¡EL PODER CURATIVO DEL AGUA!
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LA HIDROTERAPIA
Desde tiempos inmemoriales, el agua ha fascinado a los seres humanos. Fuente de vida, numerosos estudios han revelado que las características de diversos minerales, disueltos en ella, favorecen la curación o la mejoría de diferentes enfermedades que van desde la gota, reumatismo, neurosis, o enfermedades de la piel como el eccema crónico o la soriasis.
El ser humano segrega cada día por medio de las glándulas sudoríparas unos 50 mililitros de desperdicios nitrogenosos. Una de las virtudes de la hidroterapia consiste en aumentar la eficacia de dichas glándulas. Pero quizás la principal terapeútica del agua es su adaptabilidad de uso: puede utilizarse a chorro, en baño, con atomizadores y a diversas temperaturas.
La hidroterapia se divide en dos grandes grupos: interna y externa.
En la hidroterapia externa, generalmente se distinguen tres tipos fundamentales: los baños frios, los calientes y los que alternan agua fría y caliente.
El principal efecto del agua fria es tonificar y revigorizar. En principio porvoca palidez y frío en la piel, pero a medida que se prolonga su aplicación, al dilatarse las pequeñas arterias epiteliales, se produce un leve calor sonrosado.
Debe evitarse en personas con problemas cardíacos o tensión nerviosa. De todos modos, el cuerpo siempre necesita un período de adaptación lo que permite tolerar sin problema el agua fría. Se recomienda comenzar con una esponja para luego pasar directamente a la ducha fría.
Los baños de aguas calientes son más apropiados para mejorar la actividad excretora de la piel. El agua caliente consigue, dilatando las arterias, un efecto de congestión sanguínea que favorece la transpiración.
En este tipo de baños es muy conveniente añadir preparaciones de hierbas dado que, al estar abiertos los poros de la piel, absorben más facilmente estos preparados como, por ejemplo: la valeriana, manzanilla o cola de caballo.
Los baños que alternan agua fria y caliente se basan en la ley de la acción y la reacción, su principal efecto es estimular la circulación de la sangre y reducir las inflamaciones. Suelen aplicarse sumergiendo la parte afectada dos o tres minutos en agua caliente, para después sumergirla medio minuto en agua fría, este proceso se repite varias veces y se termina siempre aplicando agua fría.