Archive for Marzo, 2007

LUNES

Lunes, Marzo 12th, 2007

Como todos los fines de semana, Julia y yo nos levantamos relativamente temprano y salimos a desayunar por el barrio, bajo la luz benéfica y tranquila que envuelve ya a esas horas las avenidas del renovado parque de Vallellano.

Ayer  estuve viendo con fascinación un reportaje sobre García Márquez. Lo encontré inesperadamente haciendo el consuetudinario zapping. Y le escuché decir algo que yo ya había pensado y expresado en varias ocasiones: que “su obra” no es Cien años de soledad, que la que de verdad retrata su visión de la vida y su experiencia en el mundo es El amor en los tiempos del cólera…

Mi amigo José María vuelve a aparecer como un espectro, enmedio de este desierto silencioso del blog, y me habla de “la amistad”. Me escribe: “La amistad es un don. Un homenaje al otro. Un canto al sentimiento. A la mano más amiga que todas. Va más allá del límite… Pero amigos hay pocos… Cuando hablamos de “amigos”, nos referimos sólo a “conocidos”. A relaciones que no traspasan el límite del yo y que, por ello, no rompen finitudes. Porque la amistad supone romper  la finitud del yo, la finitud del tú y recrear un “nosotros” nuevo.

Son muchos los extraños que caminan al lado. Muchos los que proyectan sombras sobre la nuestra… Pocos, los que construyen junto a nosotros un horizonte idéntico. Es más fácil la mera coexistencia que el vivir al unísono.

Cuando escasea el amigo, es urgente buscarlo. Quizás, por eso, mi palabra pretende tomar cuerpo entre tus cotidianas cosas. Si es así, sin pretender con ello invadir tu horizonte, me alegro fuertemente. Estas letras de reflexión compartida contigo son un  aire fresco que ayuda a respirar… Y respirar es vivir…”
            Aire fresco, de repente, en el desierto silencioso de este blog donde hasta ahora no he encontrado más que este primer habitante (o acompañante) mi amigo José Mª, un nómada quizas de los desiertos y de los silencios del espíritu…

Sábado, Marzo 10th, 2007

En una de las sesiones terapéuticas de ayer, tuve la impresión de estar frente a una adolescente que se pregunta lo que voy a ser, o  hacer, cuando sea mayor…Esto contrasta con la imagen real que tenía ante mí: es una mujer mayor que reflejaba en sus rasgos, en su tono de voz, en su postura y compostura, una dulzura y delicadeza todavía azul (o rosa) adolescente y romántica.  Está casada (todavía no piensa en hijos), tiene terminada la carrera de arquitectura, ha conseguido, después de buscarlo y desearlo mucho, un trabajo que… ahora “no le gusta”.
                                   En algún momento yo me pregunto –lo hice en alta voz ante ella- si le gustará al minero bajar a la mina, o al albañil subir al andamio, a la madre ama de casa preparar cada día esa comida que tantas veces a los hijos  no les gusta,  o al psicólogo (psicóloga) ir merodeando todos durante todas sus horas por los barrios bajos de la mente donde se agazapan las angustias y las desdichas más sangrantes. La valoración “me gusta-no me gusta” pertenece más al lenguaje del niño que fuimos (o del niño que todavía llevamos dentro) que al adulto que enfrenta cada día su compromiso y su tarea existencial; más se asemeja “los caballos emocionales e impulsivos del carro de Platón, que al auriga que los dirige con mano firme hacia sus metas vitales”.
            Sorprendida al principio, reacciona inteligentemente completando mi reflexión con el recuerdo de una película, Desayuno con diamantes, que había visto anoche con su marido: La protagonista que vivía sin querer poner los piés en la tierra, que se resistía a pertenecer a nada ni a nadie…tiene que escuchar a su coprotagonista enamorado, quien le hace ver que a lo que realmente tiene miedo y se resiste es a enfrentarse consigo misma y con su limitada realidad. Que el problema y la dificultad estaba en ella  y que, aunque huyese al fin del mundo, siempre terminaría encontrándose con ella misma.
                                   Me admira la sinceridad y la honestidad con que es capaz de desmaquillarse y de contemplar su propia realidad, sin intentar escamotearla. Estoy convencido de que nadie  es capaz de conocer a otra persona mejor de lo que ella puede llegar a conocerse a sí misma. Uno hace a veces de espejo, o de compañero de camino en este largo viaje hacia uno mismo, hacia el propio reconocimiento.
                                    Me dice que sabe que está huyendo de sí misma, que está viviendo la vida como en un sueño y que le es urgente ya despertar a la realidad. Le respondo, como el sabio de la fábula,  que la adolescencia es un sueño, y que la edad madura comienza al despertar.
 

