivamente a través de las imágenes, es especialmente exigente, injusta y severa con la mujer. Las expectativas sociales respecto al hombre están más concentradas en el terreno profesional, en el de los posibles logros económicos, o en los del vigor físico. En la mujer, muy predominantemente, se configuran en el atractivo físico de su imagen, manipulada por criterios estéticos cada vez más inaccesibles y exigentes. Podemos comprender el desconcierto vital, la frustración y hasta la desesperación de muchas adolescentes al comprobar que sus cambios corporales no coinciden con los estereotipos de comparación y de  identificación que se les presentan, y que se les hacen creer, como los únicos que garantizan su aceptación social, su valoración como personas, incluso los que les aseguran su derecho a ocupar un lugar en la vida…

 

            ¿Por qué interpreto que hay también, solapado en este  género de programas, mucho de falsificación y hasta (aunque en una acepción benévola) prostitución?

            Bueno, como me estoy alargando demasiado, dejaré la respuesta para mi próxima aparición en este blog… Hasta entonces, estoy deseando escucharos a vosotros… 

Miércoles, Abril 11th, 2007

             El comentario, tan lúcido y bien escrito de Marina; las doctas puntualizaciones de José Mª, tan esmeradas y ungidas al mismo tiempo de lirismo; los sueños y ensueños de Mariana, anticipando en vivenvcia presente su fantaseado futuro y revivenciándo sus sueños adolescentes en un “hoy” pleno de belleza, acompañada por la lectura de Zoe Valdés, allá en su Méjico “lindo y querido; las recientes aportaciones de Violeta; la última y magistral intervención de José Mª…, me han hecho recopilar mentalmente lo que queda en mi hoy de estos días pasados de la Semana Santa, y he pensado que cualquiera haya seguido la corriente humana, o la cascada de almas fluyentes por nuestras ciudades y pueblos, o haya contemplado, en presencia o en la pantalla del televisor, los remolinos  de multitudes alrededor de pasos o tronos de espléndidas imágenes, soportando las lluvias, las esperas y el cansancio… Bueno, (el párrafo me está saliendo demasiado largo) que cualquiera habrá podido constatar lo importante, necesario e imprescindible que es para el animal rationalis de Aristóteles, los descendientes actuales de la estirpe de los Atapuercas, escaparse de vez en cuando de lo cotidiano y rutinario de su vida real y adentrarse en los ámbitos de la irrealidad, la magia, el mito, la maravilla y el encanto, donde no existe el paso del tiempo… Sin soslayar el hondo calado religioso que tiene para muchas personas estas celebraciones: que también es “acogerse a lo sagrado”, desde la vida profanada por la rutina de cada día, y buscar compensatoriamente lo trascendente y asombrante del misterio. Es una catársis necesaria (como la que los griegos practicaban en las graederías de sus anfiteatros) o la urgencia perentoria dede respirar, como lo expresa Marina Segura, dentro de esa segunda atmósfera que nos depura y tonifica. Pero siempre en “estado de excepción”, que también es válida, necesaria, imprescindible, para vivir y sobrevivir, la tan denostada “rutina” (de ella quiero hablar otro día y dedicarle un justo elogio).

Sábado, Abril 7th, 2007

             Ya estoy aquí de nuevo (y renovado). Los días de playa y sol se prolongaron más de lo que teníamos previsto, aunque la temperatura atmosférica no me facilitó practicar mi deporte favorito: sentarme, con los piés sobre la arena y cubierto con mi sombrero panameño, a leer junto a “la mer toujours récomancée”, que dijo Verlaine. Pero me contenté con quedarme leyendo en la terraza de nuestro apartamento de Costa Lago, sobre tumbona de cojines amarillos, dentro de un bosque de palmeras, tuyas, ficus, plataneras salvajes…, enfrente del mar que, a partir del miércoles, era ya todo fulgor de perlas, entre reflejos azules y plateados.

              El libro que estuve leyendo era “París no se acaba nunca” de Enrique Vila-Matas, que entrelaza con exquisita ironía recuerdos de los años que vivió en París, allá por los 70, coincidentes con el año que yo también viví allí, en el mismo Barrio Latino (como él), cuando yo también era (igual que él) sólo proyectos y esperanzas. Leyendo uno de los pasajes del libro me dio por pensar, consoldoramente, en mi futuro… Cuando se acumula a las espaldas un pasado de 73 años, tengo que aceptar que los años de mi futuro se pueden contar con los dedos de las manos. Por eso me consolé con lo de Vila-Matas, con una frase que le dice un mecánico de coches del Barrio Latino, a quien le había rogado que le arreglase con presteza una avería del suyo. Le había preguntado al mecánico “si estaría para mañana”, y éste le contestó: “¿Para qué esperar a mañana? El mañana es hoy”.Y entonces yo me dije: ¿para qué estoy pensando en mi futuro, si mi futuro está conmigo aquí hoy, a la luz de esta primavera ya madura y frutal? Porque el futuro no es más que un contenido mental de expectativas, esperanzas y temores, que pone a prueba el “tempus” de mi paciencia, pero que sólo existe  hic et nunc en mi mente presente,  . Y cuando se alcanza eso que estoy esperando, o cuando me sobreviene lo que temo, tampoco es ya futuro, sino presente, y recuerdo –que me los hace presentes- de mis pasadas esperanzas y de mis antiguos miedos.

         En estos días cumplió mi hija 20 años. Lo celebramos abundantemente, y yo le escribí unos versos que no se los he enseñado. Ya tendrá tiempo de leerlos, si quiere:

          Volví a nacer contigo

          un día de abril (el 3 por ser preciso)

          Fuiste sueño cumplido,

          palabra consumada,

          viento pausado (y brisa),

          anhelo complacido…

         Hoy, un día de primavera (como siempre),

          volví a nacer, contigo…

En resumen: que todo se cumple y se consuma en el presente, en el hoy  en el que cada amanecer renacemos…

            Y esto ha sido también la Semana Santa: una nueva vuelta del tornillo en la tuerca del tiempo. Otra vez presentes a nuestros ojos las mismas imágenes de Jesús y de María, procesionando  por los mismos lugares, con la misma gente abarrotando las mismas calles, en los mismos sitios donde la vieron, quizás, el año anterior, y en donde tal vez estuvieron con sus padres cuando eran niños…Es la ley mítica del filosófico “eterno retorno”, un desafío al implacable  paso del tiempo,  una muestra insobornable de fidelidad a lo que fue y ya no es,  pero que hoy vuelve a ser de nuevo… El presente interminable. Y, como digo, vuelvo muy consolado.