MARTES

Hoy me he encontrado en el blog con Violeta, otra nómada en este “desierto silencioso”, que ya no está tan desierto y es mucho menos silencioso. Violeta, escondida en el burka de color azul-añil de su nombre, junto al amarillo arenoso del desierto, me comenta en relación a lo que escribí ayer: “Qué melancólico en el blog de esta mañana…Rotundamente necesitamos existir, y sólo existimos si nos damos cuenta de que alguien reparó en nosotros. Los amigos son esa luz proyectada sobre nosotros, que nos otorga materialidad, que nos crea incluso a nuestros propios ojos.”
Yo ya había escrito, a propósito de esto, y casi con la misma idea de Violeta, un comentario en mi libro “Construye tu pirámide”. Fue a raíz de haber visto la película de Richard Gere, Shall we dance?, donde escuché una reflexión profunda, como clave antropológica de las más acuciantes necesidades existenciales del ser humano y de la humanidad. La necesidad de que se nos vea, de no pasar invisibles por la vida.
En un pasaje de la película se hace la pregunta (en referencia a un problema del matrimonio de los protagonistas) ¿por qué nos casamos?. Y se responde más o menos así: “para tener un testigo permanente de nuestra vida. Porque cada persona es nadie, es nada, en medio de los millares y millares de personas que pueblan nuestro mundo, que componen la humanidad y que se suceden en los tiempos… Para no quedar totalmente anónimos e invisibles, para tener todos los días un testigo de nuestro existir”.
Quizás esta sea la clave que explique unitariamente los comportamientos, a veces extrañísimos y absurdos, en esta civilización nuestra de la imagen, la propaganda, la muerte por infarto de la privacidad (infarto significa “atasco”), bajo la mirada omnipresente de la televisión, cuya sinécdoque más expresiva viene a ser el ojo logotípico de “El Gran Hermano”. Vivir ha venido a significar “salir en la televisión”, ser vistos, o identificarnos imaginariamente con los que se ven en la pantalla iluminada. “Con tus ojos me miran las estrellas más altas”, le dijo Neruda a su amada, significando la sensación de plenitud de caer bajo el haz luminoso de una mirada, testigo de su paso por la vida.
Hoy, el testigo de la vida es la pantalla de televisión y el ojo de “El Gran Hermano”, donde seres insignificantes, y anónimos, como cualquiera de nosotros, se convierten en habitantes de nuestras vidas, referentes de nuestras conversaciones, héroes nacionales, omnipresentes, poderosos…
Y la propaganda nos lo inocula como refuerzo de sus intereses comerciales: vestirnos como ellos, como cualquier persona más o menos significada en la vida real, pero que su imagen aparezca por nuestra pantalla, calzar sus zapatos, los de Maradona por ejemplo, o peinarse con los rizos de Bisbal, o lucir el reloj de Julio Iglesias, o el collar a la espalda de Nicole Kidman…
No es de extrañar que la primera palabra, primer lexema, del primer documento literario de nuestra lengua, El cantar de mío Cid, sea la palabra “ojos” : “…de los suos oios tan fuertemientre yorando / tornava la cabeça e andávalos catando…”
Los ojos, la mirada, mirar y ser mirado…es existir, coexistir, estar vivo, dejar el testimonio de nuestro fútil paso por la vida.
Tal vez todo lo que emprende un ser humano, el “pobre hombrecillo” de W. Reich, cualquier persona (trabajar, estudiar, enamorarse, procrear, militar en un partido, ejercer un deporte, realizar una obra de arte, incluso cometer un delito…) tenga como finalidad, en última instancia, ser visto, que haya unos ojos que nos miren, que nos rescaten del anonimato y nos hagan sentirnos vivos, reales, protagonistas de nuestra propia historia…

Cuando menos me lo esperaba, me encuentro con otros habitantes del que yo creía “desierto del blog” (ya no lo volveré a nombrar así). A Noelia que, a propósito de lo que escribí el miércoles 14 de febrero, me comenta desde Argentina: “Con respeto me dirijo a usted y refutando sobre la frase de Unamuno digo: “Está la muerte para soñar la vida”. Mientras estemos vivos, debemos ser realistas. Ahora… buscar una vida o vivir la misma de ensueño, eso sería otro “cantar”. Muy bueno su diario. Saludos desde Argentina.” Me encuentro también con Marina: “Que alegría encontrarte en el desierto de la soledad… tan fertil a veces, y en el oasis de las palabras y los sentimientos compartidos: amistad, luz benéfica, horizontes identicos, Fernando Jimenez… Un lugar donde lanzar los hilos de seda de las afinidades e ir tejiendo un bellísimo tapiz que nos una y nos mezcle en la tribalidad de lo humano.
Gracias por crear ese espacio, querido Fernando”, y con C.M.J. (me parece saber quién se esconde dentro de esas iniciales) que me dice generosamente: “No sabes qué gran idea has tenido con este blog…Se hacía necesario para los que nos apetece compartir contigo tus pensamientos pero no estamos en tu órbita cotidiana. Recorrer la vida a través de tus ojos y tus palabras, desde una película hasta el pensamiento más profundo, siempre es una experiencia asombrosa y enriquecedora.”
Ya este blog no es un desierto, sino un bosque encantado lleno de sorpresas y de hallazgos…

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One Response to “MARTES”

  1. Carmen Mª Jiménez Says:

    ¿Lo sabías de verdad?Me gusta la precisión con que indicas que me escondo “dentro” y no “detrás” de mis iniciales… Se hace necesario hoy más que nunca, en este mundo dembrembado que nos ha tocado transitar, devolverle a las palabras su profundidad y misterio.
    Solo quería añadir una referencia, necesaria y clásica, acerca del “contemplarnos”: Antonio Machado. El poeta nos recordaba en sus versos la necesidad de vernos reflejados en el otro (”El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve”) y salirnos de nuestro propio centro, buscar la otredad, la alteridad necesaria para reconocernos a nosotros mismos en el laberinto de egoísmos que creamos para subsistir.
    Un abrazo muy fuerte, querido Fernando. P.D. El blog ya ha dejado de ser desierto, se ha convertido en un plácido oasis.

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