MARTES2

Martes, Marzo 6th, 2007

Ya he tenido respuesta a mi voz “clamante en el desierto”… Mi viejo amigo José Mª Carrascosa, antiguo profesor de filosofía en universidades americanas, ha resurgido de entre las brumas que me rodeaban en este blog y me da su respuesta ponderada y docta…pero, sobretodo, entrañablemente amigable. La copio aquí:

 Hola Fernando:

     He leido tu blog del domingo 4: “…Tengo la impresión de ser una voz
que clama en el desierto…” “¿Hay alguien ahí? ¿Me oye alguien?”. Me llamó
la atención esta especie de grito proclamado, de pregunta fundamental. La
palabra, no hay duda, tiene necesariamente que ser vehículo de comunicación,
pero la comunicación para que sea tal, obligatoriamente, debe ser encuentro.
Y el encuentro siempre es “a dos”.

     Por esto te imaginaba, en la soledad callada del ordenador, lanzando tu
pregunta a sujetos inciertos. Hay mucho de riqueza en la comunicación
actual, pero también, quizás, mucho de soledad. El profeta no habla sólo
para que se le oiga. Su voz podría perderse, entonces, en desiertos lejanos.
Habla para roturar caminos de proyectos comunes. Cuando la palabra carece de
carga racional, humana, por impotencia o vanalidad, lo que sucede a veces,
la palabra no es comunicación, sino simple jerga irracional e ilógica…
(Hay que ver cómo me enrollo en estos analisis… Me río un poco de mí
mismo, pero me gusta pensar un poco contigo en voz alta en la soledad de
esta distancia próxima).

     Muchas veces me he preguntado para qué hablamos, cuando parece que la
comunicación es imposible. A menudo nos convertimos, por mor de la
circunstancias, en parlanchines solitarios buscando quien nos oiga.
Posiblemente, porque nos gusta el parloteo, porque lo necesitamos, buscamos
la respuesta  aun sabiendo que quizás no llegue. ¿No será entonces mejor
guardar nuestra palabra en una especie de hipóstasis personal e íntima? Los
máximos objetivos en la comunicación son utopía; pero los mínimos objetivos
que posibilitan nuestros encuentros se quedan muy lejos de lo deseado…

     Bien, Fernando, mi ración de reflexión, quizás banal y algo pesimista,
llega a su fin. Me encanta hablar contigo. Hay ya muchos “papeles sueltos”,
escritos a lo largo de nuestro tiempo, que es bueno rescatar, con cierta
dosis de ironía. Hay que robar el tiempo. Un tiempo ya casi imposible que
casi se nos escapa…

     Pasé un rato delicioso viendo los cuadros de Van Gogh que me enviastes.
“!Qué bello es vivir…¡”

     No sé si te aburron con mis “reflexiones”. Pero viene bien hacerlas.
Hay aún muchas tardes encendidas sin llegar al ocaso.

     Un abrazo. José María

 

MARTES

Martes, Marzo 6th, 2007

Siempre que alguien me pregunta si “yo creo” en la eficacia terapéutica de remedios paramedicinales, como son, por ejemplo, las flores de Bach, le respondo con la reflexión de cómo nuestra mentalidad colectiva técnico-científica se resiste a encajar otro procedimiento curativo que no sea el de suprimir los síntomas adversos, o desarreglos de nuestro organismo psicofisiológico, mediante una acción química o quirúrgica. Entendemos la salud como ausencia absoluta de síntomas, lo cual es imposible en nuestra condición de seres dependientes de un organismo complejísimo y en interacción permanente con un medio agresivo.

            La “medicina alternativa” parte de otra mentalidad, otra concepción de la salud completamente distinta, una filosofía de la vida que sobrepasa la mera expectativa de eficacia de los procedimientos técnico-científicos: la salud se mide por el grado de armonía del ser consigo mismo, independientemente de los síntomas emergentes o de los desarreglos, ocasionales o permanentes, que padezca.

            Sobre las Esencias florales del Dr. Bach le comento a F.R. que las flores son organismos vivos, en constante proceso de evolución hacia su perfección por la armonía. Es una evolución en dirección distinta a la humana que va hacia su perfección por la inteligencia. Las flores son entes perfectos en sí, completos, en un proceso evolutivo mucho más antiguo que el humano: cuando el ser humano llegó al mundo, ya existían las flores…Son expresión de la armonía universal: la flor es la realización más completa de la armonía. Y por la integración e interdependencia de todos los elementos de la naturaleza, contienen respuestas a nuestras desarmonías mentales, emocionales y orgánicas. Dijo Jung que el mar, así como la música, contienen y suscitan todos los sueños del alma. Las flores contienen y expresan toda la armonía del universo.

            Los remedios florales de Bach no son extractos vegetales. Son solamente agua de manantial con la impregnación energética vital de las diferentes flores, arbustos, y árboles que conforman el sistema ideado, investigado y sistematizado por el Dr. Bach, y aceptado como remedio terapéutico por la Organización Mundial de la Salud. Estos remedios florales no actúan a través de principios bioquímicos ni moleculares. Desde el punto de vista químico el análisis de estas esencias daría exclusivamente H2O. Su mecanismo de acción y “curación” es vibracional, lo que equivale a decir que inciden en nosotros en un plano energético, que hoy día se intenta explicar desde los principios de la física subatómica. No son remedios mágicos. Colaboran a la toma de consciencia de nuestro propio progreso hacia nuestra propia armonía, y nos aportan sus esencias para las necesidades y carencias del espíritu, lo mismo que los frutos de la tierra nos aportan las vitaminas, hidratos de carbono, minerales, etc. para las necesidades del cuerpo.

            Pero tendríamos que realizar una metanoia, un cambio de mentalidad, o mejor, un enriquecimiento ideológico. Ideología deriva del griego eidos, que significa imagen o representación de la realidad: Tendríamos que enriquecer y completar nuestra concepción de la realidad en lo concerniente a la salud, entendiendo la salud como un estado de armonía interior, de bienestar consigo mismo. Como la historia de aquel monje oriental que había escalado a la cima espiritual de la Iluminación. Cuando le preguntaron sus discípulos cuál era la principal enseñanza que había extraído de su nuevo estado, contestó: Yo siempre había sufrido padecimientos físicos y depresiones. Pensé que al llegar a la Iluminación desaparecerían. No han desaparecido. Pero he adquirido una gran enseñanza: que ya no me importa tener padecimientos físicos y depresiones.             Había llegado a la salud en el estado de conciliación total y armonía consigo mismo. Es ese estado de bienestar interior consigo mismo que el maestro Eric Berne resume en su fórmula autodiagnóstica I’m O.K.

Domingo

Domingo, Marzo 4th, 2007

Cuando escribo este blog tengo la impresión del ser –igual que aquel Juan bíblico- una voz que clama en el desierto; o un ciego que sólo percibe brumas a su alrededor: ¿Hay alguien ahí? ¿Me oye alguien?…
            Hoy hemos vuelto Julia y yo de Torremolinos, de nuestro luminoso apartamento en Costa Lago. Fuimos apresuradamente porque había fallecido de súbito infarto cerebral el padre de Luisa, y estuvimos acompañándolos y cuidadando de sus tres hijos, mientras estaban en el tanatorio con toda la familia; todos amigos también… Mucho dolor y mucha ternura. Volvemos a Córdoba en un día espléndido de luz y de calidez, y nos habita la misma sensación que que expresó poéticamente Juan Ramón: “…Y yo me iré / y se quedarán los pájaros cantando”…

Jueves, Marzo 1st, 2007

JUEVES

Jueves, Marzo 1st, 2007

Con el espléndido viaje a Madrid, del que volvimos anoche, aprovechando la celebración del día de Andalucía, hemos comenzado este año, adelantándolas un poco, nuestras fiestas jubilares, que celabramos todos los años durante varios días seguidos, en el anivarsario del día en que Julia y yo nos conocimos… Madrid es siempre un júbilo que nos acoge, nos sosiega, nos sorprende, nos encanta. Reconozco que nuestro Madrid es especial: sin prisas, sin urgencias ni deberes: todo Madrid para Julia y para mí, abriéndonos sus avenidas, sus calles bulliciosas con acacias, sus librerías, sus salas de exposiciones, sus variados restaurantes, sus teatros. Un Madrid distinto, sin duda, del de los que viven permanentemente en él y los desborda de multitudes aceleradas y de impacientes automovilistas. Estuvimos con nuestra hija, que no paraba de contarnos sus experiencias como profesora de prácticas con niños de preescolar, comimos espléndidamente en un asturiano del Madrid de los Austrias y, al día siguiente, en el barrio de Salamanca, platos de artesanía y diseño en el restaurante del Hotel Bauzá de la populosa calle Goya… La exposición del retrato en el siglo de Picasso en el Thyssen Borenemiza, complementada en Las Decalzas, ha sido un espectáculo gozoso, un intenso deleite espiritual.